Emprendemos un viaje por la Comarca de la Sidra de Asturias, para, entre culín y culín, descubrir algunos de los grandes atractivos de esta emblemática tierra y todos los secretos de esta bebida milenaria. La comarca o mancomunidad sidrera asturiana es un territorio al que dan vida seis municipios del centro-oriente asturiano: Colunga, Nava, Cabranes, Villaviciosa, Bimenes y Sariegu. Tomaremos como punto de partida Nava, población popularmente conocida como “El Corazón de la Sidra”, y que cuenta con un interesante e interactivo Museo de la Sidra, así como con el Festival de la Sidra, declarado de Interés Turístico Nacional y que cada año se celebra la segunda semana de julio. Para aprovechar el tiempo, lo ideal es visitar el museo a primera hora (durante su horario de verano, hasta el 15 de octubre, abre a las 11.00; lunes cerrado). De esta forma, encontraremos poca gente y la visita será más agradable. En el museo tendremos ocasión de conocer el origen e historia de la sidra, así como el proceso que debe tener lugar antes de poder disfrutar de esta chispeante bebida. También conoceremos cómo se elaboran las distintas variedades —natural, espumosa, filtrada, y de hielo—, el porqué y el cómo hay que escanciar la sidra. Todo ello ilustrado con amenas explicaciones, vídeos, herramientas, prensas o llagares, envasadoras… Después de la visita y de conocer lo laborioso que resulta hacerla, entenderemos la mucha razón que tiene Luis Benito, director de la Cátedra Universitaria de la Sidra de Asturias, al afirmar: “La sidra es un producto de lujo, a precios populares”. Benito fue, además, la persona que más contribuyó a que la Unesco proclamase en 2024 patrimonio cultural inmaterial de la humanidad a la sidra asturiana. En cuanto al origen de la sidra, pese a que existen registros históricos que hablan de que los egipcios ya fermentaban manzanas, y que griegos y romanos disponían de una bebida parecida a la sidra, es a través del geógrafo griego Estrabón —siglo I a.C.—y del historiador romano Plinio el Viejo —siglo I— cuando tenemos noticia de que, en los pueblos del norte de la Península, existía una bebida elaborada a partir de las manzanas. Pero no es hasta el siglo XVI cuando hay evidencia escrita de que ya se producían en Asturias 35.000 litros de sidra. No obstante, es posible que un primer acontecimiento decisivo en el auge y difusión de la bebida fuera la creación en el siglo IX, por parte del rey Alfonso II, del Primitivo Camino de Santiago, que partía desde Oviedo y que fue la primera ruta de peregrinación de la historia. A partir de entonces, aunque con algún altibajo histórico, el consumo de la sidra no dejó de crecer y apreciarse. Por eso, y porque la sidra asturiana terminó por viajar a los confines del mundo con la gran emigración del pueblo asturiano, podría afirmarse que el viaje y la sidra han ido siempre de la mano.Después de la sidra y la fabada, lo mejor es una excursiónLo que se impone después de visitar el Museo de la Sidra es dar una vuelta por Nava y su casco histórico, y quizás acercarse a conocer la pintoresca villa rural de Ceceda, que conserva viejos hórreos y paneras; algunas casas indianas de estilo colonial y una pequeña capilla con frescos. Tampoco hay que dejar de ver en la cercana pedanía de Fuensanta el palacio de La Ferrería; una imponente casa fuerte medieval del siglo XIV, declarada Monumento Histórico Artístico, donde vivió Doña Jimena —mujer de El Cid—. Como todo está muy próximo, probablemente dé tiempo de regresar a Nava para tomarse un vermut en el bar de La Naveta y comer en alguna de sus muchas sidrerías, por ejemplo, en La Plaza.Como en los meses de verano el día cunde mucho, después de comer, y para bajar los fabes, el pixín y la sidrina, podemos aprovechar y practicar senderismo haciendo alguna ruta que recorra cualquiera de los imponentes entornos naturales de la zona. Las opciones son numerosas. Se puede hacer la ruta de las Foces del Río Pendón (PR-AS 45); un recorrido circular que se inicia al lado de un antiguo balneario y se adentra en un espectacular desfiladero flanqueado por densas masas de hayas y castaños. Es de dificultad media-baja, de algo más de ocho kilómetros, y se realiza más o menos en tres horas. Otra alternativa, aunque más retirada —ya en el concejo de Bimenes—, es la Senda de Los Molinos (PR-AS 141), también circular y de dificultad moderada, que discurre a la vera del río Pra, recorriendo un valle exuberantemente verde, entre castaños, arces, alisos… y cinco antiguos molinos que crean estampas imborrables. La distancia de esta excursión es de poco más de seis kilómetros y su duración aproximada de tres o cuatro horas. Si lo de andar no te apasiona, puedes sustituir el senderismo por acercarte a conocer Santa María de Narzana —en el concejo de Sariego—, una interesante iglesia románica del siglo XII, que conserva portada y ábsides decorados con curiosos motivos zooantropomórficos.Un pueblo encantador y un conocido ‘llagar’Partiendo de Nava en dirección a Villaviciosa, un lugar de obligada parada es el pueblo de Torazu, perteneciente al concejo de Cabranes. Se localiza en un pequeño altiplano desde el que se tienen unas privilegiadas vistas del campo y las montañas astures. Reconocido como uno de Los Pueblos más Bonitos de España y distinguido con Premio Príncipe de Asturias al Pueblo Ejemplar en 2008, es un destacado ejemplo de la arquitectura popular asturiana. Conserva numerosos hórreos, la capilla porticada de Nuestra Señora de la Sienra y la iglesia de San Martín el Real; un templo barroco del siglo XVII, situado en la parte más elevada de esta pequeña y coqueta localidad de no más de 100 habitantes. Dispone también de un estupendo establecimiento para alojarse; se trata de La Hostería de Torazo, un lugar con spa y piscina acristalada con inmejorables vistas al más genuino paisaje interior asturiano.Después de hacer noche en Torazu y volviendo al hilo conductor de este viaje, resulta obligado visitar un llagar (en castellano lagar), que no es otra cosa que la prensa con la que se extrae el mosto de la manzana y, por extensión, también el nombre que recibe el lugar, o bodega, en la que se elabora la sidra. Una buena opción puede ser acercarse al llagar e instalaciones de Viuda de Angelón, casa fundada en 1947 y uno de los 34 únicos llagares que trabaja en el Principado según los estrictos criterios del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida, que establece que en la elaboración de la sidra solo se pueden utilizar 76 variedades de manzana, de las más de 550 que se cultivan en Asturias.Según la época en que se vaya, se podrán presenciar todas las fases del proceso de elaboración de la sidra. Nos explicarán las dos fermentaciones que tiene que experimentar el mosto de la manzana para convertirse en sidra natural: la alcohólica, para transformar los azúcares en alcohol y gas carbónico; y la maloláctica para convertir el acido málico, en láctico y así suavizar la acidez de la bebida. También nos hablarán de lo que dura el proceso en los toneles —de una a tres semanas la primera fermentación, y de tres a cinco meses la segunda—. Te ilustrarán también sobre los tipos de sidra existentes. O te contarán que, al principio, la sidra se servía directamente desde el barril, a través de la espicha (un pequeño grifo que hace salir a presión la sidra del tonel), hasta que hace 150 años empezó a embotellarse y a escanciarse, para así liberar el gas carbónico y resaltar los aromas de la sidra. Del románico más genuino a los pueblos más bellos del CantábricoLa siguiente etapa del viaje se centra en recorrer la que probablemente sea la mayor concentración de templos prerrománicos y románicos de Asturias y una de las mayores densidades de arquitectura medieval de toda Europa. La lista es casi inabarcable. Entre las iglesias más destacadas están San Salvador de Priesca, iglesia originaria del siglo X y monumento nacional desde 1913; Santa María de Llugás, un conjunto de singular belleza, que, después de Covadonga, es el principal santuario mariano de Asturias y Bien de Interés Cultural desde 1994; y San Juan de Amandi, reconocida construcción románica con un esbelto ábside semicircular y una fantástica colección de capiteles, reconocida como monumento nacional desde 1931. Bien de Interés Cultural, igualmente, es San Julián de Viñón, iglesia construida en el siglo XII y uno de los mejores ejemplos de románico rural de la zona, que, además, está muy cerca del Museo de la Escuela Rural de Asturias que también merece una visita; ambos en el concejo de Cabranes. Pero si tuviéramos que resaltar un ejemplo especialmente sobresaliente de arte prerrománico y románico asturiano de la zona, ese, sin duda, sería el conjunto de Valdediós, con la iglesia y el monasterio de Santa María (fundado en 1200 y declarado Monumento Nacional en 1931), y, sobre todo, la iglesia de San Salvador, uno de los más hermosos monumentos del Principado y obra cumbre de la última etapa del arte prerrománico; conocido como el Conventín. Esta iglesia de tres naves fue consagrada en el año 893 y tiene notables influencias mozárabes, tanto en su estructura como en sus pinturas, además se encuentra situada en un paraje lleno de encanto y serenidad. Pese a abarcar un espacio muy limitado, este formidable circuito de arte prerrománico y románico de la Comarca de la Sidra es prácticamente imposible de visitarse en un solo día. Como en algún momento habrá que comer y pensar en alojarse en algún sitio, una buena idea podría ser hacerlo en Narbasu, un hotel y restaurante que la familia Manzano ha montado en el antiguo palacio de Rubianes; una histórica construcción iniciada en el siglo XIV, enclavada en un paraje privilegiado en las inmediaciones de un río y con las montañas asturianas como imponente telón de fondo. La filosofía del lugar es integrarse y ser respetuoso con su entorno, haciendo, por ejemplo, que los productos vegetales utilizados sean de sus propios huertos y el resto, de pequeños productores de las inmediaciones. El lugar respira sosiego y hospitalidad y el restaurante tiene toda la calidad de una carta de cocina tradicional inspirada y avalada técnicamente por Nacho Manzano, reconocido chef —tres estrellas Michelin—, de Casa Marcial. Si comes allí, y lo pides, te maridarán la comida con los diferentes tipos de sidra.Continuando con nuestro periplo turístico y sidrero, nos encaminamos hacia el litoral; la Comarca de la Sidra ofrece kilómetros de una costa con multitud de espléndidas playas y acantilados que disfrutar, así como algunos de los pueblos más bonitos de Asturias y de la cornisa cantábrica. Pero antes de llegar al mar, si tenemos tiempo, podemos desviarnos a Sietes para ver uno de los conjuntos de hórreos y paneras mejor conservados de todo el Principado. También podemos hacer un alto en Gobientes para conocer la iglesia románica de Santiago —Monumento Histórico-Artístico—, cuya construcción se remonta al siglo X y desde la que parte una pequeña senda, de un par de kilómetros, hacia la cascada de Obaya; un paraje natural que también merece la pena conocer.Ya oliendo la sal, veremos las populosas playas de Isla —con sus llamativos bosques de eucaliptos— y, especialmente, la preciosa playa de Rodiles, en Villaviciosa, rodeada de vegetación y famosa entre los surfistas por tener un singular tipo de ola. La otra playa que no puede dejar de disfrutarse es la de La Griega, en Colunga, magnífico arenal en el que desemboca el río Libardón. Cerca de su extremo derecho se pueden ver imponentes ignitas (huellas fosilizadas) de dinosaurios, descubiertas en los años noventa. Hablando de dinosaurios, muy cerca de allí se encuentra el Museo del Jurásico de Asturias, con monumentales reproducciones de estos gigantes del pasado. Antes de abandonar la costa para dirigirnos a Villaviciosa, merecen una parada Lastres y Tazones, ambos reconocidos entre los Pueblos más Bonitos de España. El primero, creciendo escalonada y vistosamente desde el puerto hacia los acantilados que dominan la población, y el segundo, exhibiendo sus coloridas casas de pescadores y sus calles empedradas, y teniendo la singular significación histórica de haber sido la primera tierra española que pisó Carlos V a su llegada a la península Ibérica. En los dos se puede comer bien en cualquiera de sus restaurantes, aunque si se quiere disfrutar de unas vistas espectaculares, el restaurante El Mirador de Lastres regala un impresionante panorama de toda la bahía. Ría, piedras medievales y sidra viajeraLa siguiente y prácticamente última etapa es Villaviciosa, conocida como “Capital Manzanera de España”, y famosa tanto por su ría y magnífico casco histórico como por ser la sede de la sidra El Gaitero. El concejo de Villaviciosa tiene el mayor número de pumaradas (plantaciones de manzanos) de Asturias, lo cual hace que su campo sea una explosión de color con la floración de los manzanos en primavera y, a finales del verano o principios de otoño, un espectáculo de árboles cargados de fruta. Villaviciosa tiene muchas historias que contar y una de las más importantes está relacionada con la sidra, porque fueron las industrias sidreras de la población las que popularizaron en todo el mundo la sidra espumosa o achampañada, que fue creada por el productor gijonés Tomás Zarracina en 1857, como respuesta a la añoranza que sentía la enorme colonia de emigrantes asturianos —más de medio millón— repartida por México, Argentina, Cuba… de poder celebrar sus fiestas con la bebida típica de su tierra; algo que antes resultaba imposible, porque la sidra natural no resistía el viaje y se estropeaba, y que no sucedería después con la sidra sometida al método champenoise (segunda fermentación en botella). La empresa que mejor supo producir y comercializar la sidra espumosa y viajera fue sidra El Gaitero, entre otras cosas, con su popular eslogan publicitario: “Sidra El Gaitero, famosa en el mundo entero”. Esta compañía sigue produciendo en Villaviciosa y organiza visitas guiadas por sus instalaciones, en las que muestran sus antiguos llagares o bodegas, que son como el interior de enormes y hermosas catedrales, al tiempo que explican todo el proceso de elaboración de su producto estrella.Antes o después de visitar las bodegas hay que dar un paseo por el monumental casco histórico de Villaviciosa, que sorprende con sus numerosas casas blasonadas y con sus iglesias; especialmente Santa María de la Oliva, un templo románico-gótico del siglo XII, con artística portada principal. Otros edificios de gran interés son la iglesia parroquial de San Francisco, construcción del siglo XVII, y la capilla de la Concepción. Además de todo lo dicho, la mayor singularidad de la villa quizá sea que está a la vera de la ría que lleva su nombre y que tiene la consideración de Reserva Natural, por su característico ecosistema marítimo-fluvial y por ser un importante refugio de aves. Una sugerencia que puede ser del gusto de adultos y, sobre todo, para los más pequeños, es la visita —a la salida de Villaviciosa— de la finca Los Caserinos, una granja ecológica familiar muy conocida en la zona, que elabora productos naturales de gran calidad (quesos, yogures bio, y arroz con leche, helados…) y que para los niños puede resultar un plan perfecto, porque la granja tiene cabras, vacas, ovejas, gallinas, caballos… a los que poder ver y tocar; además de aprender a hacer queso. Como alguien dijo: “La sidra es una bebida ligera, anima a hablar y compartir, pone de buen humor, es diurética y buena para la salud, alegra el corazón y, por su baja graduación, es una buena compañera de viaje”. Pues eso.