El presidente Javier Milei suele pedirle a su tropa que no se deje "psicopatear". Sin embargo, basta repasar su actividad pública para advertir que es él quien se encuentra profundamente psicopateado e incapaz de desengancharse de la más mínima crítica, dato o comentario que no le resulte conveniente. Estamos en un momento donde la noción misma de "dato" atraviesa una profunda discusión. En el marco de un verdadero terremoto económico, los indicadores en la Argentina suelen ser ambiguos y confusos: depende de la perspectiva, el sector productivo o la región geográfica, hay quienes señalan que la pasan pésimo y otros que aseguran estar en su mejor momento. La actividad, el consumo y los niveles de mora están sujetos al debate público propio de una sociedad apasionada y libre. El problema radica en que este Gobierno sencillamente no tolera el debate. Ayer asistimos a una jornada donde el jefe de Estado descargó una catarata de insultos —más de 300 mensajes y reposteos— contra el periodismo y diversos medios de comunicación. Calificativos como "mierdas humanas", "soretes" o "imbéciles" dirigidos a profesionales de La Nación, Clarín, Perfil, Infobae, TN o C5N no son exabruptos aislados: representan una violencia verbal sistematizada.