EditorialEl acuerdo por el que Meta pagar� m�s de 17.000 millones de d�lares supone reconocer su mala praxis a la hora de fomentar la adicci�n a las redes sociales de los menoresMark Zuckerberg, CEO de Meta.AFPActualizado Jueves,

agosto

00:09Audio generado con IAEl acuerdo por el que Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, pagar� casi 17.000 millones de d�lares por sus algoritmos t�xicos en las redes sociales supone el principio del fin de la impunidad de las grandes tecnol�gicas. El mayor proceso judicial de la historia de la compa��a que encabeza Mark Zuckerberg, en el que se enfrentaba a las acusaciones de 29 gobiernos estatales de EEUU -lo que demuestra que el poder de las tecnol�gicas no es intocable-, se ha saldado con su compromiso de establecer l�mites de uso m�s estricto a los menores. Ahora se trata de hacer efectivo este acuerdo, vinculado a que tambi�n lo asuman competidores como TikTok y YouTube. Es un paso de calado que guarda analog�a con los hitos judiciales que en su d�a frenaron las pr�cticas abusivas de las tabacaleras.El punto de partida de los estados era exigir a Meta una indemnizaci�n de 1,3 billones de d�lares por generar adicci�n en los ni�os, enga�ar a los consumidores sobre la seguridad de estas plataformas y recopilar de forma indebida datos personales de usuarios menores. Aunque la sanci�n pactada supone para esta compa��a el pago de menos de un tercio de su beneficio anual, y que se abonar� adem�s de forma diferida durante los pr�ximos diez a�os, el desenlace de este proceso reviste una indudable trascendencia. Meta no admite responsabilidad. Sin embargo, aceptar semejante desembolso y comprometerse a redise�ar aspectos esenciales de Instagram y Facebook supone, en la pr�ctica, asumir que el modelo de autorregulaci�n vigente no ha funcionado. El acuerdo obliga a Meta a introducir l�mites de uso, restricciones nocturnas, mayores controles parentales, verificaci�n de edad y modificaciones en el funcionamiento de sus plataformas. Tambi�n deber� reforzar las llamadas cuentas de adolescentes, un aspecto clave. La protecci�n no puede depender de que el usuario active de forma voluntaria herramientas que precisamente deber�an impedir un uso abusivo.En todo caso, estamos ante un punto de inflexi�n ante pr�cticas empresariales que impulsaron una estrategia deliberada para favorecer un consumo perjudicial incluso cuando exist�an indicios de que ese comportamiento pod�a ser nocivo tanto para los menores como para los adultos. Al mismo tiempo, el acuerdo alcanzado abre una v�a tanto a la UE, que ha optado por un marco regulatorio amplio, como a los pa�ses que han legislado para prohibir el acceso a las redes sociales a los menores. El desaf�o no consiste en vetar una tecnolog�a, sino en impedir que el beneficio empresarial dependa de explotar sus efectos indeseables.El cambio de paradigma que ha comenzado a asumir Meta, de materializarse, constituye tambi�n una decisi�n muy relevante para la construcci�n de un debate p�blico alejado de la aplicaci�n de algoritmos que infligen un da�o considerable a la calidad de las democracias en las que operan. Internet es el mayor avance tecnol�gico de la reciente historia humana.Pero la articulaci�n de una s�lida conversaci�n p�blica depende de que las big tech, que ejercen un dominio de poder derivado de su penetraci�n social, asuman un compromiso fiable y transparente en defensa de los derechos fundamentales, la veracidad informativa y la salud democr�tica.