Las críticas se le acumulan al Gobierno de Zaragoza por la reforma del entorno de la plaza de San Miguel, como ya sucediera con Salamero o Santa Engracia, y por motivos similares. A los meses de retrasos que acumulan las obras se unen las protestas por el diseño de esta infraestructura viaria, en la que el cemento vuelve a ser el elemento más visible. Se trata, según el colectivo ecologista, de otra “oportunidad perdida”, algo que los vecinos ilustran con temperaturas de más de 46 grados en las últimas semanas. Y todo esto se produce mientras la alcaldesa, Natalia Chueca, vende en redes sociales la candidatura de la ciudad como “capital verde europea” para 2028.
El caso, según denuncia Asociación Naturalista de Aragón (Ansar), de un caso “más grave” que los anteriores porque ahora llevan “años recordando de la necesidad de sombras y zonas verdes” en el entorno. “Mucho dinero gastado para conseguir una plaza cementada donde la estancia apenas será posible”, lamenta la entidad, que cree “probable” que este “espacio público” también acabe siendo “ocupado” por la “explotación privada de la hostelería, como suele ser habitual”.
Ansar explica en una nota que “se han talado más de la mitad de los árboles que, se suponía, iban a conservarse”, y que los trabajos que se desarrollan en la plaza “están dañando al resto, sin una protección adecuada del entorno del árbol, rebaje del suelo con raíces desnudas” o “vertidos de cemento en el entorno”. Además, indica que “se ha reducido el tamaño de los alcorques y podado los ejemplares restantes”. “Para nada sirve que pregonen de forma repetitiva el gran número de árboles que se van a plantar en la ciudad cuando permanentemente en cada remodelación de calle, plaza, parque desaparecen los que allí existían”, zanja Ansar.






