Más contenidoCasi la mitad del área licenciada para vivienda en el país se proyecta con criterios de sostenibilidad.La sostenibilidad empieza a incorporarse como una decisión que va más allá del ahorro de agua y energía Foto: Compensar25.08.2026 16:37 Actualizado: 25.08.2026 16:39

La sostenibilidad gana cada vez más espacio en la industria inmobiliaria y ha dejado de ser vista únicamente como un atributo complementario de los proyectos de vivienda. En medio de los desafíos que enfrenta la construcción, el debate comienza a enfocarse en una pregunta distinta: más que cuánto cuesta construir bajo criterios sostenibles, ¿qué valor puede generar incorporarlos?Según el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS), al cierre de 2025, el 43,1% del área licenciada para vivienda en Colombia estaba en proceso de certificación bajo estándares como LEED, CASA Colombia o EDGE. Además, en lo corrido de este año, se han registrado 7,3 millones de metros cuadrados de proyectos en procesos de certificación, de los cuales más de 6,8 millones correspondían a vivienda.La tendencia se desarrolla en un escenario complejo para la industria. En el primer trimestre de 2026, la construcción generó 5,4% menos valor económico frente al mismo periodo de 2025. Dentro del sector, la construcción de edificaciones, que incluye proyectos de vivienda y otros inmuebles, cayó 8,2%, mientras que los metros cuadrados de edificaciones cuya construcción efectivamente avanzó durante el periodo se redujeron 11,1%, según el DANE.En este contexto, la sostenibilidad adquiere un alcance que trasciende la reducción del impacto ambiental. Implica crear viviendas que utilicen de manera eficiente los recursos, ofrezcan mejores condiciones de salud y confort, se adapten a las características del territorio y, además, conserven su viabilidad económica a largo plazo.El panorama internacional refuerza la importancia de esta transformación. Los edificios representan el 32% del consumo mundial de energía y son responsables del 34% de las emisiones globales de CO2, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) y la Global Alliance for Buildings and Construction (GlobalABC). Por esta razón, la construcción sostenible comienza a abordarse desde una perspectiva de triple impacto, en la que convergen los factores ambientales, sociales y económicos.Esta visión también está respaldada por el estudio “El negocio de la vivienda sostenible y saludable en Colombia”, desarrollado por el CCCS, que plantea la sostenibilidad como una decisión con efectos sobre el mercado inmobiliario, el medio ambiente y las condiciones de vida de las personas.Uno de los resultados pone el foco en una de las principales inquietudes del sector: cuánto representa incorporar criterios de sostenibilidad en un proyecto. De acuerdo con el estudio, la inversión adicional promedio para certificar un proyecto bajo CASA Colombia es inferior al 1% del costo total y, en la mayoría de los casos analizados, no supera ese porcentaje.“La sostenibilidad en vivienda no puede entenderse solamente como una inversión para reducir consumos. Es una decisión que impacta la calidad de vida de las familias, la relación del proyecto con su entorno y el valor que ese activo puede generar en el tiempo. En palabras sencillas, el desafío es que una vivienda sea eficiente en el uso de agua y energía, pero también saludable y confortable para quienes la habitan y financieramente viable para quienes la desarrollan”, afirmó Maycol Suárez, Gerente Técnico de Vivienda de Compensar. La vivienda como punto de partida para construir comunidadEsta mirada también está modificando la forma de entender qué significa una vivienda sostenible, ya que una vivienda no funciona de manera aislada: hace parte de un barrio, de una comunidad y, finalmente, de una ciudad.En esa línea, certificaciones como CASA Colombia, LEED y EDGE contemplan distintas dimensiones. EDGE se enfoca en ahorros cuantificables de energía, agua y materiales; LEED evalúa la sostenibilidad integral de los proyectos; y CASA Colombia incorpora criterios relacionados con el confort y la habitabilidad de la vivienda de acuerdo con el contexto local, tanto para proyectos VIS como No VIS. Esta evolución resulta relevante para Colombia, ya que el 55% de las personas encuestadas en el estudio realizado por el CCCS dijo preferir vivir en proyectos sostenibles.El cambio también se observa en las estrategias de los actores del sector. En Compensar, por ejemplo, desde 2023 se estableció como estándar obligatorio que todos los proyectos de vivienda deben obtener una certificación de sostenibilidad. Actualmente, el 60% de sus 22 proyectos en ejecución y entrega cuentan con certificación o se encuentra en proceso de obtenerla, con la meta de llegar al 100%.Según el Gerente Técnico de Vivienda de la entidad, esta estrategia ha recibido diferentes reconocimientos, entre ellos el Premio Líder Plata 2025, otorgado por su liderazgo y contribución al desarrollo de proyectos de vivienda sostenible. En 2026, la organización obtuvo nuevamente el Premio Líder Plata, como resultado de la continuidad de esta apuesta.Cuando la sostenibilidad se refleja en los resultadosLa incorporación de la sostenibilidad también supone analizar la vivienda desde una perspectiva urbana más amplia. Construir vivienda es, en buena medida, participar en la construcción de ciudad. Esta visión de Compensar se refleja en proyectos que buscan integrar vivienda, espacio público, gestión de recursos y renovación urbana. Un ejemplo es Nativa Parque de las Américas, proyecto que integra componentes de eficiencia energética, gestión hídrica, desarrollo urbano sostenible y valor social.El proyecto está vinculado, además, con el plan parcial de renovación urbana del Triángulo de Bavaria. Esta experiencia fue presentada por Compensar como caso de estudio durante Construverde 2026, organizado por el CCCS.Otros proyectos permiten observar cómo las decisiones de sostenibilidad pueden traducirse en indicadores medibles. Un ejercicio realizado junto con el CCCS sobre el proyecto de vivienda Los Ocobos de Compensar evidenció una reducción promedio del 25% en el consumo de energía y agua, una comercialización 32% más rápida, una mejora del 64% en la reputación de marca y un incremento de 0,49% en los costos de construcción.“Acá lo importante es que hemos migrado de hablar de cuánto cuesta construir de manera sostenible a cuánto valor puede generar hacerlo y en esa medida los proyectos de vivienda deben responder a las necesidades de las familias, pero también a las de las ciudades: eficiencia en los recursos, espacios de calidad, resiliencia y bienestar”, añadió Suárez.El camino, sin embargo, apenas comienza. Para ampliar estas prácticas será necesario fortalecer la disponibilidad de materiales sostenibles, avanzar en mecanismos de financiación verde y encontrar modelos que permitan llevar estos estándares a distintos segmentos del mercado de vivienda.La discusión, entonces, apunta a que la sostenibilidad deje de entenderse como un elemento adicional de los proyectos y pasar a formar parte de las decisiones con las que se diseñan, construyen y habitan las ciudades. Bajo esta perspectiva, una vivienda sostenible no solo busca consumir menos recursos: también busca generar valor para las familias, los desarrolladores y los territorios donde se construyen. Sigue toda la información de Más Contenido en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.