Crujiente no nació como un restaurante ni siguió un camino demasiado lineal. Su historia está hecha de regresos, cambios de rumbo y una búsqueda que terminó encontrando sentido en el territorio. Al frente están el chef Leandro Giménez y la sommelier Camila Fernández, quienes desde Ushuaia construyeron una propuesta íntima donde el producto fueguino, sus productores y la estacionalidad aparecen antes que cualquier despliegue técnico.
El recorrido de Giménez hacia la cocina tampoco fue directo. Llegó a Ushuaia siendo adolescente, más tarde se mudó a Buenos Aires para estudiar Psicología y, después de recibirse, terminó viviendo en Chubut. Allí, casi como un hobby, comenzó un curso de cocina profesional que terminó modificando su rumbo.
Durante un encuentro gastronómico patagónico, su profesor necesitaba ayudantes y Giménez aceptó participar. Empezó pelando cabezas de ajo y terminó metiéndose en cada estación que encontraba libre.
Lo que había comenzado como un curso de seis meses se transformó en una nueva profesión.
Un proyecto pandémico









