El populismo encuentra su terreno más fértil en la prisa. Anida en las celdas de nuestro panal social en cuanto la colonia absorbe, sin pausa para la reflexión, los discursos simplistas que lanzan los sofistas de moda. En un debate público dominado por el titular fácil y la indignación instantánea, estos manipuladores saben exactamente en qué colmenas moverse para paralizar el camino más directo hacia la libertad ciudadana: el pensamiento crítico.​Levantar falsas expectativas sobre los problemas reales –desde la economía hasta la convivencia– es su herramienta principal. No buscan resolver los desafíos, sino rentabilizar el descontento. Sustituyen los argumentos por consignas y la gestión por la búsqueda continua de un enemigo externo.​Sin embargo, la demagogia sostiene un equilibrio frágil. Por más mala voluntad política que pongan en alimentar el enfrentamiento, sus promesas irrealizables chocan inevitablemente contra la realidad. Quienes construyen su carrera sobre la manipulación terminan despeñándose por el mismo abismo de frustración que ellos mismos crearon. (O)PublicidadJesús Sánchez-Ajofrín Reverte, Albacete, España