Un hombre, fan�tico de los puzles y de profesi�n orador de paneg�ricos espera a un electricista para reparar un enchufe averiado. Mientras llega, se pone a leer un libro. Parece una situaci�n dom�stica, insignificante, pero en manos de Wolf Haas (Maria Alm am Steinernen Meer, 1960) basta una chispa para que la realidad empiece a resquebrajarse. El libro que lee el protagonista contiene otra historia, la de un mafioso arrepentido que escapa tras delatar a los suyos y para aprender alem�n lee la novela de un hombre que espera al electricista. Esa historia comienza a invadir la primera hasta que el lector termina aceptando con naturalidad un mecanismo narrativo alterno que, explicado en voz alta, parecer�a imposible.No es la primera vez que Haas desaf�a las reglas de la ficci�n. Durante tres d�cadas ha sido una de las voces m�s originales de la literatura en alem�n gracias a las novelas protagonizadas por el detective Simon Brenner, convertidas en cl�sico moderno por su humor, su audacia formal y una voz narrativa inconfundible. Ahora el escritor vuelve al territorio donde mejor se mueve, ese en el que el crimen no importa tanto como la forma en que una historia consigue hechizar al lector.Para saber m�s�Supongo que lo que m�s me interesa es precisamente el lector, pues la historia s�lo existe de verdad cuando alguien la completa. Me recuerda a esas trenzas hechas con tres mechones de pelo, ninguno tiene sentido por separado, es su interacci�n la que crea la cuerda. Con una novela ocurre lo mismo, necesito un buen lector para terminar de escribir la historia�, asegura.A diferencia de quienes planifican cada giro con precisi�n matem�tica, Haas s�lo disfruta escribiendo cuando siente que tambi�n �l ha perdido pie. �Escribir resulta aburrido cuando ya s� exactamente ad�nde va la historia. Claro que intento tener un plan, pero mientras me limito a seguirlo no pasa nada interesante. De ni�o vi una carrera de F�rmula 1 en la que empez� a llover en una curva y los dieciocho coches se salieron de la pista al mismo tiempo. Esa lucha por mantener el control sobre una superficie resbaladiza es justo lo que busco cuando escribo�.Aunque sus novelas est�n pobladas de detectives, asesinos, cad�veres y mafiosos, insiste en que el crimen nunca ha sido el verdadero centro de su literatura. �Nunca me interes� especialmente la novela polic�aca, pero el g�nero me ayud� a liberarme de mis propias expectativas sobre lo que deb�a ser la verdadera literatura, a quitarle solemnidad�, concede. �Dej� de obsesionarme con una gran trama y pude concentrarme en algo que me interesaba mucho m�s: c�mo cambia una historia seg�n la manera en que se cuenta. Cada vez que leo el resumen argumental de uno de mis libros en una rese�a pienso: 'Madre m�a, yo jam�s leer�a esta novela'�, bromea.No parece una boutade. Basta leer el inicio de Cortocircuito (Seix Barral) para comprobar que el misterio no consiste en averiguar qui�n hizo qu�, sino en descubrir d�nde termina una historia y empieza la siguiente. Haas convierte la narraci�n en un rompecabezas donde la ficci�n invade continuamente la realidad hasta volver in�tiles las fronteras entre ambas. �Siempre me fascin� el lenguaje, desde ni�o, cuando s�lo entend�a la mitad de lo que dec�an los adultos. Completaba el resto con mi imaginaci�n�, recuerda. �Probablemente seguimos haciendo lo mismo de mayores, la diferencia es que ahora gastamos demasiada energ�a defendiendo nuestras opiniones y demasiado poca intentando comprender qu� significan realmente las palabras�."Tal vez la funci�n de una novela consista simplemente en mostrar cu�ntas cosas nos influyen y lo poco que sabemos sobre nosotros mismos"Esa desconfianza hacia el lenguaje, de tradici�n tan austriaca, explica tambi�n su rechazo a la autenticidad, una de las grandes obsesiones de la literatura actual. �Pensar que un relato verdadero nos acerca autom�ticamente a la verdad me parece bastante ingenuo, porque todos nuestros relatos son construcciones. Robert Musil dec�a que todo ser humano es el narrador de su propia vida, y creo que ten�a raz�n, la realidad s�lo es otra forma de ficci�n, pero algo m�s sofisticada que las dem�s�. Quiz� por eso sus novelas parecen empe�adas en demostrar que el mundo funciona como una novela. Los personajes creen dirigir su existencia hasta que una casualidad -una llamada, una espera, un malentendido o un simple enchufe averiado- altera por completo el relato que hab�an construido sobre s� mismos.�No s� si el azar es el protagonista de mis libros, tal vez la funci�n de una novela consista simplemente en mostrar cu�ntas cosas influyen en nuestra manera de ser y lo poco que sabemos sobre nosotros mismos y sobre nuestras verdaderas intenciones.� Ese juego permanente nunca impide que aparezcan los grandes temas, como la muerte, la p�rdida, la soledad o la culpa, al contrario. Haas est� convencido de que las historias m�s ligeras son, muchas veces, las que permiten mirar m�s de cerca la oscuridad. �Quiz� el cobarde que llevo dentro intenta evitar esos temas profundos, pero resulta que los mejores momentos de escritura aparecen cuando esas cuestiones irrumpen dentro de una historia aparentemente divertida e inofensiva. En ese contexto, la oscuridad golpea con mucha m�s fuerza que en una novela dedicada exclusivamente a ellos�, sostiene.Y lo mismo ocurre con el humor, otra de las se�as de identidad de una obra dif�cil de clasificar. �Las formas puras de tragedia o de comedia terminan siendo un poco mon�tonas ya que como lector ya sabes qu� esperar. Una historia resulta mucho m�s sorprendente cuando ambas entran en conflicto�, opina. Quiz� esa sea tambi�n la mejor definici�n de la literatura que persigue Haas desde hace m�s de tres d�cadas, una forma de juego que nunca renuncia a la emoci�n, un artificio perfecto que acaba teniendo m�s verdad que cualquier confesi�n. �Quiz�s una novela consigue dos cosas al mismo tiempo, ofrece la ilusi�n de una historia en la que todo encaja y tal vez, en sus mejores momentos, una reconciliaci�n con el hecho de que la vida nunca ser� as� de perfecta�.