Donald Trump ha decidido, además de intervenir en Irán y en Venezuela, intervenir en los mercados de bonos y de divisas. En una rueda de prensa ha explicado que los mercados de bonos se equivocan, ya que cuando un país está fuerte, como es el caso de EEUU ahora, según Trump, los tipos de interés deberían ser bajos y, cuando un país estaba débil, como era el caso con Biden según Trump, los tipos de interés estarían altos. Dicen que Trump estudió economía en Wharton School, en Pensilvania, una de las mejores escuelas del mundo, pero la economía no pasó por él. Lo que voy a explicar a continuación se enseña en cualquier facultad de economía y es condición necesaria que los alumnos pasen un examen sobre ello en primer curso. La economía es fundamentalmente micro: millones de personas y empresas, tomando decisiones cada día, determinan la producción de bienes y servicios, los precios, el empleo, etc. Pero hace tan sólo un siglo —la especie humana lleva unos cuatro millones de años en el planeta— se desarrolló la macroeconomía. Un libro clave fue el que escribió John Keynes en 1925, ' Breve tratado sobre la reforma monetaria', en el que explica magistralmente la paridad de intereses y la relación con el tipo de cambio. Los tipos de largo plazo de la deuda pública de EEUU en enero de 2025, cuando Trump tomó posesión, y ahora son similares, y eso ha enojado al presidente, que los quería más bajos para que, como nos enseñaron Keynes y los economistas clásicos, aumente la inversión y la creación de empleo. Por esa razón, seguramente, el Tesoro de EEUU intervino comprando bonos en el mercado la pasada semana. Y también por la misma razón intervino comprando yenes japoneses, divisa que está en su máximo nivel de depreciación de su historia. Las finanzas modernas se inventaron en Castilla en el siglo XIII y desde entonces son más sofisticadas, pero los fundamentales de la banca y los mercados de bonos son los mismos. Tuvieron que pasar 700 años para que un economista, Irving Fisher, modelizara lo que los judíos sefardíes ya sabían en 1250. Hay gente que consume menos de lo que gasta, ahorra y quiere obtener una rentabilidad por su ahorro para que no pierda poder adquisitivo con el paso del tiempo por la inflación. Y hay gente que gasta más de lo que ingresa, principalmente empresas que invierten, que necesitan crédito. Los bancos y los mercados de bonos resuelven eso, y la oferta y la demanda fijan los precios y los tipos de interés. Para un ahorrador japonés, le da más rentabilidad comprar un bono de su gobierno en yenes que un bono de Trump en dólares y cubrir el riesgo de tipo de cambio. Esto no había sucedido en los últimos 35 años. TE PUEDE INTERESAR Opinión En los años setenta, la crisis energética provocó una grave crisis de inflación con estancamiento económico y forzó a modernizar la gestión de la política monetaria. Con las ideas de Milton Friedman primero y de Ben Bernanke después —Bernanke, además, fue el presidente de la Reserva Federal que tuvo que gestionar la gran recesión en 2008—, se establecieron los consensos que ahora Trump está haciendo saltar por los aires. El banco central tiene el monopolio de la emisión de dinero y fija los tipos de interés a corto plazo, basado en reglas claras de objetivos de inflación y de intervención en los mercados. El objetivo actual es que la inflación sea inferior al 3% y usan un indicador que es el PCE central, que elimina los precios energéticos y de los alimentos, que son más volátiles. El problema de Trump es que es un inflacionista y por eso los tipos de interés son altos. Cuando Trump llegó a la Casa Blanca, el PCE central estaba en el 2,6% anual y ahora está en el 3,3%. La causa ha sido sus aranceles que, como le anticipamos la mayoría de economistas, los pagarán los americanos La causa ha sido, principalmente, sus aranceles que, como le anticipamos la mayoría de economistas, los pagarán los consumidores americanos, y sus guerras, especialmente la de Irán, que ha provocado un fuerte aumento de los precios del petróleo. El cabreo de Trump es porque los mercados no hacen lo que él quiere y sus votantes tienen que pagar el 7% por una hipoteca a tipo fijo a 30 años, en España están próximas al 2,5%. Por esa razón ha reventado la independencia de la Fed, forzando la salida de Jerome Powell, amenazando y señalando a los consejeros en público para que bajaran los tipos y poniendo un nuevo presidente bizcochable. Pero los mercados de bonos son independientes y democráticos, ya que hay millones de inversores tomando decisiones cada día. El problema de Trump es el mismo que tuvo Carlos V hace 700 años. Gasta más de lo que ingresa, algo que pasaba también con Biden y con Obama, han acumulado mucha deuda pública desde 1975 y Trump no para de meterse en guerras que son muy caras. En 2026, Trump va a aumentar la emisión de deuda pública un 10% por encima de lo que emitió Biden en 2024. El déficit público en 2025 estuvo próximo al 6% del PIB y la Oficina de Presupuestos del Congreso ha empeorado sus estimaciones de deuda y déficit en la próxima década, tras las medidas de política fiscal aprobadas por Trump. El Estado emite deuda y se la gasta; ese dinero entra en circulación y aumenta la demanda de empleo, los salarios y el poder de las empresas para subir los precios. Esa es la causa de la inflación, como ya explicaron a Carlos V los monjes de la escuela escolástica en mi facultad de economía de Alcalá hace 700 años. Si Donald Trump quiere bajar los tipos de interés de largo plazo, lo que tiene que hacer es bajar las expectativas de inflación. Y para eso tendría que parar ya la absurda guerra en el golfo Pérsico y bajar el precio del petróleo para empezar. Luego debería presentar una política fiscal contractiva para reducir el déficit público y las emisiones de deuda pública. Y debería dejar de presionar a la Reserva Federal para reducir aún más los tipos de interés a corto plazo. TE PUEDE INTERESAR A esta desenfrenada emisión de deuda pública se une la locura de emitir deuda privada para hacer centros de datos principalmente y posicionarse entre muy pocas compañías en el liderazgo de la inteligencia artificial mundial. En los tres últimos años, la emisión de bonos corporativos ha aumentado un 30% y las emisiones de empresas de inteligencia artificial se han multiplicado por diez en sólo tres años. Eso se ha contagiado a las valoraciones en bolsa de esas empresas. Cuando tú emites deuda y aumentas el ratio de apalancamiento, aumentas la rentabilidad del capital y sube el precio de la acción. Pero también haces la empresa más vulnerable. La base de capital sobre el total del activo disminuye y también disminuye tu capacidad de absorber pérdidas si las inversiones no salen como esperabas y aumenta el riesgo para tus acreedores. Esa euforia se ha contagiado a toda la bolsa americana, no sólo a las empresas tecnológicas. En el segundo trimestre de este año, los beneficios declarados por las empresas del S&P 500 han crecido un 50%, pero la mitad de esos beneficios lo explican sólo dos empresas, Alphabet y Amazon, que han revaluado su balance subiendo el valor de sus inversiones en empresas participadas en IA. Excluyendo eso, los beneficios crecen con fuerza y son un buen indicador del dinamismo del ciclo inversor. El problema es que los precios de las acciones reflejan un mundo demasiado maravilloso para ser cierto y el crecimiento de beneficios por cambios contables no genera más dinero en la caja para devolver tus deudas. Con la economía y los beneficios creciendo, las primas de riesgo de los bonos deberían estar cayendo; los inversores son extremadamente procíclicos. Los inversores están nerviosos este verano, pero no mucho. La inflación subyacente es casi un punto superior ahora que cuando Trump llegó a la Casa Blanca y la rentabilidad del bono a diez años de deuda pública es similar. La prima de riesgo de los bonos corporativos está en mínimos históricos y es inferior a la que había cuando Trump llegó a la Casa Blanca. Cualquier inversor puede vender hoy todas sus acciones y sus bonos y ponerlos en renta fija a corto plazo para monetizar sus cuantiosas plusvalías, pero no lo harán; su codicia es mayor que su memoria. El mundo se encuentra en su momento de mayor riesgo e incertidumbre en décadas El mundo se encuentra en su momento de mayor riesgo e incertidumbre en décadas y las bolsas y los bonos en su momento de menor aversión al riesgo desde 2008. Ahora el gran elefante en la habitación son las elevadas deudas públicas acumuladas para salir de la gran recesión y para evitar otra depresión en la pandemia. El gran elefante en la habitación es la deuda pública americana y el mayor riesgo es que se contagie a una crisis del dólar. En Europa preocupa mucho la situación de Francia; empieza a dar señales de ser un país fallido y no hay ningún indicio de vida inteligente en su clase política. En medio de una grave crisis de competitividad, con su industria amenazada por la competencia china, sobre todo el sector del automóvil, con un déficit público del 5% del PIB, la mayor parte estructural, y la deuda pública al 115% del PIB y con proyecciones de crecimiento de la deuda en el futuro, están debatiendo las mismas sandeces que Podemos en España y Syriza en Grecia en 2015: reestructurar la deuda, subir más los salarios para generar más inflación, más pérdida de competitividad e intensificar más la crisis industrial, etc. El bono a 10 años en EEUU sube camino del 5% y el bono francés ya tiene una rentabilidad superior al italiano y al griego. El bono español sube, pero su prima de riesgo sigue próxima a 50 puntos básicos, señal de que los inversores no temen por no recuperar su dinero. La "manada" se ha puesto nerviosa este mes en los mercados, pero yo sigo pensando que es un milagro que los activos financieros coticen a los precios actuales y eso sólo es posible porque los inversores no están midiendo racionalmente el riesgo que asumen en sus inversiones. TE PUEDE INTERESAR Todo el mundo hace políticas económicas para que haya una crisis financiera global y lo anormal es que aún no se haya producido. El problema es que, si los inversores se asustan de verdad y huyen a buscar activos seguros, Trump perderá la guerra; el ejército de inversores es muy numeroso y muchos de ellos son privados y residen fuera de EEUU. Como recomendaba el general chino Sun Tzu, nunca debes aceptar el combate en condiciones que favorecen al adversario. Carlos V no hizo caso del consejo, perdió su capacidad para emitir deuda pública, tuvo que abdicar y murió en la soledad del Monasterio de Yuste.
Trump declara la guerra a los mercados de bonos
Este verano ha aumentado la tensión en los mercados de deuda pública en EEUU. Los inversores muestran mayor temor por la inflación y el elevado déficit público americano pero, paradójicamente, aún siguen excesivamente confiados










