Tras encabezar una arenga ante su gabinete, el presidente Javier Milei pareció quedar una vez más poseído por una convicción inquebrantable: la de que los economistas, el periodismo y buena parte de la opinión pública observan una crisis económica donde él, por el contrario, ve una realidad diametralmente opuesta. En ese marco, la discusión política derivó en cuestiones que parecen secundarias pero que terminan marcando el tono de la época. ¿Debe o no el presidente tener empatía con la situación adversa que atraviesan muchos argentinos? Según lo trascendido de aquellos encuentros de equipo, el mandatario sostiene que la empatía representa un rasgo explícito de populismo. Resulta una paradoja llamativa en alguien que apela de manera constante a rasgos populistas en otras materias, fundamentalmente en el plano político y en sus modos. Bajo su doctrina de "al populismo no se le gana con más populismo", la consigna del Ejecutivo es clara: empatía cero y malos modales. Del salvataje de deudores a la confusión técnica Esta postura inflexible se tradujo de forma concreta en el rechazo rotundo a cualquier medida de alivio económico o salvataje estatal para los deudores castigados por el escenario actual. La discusión sobre si el Estado debe intervenir o si es un asunto estricto entre privados —una postura hacia la cual me inclino, entendiendo que el compromiso atañe a deudores y bancos— fue transformada por el propio Presidente en una especie de drama conceptual.
Empatía cero, "Efecto Casella" y malentendidos con la mora: las obsesiones de Milei ante una crisis que no ve
El presidente ratificó el rumbo ante su gabinete, rechazó la empatía por considerarla un "rasgo populista" y apela a 15 cuadras de la calle Corrientes para juzgar la macroeconomía argentina.














