Análisis Exclusivo suscriptores Debido a la caída de la tasa de fecundidad, habrá más adultos mayores y menos bebés. Y el descenso puede ser muy acelerado.En 24 años, comenzará a caer la población mundial Foto: Archivo EL TIEMPO / AgenciasANALISTA SÉNIOR25.08.2026 22:01 Actualizado: 25.08.2026 22:01

“¿Acaso la relación de consumo de pañales para bebé contra pañales para adulto va a convertirse en el indicador geopolítico de nuestra época?”, se preguntaba hace pocos días el director adjunto del semanario francés L’Express, Thomas Mahler. En Japón, hace ya 15 años que son vendidos más pañales para mayores que para bebés. En China ocurre lo mismo desde el año pasado. En países europeos como Francia, aún ganan los pañales para infantes pequeños, pero entre 2015 y 2025 el consumo de los destinados a los adultos creció 85 por ciento, mientras el dirigido a los bebés cayó 20 por ciento.Es un claro síntoma del envejecimiento de la población del planeta. A fines del siglo pasado, las cifras indicaban que la población mundial casi se había cuadruplicado en 100 años, al pasar de 1.600 millones en 1900 a 6.200 millones en 2000. Los expertos en demografía anunciaban que, para mediados de este siglo, el planeta iba a tener demasiados habitantes y no habría cómo alimentarlos a todos. Pero desde fines de la década pasada, los demógrafos se han visto obligados a corregir sus predicciones: un dramático cambio de tendencia implica que el gran desafío del siglo XXI no será ya la superpoblación, sino el despoblamiento. LEA TAMBIÉN Hace apenas dos años, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU fijaba para 2080 el pico poblacional, momento en que el número de habitantes del planeta alcanzaría un techo, antes de comenzar a bajar. Pero los investigadores han ido anticipando la fecha: ahora la mayoría apunta a que el pico será alcanzado en 2050, y a que de ahí en adelante la población mundial empezará a decaer.Tasa de natalidad global Foto:EL TIEMPOEl economista español Jesús Villaverde Fernández, investigador económico del Centro de Estudios sobre la Población de la Universidad de Pensilvania, planteaba hace poco un escenario que confirma esa fecha para el alcance del pico, y señalaba que para 2026 la población está disminuyendo en 40 países. Según L’Express, “de aquí a 2050, esa cantidad se habrá duplicado”.Omondo, una plataforma de información en línea surgida entre un grupo de profesores de la universidad de la Sorbona, en París, explicaba hace pocos días que el decrecimiento de la población ya es evidente, sobre todo en países desarrollados y en las potencias emergentes. Esos países, explicaba Omondo, “enfrentan un desmoronamiento histórico de su tasa de natalidad y un envejecimiento acelerado de su población, lo que pone en duda la viabilidad de sus modelos sociales y productivos”.Desde hace 15 años, en Japón se venden más pañales para adulto que para bebé. En China, desde el año pasado.La caída no será lenta. El año pasado, en el libro Después del pico, Dean Spears y Michael Geruso, profesores de la Universidad de Texas en Austin quienes también le apuestan a una caída a partir de 2050, concluyeron que la caída se acelerará. “Será tan veloz —le dijo Spears a L’Express— como fue el crecimiento numérico de la humanidad en el siglo XX”. El investigador explica que, para aquellos países con una tasa de fecundidad de 1,5 hijos por cada mujer, que ya son más de 50, “esto significará que cada generación será 25 % menos numerosa que la anterior”.Mundo a dos velocidadesMillones de jóvenes de los países ricos y de los emergentes rechazan la idea de tener hijos. No hace falta ahondar mucho para encontrar las razones. Según el informe de 2025 de la ONU sobre el estado de la población mundial, que recoge una gigantesca encuesta planetaria, “los jóvenes manifiestan, de forma abrumadora, preocupación e incertidumbre sobre su futuro, y muchos prevén que este será peor que el de sus padres”. Y agrega que “su preocupación por el cambio climático, la inestabilidad económica y el aumento de los conflictos mundiales” está en la raíz de sus dudas. LEA TAMBIÉN Tasa de natalidad global Foto:EL TIEMPOPara que un país pueda mantener su número de habitantes necesita una tasa de fecundidad de 2,1 hijos por cada mujer. Es lo que los demógrafos llaman el nivel de reemplazo poblacional. A inicios de los años 60, el planeta alcanzó una tasa de más de 5,3 hijos por cada mujer. En la primera mitad de los 90, esa tasa ya era inferior a 3. Y a principios de este siglo rondaba 2,7. En 2024, último año con cifras consolidadas, cayó a 2,2, en el borde mismo del estancamiento al superar por apenas una décima el nivel de reemplazo.De los 198 países o territorios considerados por la ONU, más de la mitad (106) aparece en 2026 con una tasa de fecundidad inferior al nivel de reemplazo, en camino hacia un decrecimiento de su población. Hace diez años eran menos de 70. Corea del sur (0,76), China (1,03) y Japón (1,23) están entre los 20 con menor tasa. En Europa, con la fecundidad más baja aparecen Ucrania (1), Italia (1,22), España (1,24), y Polonia (1,31). En América, en lo más bajo están Chile (1,12), Costa Rica (1,31), Uruguay (1,38), Argentina (1,51), Brasil (1,59), Colombia (1,6) y Estados Unidos (1,62), y más arriba México (1,85). La India, que hace poco superó a China como el más poblado del mundo, la tasa va cayendo y está en 1,93.En el otro extremo de la tabla aparecen varios países subsaharianos: Chad (5,84), Somalia (5,8), la República Centroafricana (5,69), Níger (5,64) y Mali (5,33).Los expertos adelantaron de 2080 a 2050 el pico poblacional, año en que la población mundial comenzará a caer.No sorprende que de esa región de extrema pobreza y violencia surjan los mayores flujos migratorios, decenas de miles personas que cada año atraviesan el Sahara hacia el norte, y desde países como Túnez, Libia y Argelia, se embarcan hacia el sur de Europa.En el plano teórico, estas migraciones podrían convertirse en un factor de solución, pues se trata en su mayoría de niños y jóvenes que, a corto y mediano plazo, podrían constituir la mano de obra joven y vigorosa que la envejecida Europa necesita. Como explicaba la plataforma Omondo, “una parte del sur global, con el África subsahariana en primera línea, vive un impulso demográfico espectacular, caracterizado por una juventud omnipresente y dinámica”.En el plano teórico, estas migraciones podrían convertirse en un factor de solución. Foto:iStock“El problema —le dijo a EL TIEMPO un alto funcionario europeo desde Bruselas— es que se trata de familias que llegan a nuestras costas mediterráneas sin recursos, con escasa educación, además de que muchos de ellos han recibido la influencia del islamismo más radical, y eso, sumado a su muy pobre formación, crea grandes problemas de integración”. Su llegada alimenta el discurso xenófobo de los partidos de extrema derecha que han convencido a millones de votantes europeos que estos inmigrantes son el comienzo del fin del continente.Agrega el diplomático: “Que tengamos un mundo a dos velocidades, con una mayoría de países, entre ricos y emergentes, camino del decrecimiento poblacional, y un puñado de países muy pobres y muy prolíficos, nos marca un planeta a dos velocidades, pero al resultar casi imposible conciliar las necesidades de mano de obra joven de los primeros con las urgencias de los segundos, en vez de una solución, estos flujos migratorios agravan todo el problema”. LEA TAMBIÉN Crisis pensional y de saludSi los jóvenes que llegan en esos flujos migratorios tuviesen —o recibiesen— la formación adecuada, y se integrasen a la sociedad a la que llegan, no solo podrían suplir la mano de obra faltante, sino convertirse en la fuente de financiación de las pensiones y de la atención en salud de los mayores. Fue lo que pretendió, en la década pasada, la entonces canciller alemana Angela Merkel, cuando abrió las puertas a los refugiados de países como Siria, en la época en que el semanario Der Spiegel la bautizó Mutter Angela, en comparación burlona con la madre Teresa de Calcuta. Pero el sueño de Merkel se ahogó en medio de las dificultades de integración de los migrantes y el discurso xenófobo de la extrema derecha.Según la ONU “el cambio climático, la inestabilidad económica y el aumento de los conflictos” desalientan a los jóvenes a procrear.Cuando los europeos imaginaron el “estado del bienestar”, en el cual los gobiernos debían estar en capacidad de brindar salud y cobertura social a las poblaciones más frágiles, en especial a las personas de la tercera edad, uno de los pilares fue el sistema pensional contributivo. El principio era sencillo: quienes estaban en edad de trabajar debían aportar una pequeña parte de sus ingresos para financiar el pago de las pensiones de quienes ya no laboraban.Eso tenía sentido cuando había cuatro o cinco trabajadores por cada jubilado, pero, al paso que van las cosas en algunos de los países con tasas de fecundidad más bajas, pronto habrá más pensionados que trabajadores activos, un escenario que ya asoma y explica los cada vez mayores problemas para fondear las pensiones, así como la atención en salud de quienes más se enferman: los mayores de 65 años.El plan contempla beneficios durante la crianza. Foto:ISTOCKComo bien explicaba la plataforma Omondo, se registra “un aumento geométrico de la proporción de ciudadanos mayores de 65 años respecto de la población activa cotizante, lo que amenaza con provocar el colapso de los sistemas de pensiones de reparto y supone una carga financiera insostenible para los presupuestos de salud debido a la dependencia asociada a la vejez avanzada”. LEA TAMBIÉN A lo anterior se agrega un fenómeno creciente, en especial pero no únicamente, en los países europeos: los poblados que se quedan sin habitantes. Los casos de Bulgaria y Hungría son paradigmáticos. En referencia a esos países, explicaba L’Express hace pocos días: “Una vez que la población de un pueblo cae por debajo de cierto nivel, este pierde su escuela, su panadería, su tienda de comestibles y su servicio de autobús...”. Ocurre también en España, y viene ocurriendo desde hace años en Japón.Y estamos apenas en el principio. Como concluye Thomas Mahler, de L’Express: “La caída de la natalidad, el envejecimiento acelerado y, dentro de unas décadas, el despoblamiento marcan una ruptura histórica que va a transformar la política, la economía y la geopolítica”. Para Mahler, que la población mundial decrezca por primera vez implica entrar “en un mundo nuevo, con reglas inéditas”. Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.