María Pachón |

Madrid (EFE).- Más de 50.000 personas renuncian cada año a recibir una herencia que les corresponde, un fenómeno que obedece a distintas causas, desde el temor a que las deudas superen lo heredado al volumen de la carga fiscal de la sucesión o evitar «líos» con parientes lejanos.

De acuerdo a los datos del Consejo General del Notariado, las renuncias a herencias -computadas como cada uno de los herederos que han repudiado, de manera que puede haber varias renuncias para una misma herencia y que aún así finalmente alguien la haya aceptado- han aumentado progresivamente desde las 37.625 de 2015 hasta situarse en torno a las 55.000 anuales desde 2021.

La portavoz del Consejo, María Teresa Barea, apunta a EFE que este repunte es consecuencia de la pandemia, que provocó tal aumento de fallecimientos que disparó tanto las aceptaciones como las renuncias de herencias, un «tsunami» que todavía afecta a los datos, ya que aunque el plazo para abonar los impuestos sucesorios es de seis meses, no condiciona la decisión sobre la herencia, que puede adoptarse años después.

Temor a la «herencia negra»