Los discursos de Javier Milei ya no tienen ni la estética ni el contenido de una clase de Economía: últimamente son todos de campaña. Pero esta semana apareció una novedad, la retórica defensiva. Nada o casi nada de arengas. Ningún agradecimiento o promesa de alivio. Los 59 minutos de anteayer en el Consejo de las Américas, por ejemplo, fueron una enérgica respuesta a un interlocutor ausente con quien pretende confrontar. Economistas, periodistas, analistas. El destinatario real es siempre otro: el Presidente le habla a su electorado menos convencido, esos votantes que se le sumaron en el balotaje de 2023 y le dieron el triunfo, muchos de los cuales estaban en ese auditorio de empresarios que valoran lo hecho hasta ahora, el ajuste más importante en 65 años, pero que dudan de tanto en tanto de la consistencia del programa económico.Esa platea nunca es sencilla. Pero la conducción del Consejo de las Américas había hecho esfuerzos para no incomodar al orador. Ni siquiera con invitados inoportunos. Axel Kicillof, por ejemplo, que estuvo ahí, se reunió con los anfitriones recién a las 16, después del discurso presidencial, en un lugar reservado del hotel Alvear, y no apareció por el auditorio. Su presencia no coincidió con la de Milei. Ni Santilli había tenido esa suerte. Su pedido de días antes a los organizadores, no cruzarse con Jorge Macri, fue escuchado, pero no atendido. Se vieron y hasta compartieron una foto. ¿Alguien había alertado al jefe de Gobierno porteño? Nadie lo sabe, pero a algunos de los asistentes les llamó la atención la amabilidad con que Macri aceptó posar junto a su compañero de Pro, a quien había incluido en la enumeración de agradecimientos de su exposición: “Al jefe de Gabinete de ministros, que hablará después, mi querido amigo Diego Santilli…, ¡Colo!”, dijo.Milei se mostró infinitamente más distante con todos. No aflojó el semblante en ningún momento. Ni siquiera en un pasaje del discurso en que intentó reírse de sí mismo, cuando dijo que en algún punto compartía el argumento de quienes lo odian y se ensañan con él. “Hay cosas en las que yo mismo me odio a mí mismo, no está mal”, dijo.¿Deliberado o espontáneo? Una sorpresa porque hay libertarios que le aconsejan cambiar el tono, principalmente para hablarles a los votantes de Pro, la fuerza que necesita para aspirar a ganar en primera vuelta. “Va a hacer falta aliviar formas, mejorar gestos”, dijo la semana pasada Agustín Laje, líder de la Fundación Faro, en una entrevista con Ignacio Girón.Council Of The America. AS/COA. Perspectivas económicas y políticas. Diego SantilliRicardo PristuplukTampoco parece fácil porque hay ausencias significativas. Hace tiempo que los militantes de las redes están menos locuaces y es Milei quien ha decidido ponerse al hombro su propia defensa: lo hace a la manera de Milei. Su tópico ha vuelto a ser el espacio que eligió para confrontar, el kirchnerismo, y su destinatario, esa parte de votantes que necesita una vez más para la victoria.Es un segmento dispar. Un sondeo cualitativo reciente de Shila Vilker divide a los desencantados de Milei en varios grupos. Están los que dicen que volverán a votarlo si la economía mejora. Pero también los que afirman que, al final, el Presidente es igual que todos y que incluso será difícil volver a un cuarto oscuro. Son los desencantados al cuadrado. Hay un grupo que pregunta por Pro y por Victoria Villarruel. Y, por último, los que han empezado a tentarse con propuestas que vienen desde afuera de la política. No hay nombres, solo surgen ante la mención de la consultora: “Ah, podría ser”, contestan.Es probable que esta atmósfera haya precipitado a Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y un convencido del programa económico, a recibir al Presidente con un respaldo fortísimo: dijo que el sufrimiento que afectaba a varios de sus pares era el costo que había que asumir para tener una economía más competitiva para las próximas generaciones. Un espaldarazo que no conformó a todos los integrantes de la entidad, que incluye desde jugueteros hasta dueños de droguerías. Grinman está tironeado: a veces tampoco coincide con Bettina Bulgheroni, la empresaria de mejor relación con Karina Milei, y hay quienes extrañan los tiempos en que Eduardo Eurnekian se involucraba más en los discursos.Council Of The America. AS/COA. Perspectivas económicas y políticas. Jorge MacriRicardo PristuplukAsí está la Argentina, en la espera de una reactivación que incluya a todos y que Milei descarta por definición. Al contrario, dice: el proceso de “destrucción creativa” que pretende hace justamente que quien innova desplace y hasta desencadene la quiebra del competidor menos eficiente. Algo que no solo resulta difícil de digerir en auditorios corporativos, sino que requiere de tiempo hasta determinar ganadores y perdedores. ¿Podría un empresario celebrar por anticipado y en público una medida que parece positiva a sus intereses, pero cuya viabilidad no está todavía clara? ¿Y si el año próximo ganara, por ejemplo, una administración que toma el rumbo opuesto y lo deja expuesto? En el Gobierno quisieran más voces. Hay oficialistas que se siguen preguntando por qué Ciara, la cámara de las cerealeras, no amagó siquiera con un apoyo tibio a Sturzenegger en su pelea con los prácticos o que al menos celebrara que el conflicto sirvió para bajar un 20% en dólares las tarifas del servicio. ¿A ninguna cámara le hicieron ruido las declaraciones de Ricardo Quintela, que anticipó expropiaciones si el peronismo volvía al poder, como para expresarlo en un comunicado?, se preguntan.El motivo del silencio puede estar justamente en el contexto. Los empresarios que cuestionan a Milei callan para mantenerse lejos de la línea de furia presidencial, pero quienes avalan tampoco están convencidos de que será reelegido y temen quedar en falsa escuadra ante un eventual regreso del peronismo. ¿Quién puede asegurar que el cambio de régimen económico llegue a buen puerto? Un grupo interesado en importar camiones de China ha decidido hacerlo solo mediante autopartes desarmadas que vuelve a unir en el país. No sea que vuelva una administración productivista que premie el ensamblado. Todo está por verse.Son justamente las dudas que exasperan a Milei. “¿Nos vamos a seguir psicopateando por los kukas que hundieron el país?”, volvió a preguntarse anteayer. El verbo no es inocente. El Presidente suele repetirlo cada vez que recuerda la experiencia de 2019: “No me van a psicopatear como a Macri”. Y en parte le pasa algo bastante similar a lo que el líder de Pro vivió en el último año de su administración, cuando se quejaba de “críticas constructivas” que los medios y los economistas eran incapaces de hacerle al PJ, una organización a la que el establishment le exige menos en todo sentido.Es cierto que Milei no es Macri. Por lo pronto, ha hecho de la incorrección un hábito que desconcierta a la política tradicional. ¿Cómo contestarle a quien se jacta de haber bajado los salarios de los empleados públicos? Al peronismo le cuesta a veces dar con un discurso opositor efectivo. Pero esa inmunidad se debilita cuando fallan los propios incondicionales, los de las redes sociales. Una consecuencia de la interna que puede ser la criptonita de Milei. “Con algunos temas son implacables, y con otros, tímidos”, se quejan cerca de Karina Milei, y del lado de Santiago Caputo se encogen de hombros: ¿por qué deberían poner la cara por una administración que los volverá a dejar en octubre afuera de las listas? En la mesa política de los martes se viene hablando últimamente de ese lock out libertario: lo llaman “apagón digital”. Y lo suman a una dificultad más estructural, que es la ausencia de legisladores con conocimientos de economía. “Tenemos 94 diputados y ninguno en condiciones de debatir en un estudio de televisión”, se oyó en esa reunión.Tendrán entonces que esperar la mejora de la economía. “Primero, los datos”, dice Milei citando a Friedman. Y no solo bastará con exponerlos a los gritos: deberán ser lo suficientemente constatables como para movilizar a los dubitativos. Es una carrera contra el tiempo porque quedan 14 meses hasta octubre.Por Francisco Olivera