Hay algo revelador en lo que no está ocurriendo entre el PP y Vox durante la crisis de Ceuta. En 2024, una situación parecida acabó con la ruptura de los gobiernos autonómicos que compartían. Dos años después hay mucha inflación retórica, pero pocas discrepancias de fondo y ningún interés en llevar el conflicto hasta la ruptura. Es la luna de miel anticipada de Feijóo y Abascal antes del matrimonio que ambos esperan formalizar tras las próximas elecciones generales.
No se trata todavía de una alianza formal, sino de la normalización de su relación como posible coalición estatal. Si las matemáticas electorales permiten una mayoría de PP y Vox, quieren demostrar desde ahora que pueden convivir en el poder sin hacerse la guerra. La prueba está en la gestión de los menores migrantes. El 13 de agosto, las comunidades gobernadas por el PP participaron en la reunión técnica convocada por la ministra de Juventud e Infancia, mientras los territorios donde Vox gestiona las competencias sobre menores decidieron no acudir. La reunión mostró el equilibrio que intenta mantener el PP: sentarse a la mesa, pero sin asumir el reparto, evitando un choque frontal con sus socios.











