La rentabilidad que exigen los inversores por comprar bonos estadounidenses con un vencimiento a 30 años superó el martes el 5,15% por primera vez en casi dos décadas (desde el año 2007). Ni en la crisis financiera, ni el covid, ni siquiera en la crisis inflacionista de la invasión de Ucrania se alcanzaron estas cifras. Esta subida es el resultado del temor de los inversores a la duración que está adquiriendo el conflicto en Oriente Medio. A pesar de los mensajes continuos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la proximidad de un acuerdo de paz, la realidad es que la guerra está encallada. Y, con ella, el paso por el Estrecho de Ormuz. A medida que se acerca el mes crítico de junio, los inversores perciben que la economía se aproxima a un punto de no retorno. Cada semana que pasa va aumentando el riesgo de un episodio inflacionista generalizado. Pero, además, el mes de junio es clave para que empiecen a desencadenarse otros fenómenos que contribuirán a frenar la economía. Junio es el mes en el que va a cambiar definitivamente el ciclo de la política monetaria si el conflicto no termina antes. Los bancos centrales de medio mundo se han dado una tregua antes de empezar a subir los tipos de interés con la esperanza de que llegara una paz rápida. Pero este escenario ya no pueden prolongarlo más. Como anticipó la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, esta vez no quieren llegar tarde a la crisis inflacionista como ocurrió en el año 2021. Pero el mes de junio es doblemente importante, porque es cuando los bancos centrales revisan sus previsiones económicas. Esta vez ya no hay excusas, tendrán que incorporar el impacto de la guerra sobre la economía y la inflación, forzando así un cambio en su política monetaria. Los mercados ya descuentan que el Banco Central Europeo empezará un ciclo de subidas de los tipos de interés en su reunión de junio (de los días 10 y 11). De hecho, esperan ya tres alzas hasta final de año. Pero también empiezan a valorar que el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón también podrían endurecer sus tipos. En el caso de la Reserva Federal, el mercado no espera más subidas, pero ya no cree que el nuevo presidente de la entidad, Kevin Warsh, pueda cumplir los deseos de Trump de iniciar un ciclo de bajadas. En definitiva, el escenario para los tipos de interés cambiará bruscamente a partir de junio. Esto está influyendo en las rentabilidades que se exigen en el mercado a los deudores, ya sean administraciones públicas, empresas u hogares. En Estados Unidos, las tasas de interés de las hipotecas a 6 años han subido hasta el 6,6%, poniendo en riesgo la solvencia financiera de muchas familias. La Administración Trump está utilizando a las dos grandes empresas hipotecarias patrocinadas por el Gobierno, Freddie Mac y Fannie Mae, para comprar al sector financiero bonos hipotecarios con el objetivo de contener los tipos de interés que cobran a las familias. Sin embargo, la suma de la crisis de la vivienda que vive occidente con la subida de los tipos de interés tiene potencial para generar un gran impacto económico y social en estos países. Esta subida de los costes financieros se ha producido sin que los bancos centrales hayan empezado a subir los tipos de interés. Cuando lo hagan, volverán a empujar al alza el precio de las hipotecas. Esto va a suponer un aumento de la tensión financiera entre las familias de Estados Unidos y del resto del mundo. Es el canal en el que operan los bancos centrales: endureciendo las condiciones financieras, se reduce la demanda privada para ralentizar la inflación. Pero ahora hay un riesgo adicional: la deuda acumulada fuera del balance de los bancos (la llamada deuda privada) se ha convertido en un gran interrogante para la estabilidad global. Una crisis inflacionista A medida que pasan las semanas va creciendo el riesgo de que la crisis energética se convierta en una crisis inflacionista general. Pero este aumento no es lineal, sino exponencial. Esto es, va acelerando con el paso de los días. Los datos de inflación conocidos hasta la fecha muestran que las empresas han absorbido en sus márgenes buena parte de la subida de los costes de producción. Sin embargo, este comportamiento sólo puede durar por un tiempo limitado. Tarde o temprano, las empresas terminan repercutiendo esta subida de precios a sus clientes. Además, la subida de costes ya no se limita a los precios del petróleo y sus derivados, sino que ha llegado ya a otros sectores, desde los fertilizantes hasta las primas de los seguros marítimos. En definitiva, un incremento de los precios que se ha insertado ya en las cadenas de producción. A medida que pasan los días, las empresas tienen más dificultades para absorber estos costes y cortar así la cadena de transmisión de la inflación. El riesgo turístico Junio también da el pistoletazo de salida de la campaña de verano. Pero este año, llega con la incertidumbre sobre el suministro de queroseno para los aviones. Las aerolíneas llevan semanas avisando del riesgo de que se puedan producir episodios de escasez que obliguen a cancelar vuelos. El turismo ya se enfrenta a un verano ya de por sí complicado por el cierre de las rutas hacia Oriente Medio, pero el sur de Europa confía en tener un verano de récord para el sector. Para ello, es fundamental que recupere el flujo de hidrocarburos a través del Estrecho de Ormuz. En lo que va del mes de mayo sólo han cruzado la zona 32 buques cisterna, una media de 1,7 barcos al día. Cifra que contrasta con los más de 66 que cruzaron cada día en febrero, antes de la guerra, pero también de los 3,6 barcos que pasaron cada día en el mes de abril. Estos datos muestran que la situación en el Estrecho de Ormuz no sólo no está mejorando, sino que ha empeorado desde que Estados Unidos inició también su bloqueo. De esta forma, el mundo está entrando definitivamente en los escenarios de riesgo que plantearon los economistas al inicio de la guerra. Los futuros del barril de Brent cotiza ya por encima de 90 dólares hasta que termine el año, máximos desde que comenzó la guerra. Y la vuelta a los 70 dólares, la cotización previa al inicio del conflicto, ya no se esperan hasta el año 2032. La rentabilidad que exigen los inversores por comprar bonos estadounidenses con un vencimiento a 30 años superó el martes el 5,15% por primera vez en casi dos décadas (desde el año 2007). Ni en la crisis financiera, ni el covid, ni siquiera en la crisis inflacionista de la invasión de Ucrania se alcanzaron estas cifras.
El impacto económico de la guerra en Oriente Medio se aproxima al punto de no retorno
Junio es un mes clave por el riesgo de escasez de suministros, la transmisión de la inflación y las subidas de tipos de los bancos centrales. Las expectativas de inflación se están deteriorando














