La televisión busca en influencers y creadores digitales una vía para atraer a los públicos más jóvenes, con fórmulas que han funcionado en algunos casos y generado polémica en otros. El episodio reciente más polémico ha sido la cobertura de La Vuelta a España 2026 por parte de la creadora de contenido Erola Jons. Con más de 6 millones de seguidores en total —3,2 millones en Instagram y 2,9 millones en TikTok—, saltó a la fama gracias a sus vídeos virales de cámara oculta, en los que finge ligar con desconocidos en lugares públicos. PublicidadSu contenido se basa principalmente en el entretenimiento callejero y la comedia situacional, así que no es de extrañar que su comentario más sonado en la cobertura de la competición fuese un "¿Por qué hiperventilas cada vez que me ves?" al ciclista más dominante del mundo, Tadej Pogačar. Las reacciones no tardaron en llegar: el narrador de ciclismo de RTVE, Carlos de Andrés, criticó duramente a la influencer, así como al equipo organizador de La Vuelta, por comentarios que ha considerado como "ridículos": "Me parece bien que quieran contratar a una influencer, pero tienen que ir con cuidado", aseveró el experto en ciclismo.Un error de perspectivaRTVE ha querido llegar a públicos que quizá no estén entre quienes se sientan cada tarde a seguir una retransmisión ciclista, por eso la organización contrató a Erola Jons para cubrir la retransmisión en plataformas digitales. Pero la fórmula de sus redes se encontró con un contexto que no funciona con las mismas reglas.PublicidadLa influencer trasladó su registro habitual a sus encuentros con los deportistas y protagonizó varias escenas que terminaron generando críticas: la polémica fue a más hasta que Unipublic modificó el protocolo para que Jons tuviera que pedir autorización previa de los equipos para interactuar con los ciclistas. Por su parte, la organización ha defendido que su función es la de crear entretenimiento y no sustituir a los periodistas.En este punto, aparece una cuestión bastante más interesante que decidir si una influencer tiene o no sitio en La Vuelta, y es que tener millones de seguidores no convierte automáticamente a alguien en el perfil adecuado para cualquier escenario. Por tanto, la pregunta no es "¿por qué una creadora de contenido?", sino "¿por qué esta creadora de contenido?".Es un error de perspectiva que se ha repetido en otros grandes acontecimientos y que también ha generado grandes polémicas —y todo sea dicho, también grandes números—.El encaje editorialEn los Goya 2024, RTVE apostó por Inés Hernand para seguir la alfombra roja en plataformas digitales y la selección causó gran polémica: tanto, que el Consejo de la Corporación censuró la actitud de la influencer señalando su "falta de profesionalidad" y "decoro institucional" en un comunicado oficial.PublicidadLa creadora mezcló el tipo de humor irreverente que la hizo famosa en Internet con la cobertura del evento en el entorno digital, desatando críticas por el aparente desconocimiento de la industria que mostró en ciertos momentos, como la muy comentada confusión al no reconocer a la actriz María León. Además, hay otros casos que muestran los riesgos de fichar a creadores por su tirón digital sin tener en cuenta su encaje con el contenido: Marina Rivers, incorporada por la pública a su cobertura digital del Mundial 2026, generó críticas por su falta de especialización deportiva. Junto a ella, en el especial Comenta, que sales —el formato de Playz para seguir la competición— había otros creadores como Darío Eme Hache, Lucía Borro, La Sotanita o Javier Nácher.En todos estos eventos de gran alcance —desde los Goya, hasta La Vuelta, pasando por El Mundial— se observa un mismo problema: tener millones de seguidores no equivale automáticamente a tener autoridad, experiencia o capacidad para funcionar en cualquier contexto televisivo. En otras palabras, una audiencia grande no resuelve por sí sola la cuestión del encaje editorial.Contra todo pronósticoA pesar de las críticas, RTVE siguió contando con Inés Hernand para los Goya y, tras su polémica cobertura de 2024, volvió a encargarse de la alfombra roja y el backstage en 2025 y, en 2026, repitió junto a Núria Marín y Marina Rivers en La noche de los Goya. La decisión puede resultar paradójica, pero los datos ayudan a entenderla: el especial de 2026 alcanzó 79.908 espectadores —un 43% más que en 2025 y un 60% más que en 2024—, mientras que el directo desde el backstage reunió a 43.382 usuarios: un 63% más que el año anterior.El dato no convierte automáticamente la elección de Hernand en un éxito ni invalida las críticas que recibió, pero sí que demuestra que la polémica sobre una figura y el rendimiento de un formato pueden convivir. La televisión puede cuestionar el encaje de una creadora y, al mismo tiempo, comprobar que su presencia contribuye a que un espacio digital tenga público: ese es uno de los grises de esta nueva relación entre televisión y redes.PublicidadEn este sentido, el Mundial ofrece otra lectura interesante: Comenta, que sales reunió a 336.946 visitantes únicos en la semifinal entre España y Francia y a 292.532, en la final. En el conjunto de la cobertura digital, RTVE registró más de 1,9 millones de visitantes únicos en los directos de Play vinculados al Mundial.Y aunque estos números tampoco permiten concluir que cada uno de sus protagonistas haya sido un acierto, sí que demuestra que el éxito de un espacio y su encaje con la crítica son dos cuestiones diferentes.La otra cara de la monedaEn contraposición, hay casos de creadores que sí han servido para impulsar las audiencias y tener buenas críticas en paralelo, cuando su contenido está en harmonía con el público al que se dirigen y el espacio en el que se incluyen. En otras palabras y porque no todo sale mal, hay influencers que funcionan porque la televisión no intenta convertirlos en otra cosa, sino que encaja aquello que ya saben hacer, en un espacio que necesita exactamente eso.PublicidadUn caso claro es Lalachús: Laura Yustres empezó a construir su comunidad en redes con vídeos de humor, pero su llegada a la televisión no se produjo de golpe ni por un simple fichaje. Pasó primero por espacios como Estirando el chicle y Cuerpos especiales y tuvo incluso papeles como actriz antes de incorporarse al universo de David Broncano. Comenzó a aparecer en La Resistencia en 2023 y, con el salto del programa a RTVE, se convirtió en colaboradora habitual de La Revuelta.La diferencia con otros casos está precisamente en que no tuvo que inventarse un personaje televisivo distinto al de Internet. Su humor, su forma de hablar y su naturalidad delante de la cámara eran precisamente las bases de su comunidad: la televisión no tuvo que traducirla demasiado porque encontró un espacio en el que ese lenguaje ya encajaba.Otro ejemplo claro es el de Mañaneros 360: el programa de La 1 ha incorporado al humorista y creador de TikTok Marc Biarnés —conocido en redes como Nosoloviernes— como colaborador en su nueva etapa con Jesús Cintora.PublicidadEl fichaje no consiste en poner a un creador digital a hacer de periodista o presentador, sino en aprovechar su capacidad para el humor dentro de un programa que busca ampliar sus registros.Mirando hacia InternetLa televisión lleva años mirando hacia Internet en busca de espectadores jóvenes, pero una comunidad digital no funciona como un audímetro, y que alguien tenga millones de seguidores no significa que todos vayan a seguirle cuando cambie de plataforma.Lo que sí puede aportar un creador es algo que la televisión tradicional necesita cada vez más: una forma distinta de hablar, una comunidad propia y un conocimiento muy concreto de cómo se consume contenido fuera de la pequeña pantalla. En ese sentido, quizá el éxito de la operación no dependa de cuánto se parezca un programa de televisión a TikTok, sino de qué sabe hacer la televisión con alguien que ya ha aprendido a captar la atención lejos de ella.PublicidadLa Vuelta ha devuelto el debate al centro de la conversación, pero también ha dejado una pista: que el futuro no pasa necesariamente por llevar a cualquier creador con millones de seguidores a cualquier plató sino por encontrar qué creador, en qué espacio y para qué.