La tensión en el mercado de deuda se ha convertido en la gran noticia del mes de agosto en los mercados financieros, con los intereses de los bonos de largo plazo alcanzando los niveles más altos que se han visto desde el inicio de la Gran Crisis Financiera en Estados Unidos, y desde la crisis de deuda europea en el caso del Viejo Continente. El acelerón en las subidas de rentabilidades de la deuda estadounidense ha coincidido con el inicio de la guerra de Irán y con su reactivación en el mes de julio, algo que ha llevado a muchos inversores a plantearse que son las expectativas de una mayor inflación el principal motivo que está presionando al bono. Sin embargo, hay un indicador de mercado que lo niega: una pequeña parte del repunte de la rentabilidad del bono sí responde a las expectativas inflacionistas, pero no es, ni mucho menos, lo que más ha pesado al bono en los últimos meses.Gracias a los bonos protegidos contra la inflación que cotizan en el mercado, es posible saber qué proporción de un movimiento en la rentabilidad de un bono responde a un aumento de las expectativas de inflación por parte de los inversores. Los llamados TIPS (Treasury Inflation-Protected Securities) son bonos que descuentan las tasas de IPC y lo pagan al inversor, además de una rentabilidad extra que, como es lógico, cotiza por debajo de lo que paga el bono al uso.