Durante gran parte del siglo XX, el temor demográfico era la “explosión poblacional” que agotaría los recursos del planeta. En el siglo XXI, el panorama cambió. Aunque la población mundial todavía aumenta por inercia, lo hace cada vez más lentamente, y muchas sociedades ya enfrentan el problema inverso: menos nacimientos, envejecimiento acelerado y reducción de su fuerza laboral.Para comprender la dimensión del asunto y su contexto, conviene tener en claro esto: para retener la misma cantidad de población a través del tiempo, se necesita una fertilidad poblacional promedio de 2,1. Las cifras actuales más recientes estimadas para algunos países/zonas son: China 0,98 a 1; Japón 1,14; Unión Europea 1,46; Brasil 1,55; la Argentina 1,4; EE.UU. 1,63; India 1,9; Indonesia 2,13.Las proyecciones de las Naciones Unidas indican que la población global probablemente alcanzará su máximo dentro de este siglo, debido a la caída generalizada de la fecundidad por varias razones. La más importante es que las mujeres, en muchos países, trabajan a la par de los hombres y postergan la edad de procreación. Veamos algunos casos.ShutterstockLo de China es un cambio dramático por su escala y rapidez. Tras décadas de rígida política de “hijo único”, la preferencia cultural por varones, “abortos inducidos”, esterilización, urbanización intensa y aumento del costo de vida, pero con más oportunidades laborales para avanzar, el país ha entrado en una etapa de baja natalidad persistente. En los próximos 15 años tendrá relativamente pocas mujeres en edad fértil con la natalidad muy por debajo de la tasa de reemplazo. Aunque el gobierno chino haya abandonado la política de un hijo, la población sigue disminuyendo. El problema no es solo que nazcan menos niños, sino que la estructura por edades se invierte: hay más adultos mayores y menos jóvenes para sostener la producción y la actual estructura social.India está en una posición distinta. Hoy es el país más poblado del planeta, pero su fecundidad también cayó de forma notable especialmente en los estados más ricos. Aún conserva una población joven y una gran fuerza laboral potencial, lo que puede darle un “dividendo demográfico”, con más trabajadores que dependientes. Pero esa ventaja no es automática. Requiere educación, empleo formal, infraestructura, salud pública e inclusión de las mujeres en el mercado laboral. Sin esas condiciones, el crecimiento restante puede traducirse en desempleo urbano, presión social y más desigualdad.China está envejeciendo rápidamente