Más contenidoPrimera cohorte de licenciados wayuu, futuros médicos indígenas y proyectos sobre lenguas, territorio e inteligencia artificial muestran un cambio.Comunidades indígenas, investigadores y académicos participan en una jornada de cocreación sobre inteligencia artificial y territorio en Unimagdalena. Foto: Cortesía Unimadgalena.25.08.2026 08:01 Actualizado: 25.08.2026 08:01
Antonio Uriana Jusayu nació en la comunidad wayuu de Lümaa, en Manaure. Quedó huérfano de madre a los siete años, trabajó desde niño y hoy estudia Medicina en la Universidad de La Guajira. Su historia retrata un giro que toma fuerza en el Caribe: la relación entre academia y pueblos indígenas empieza a pasar del acceso a la construcción conjunta de conocimiento.En Valledupar, Areandina reporta un hito del periodo 2026-10: la primera cohorte de graduados wayuu de su Licenciatura en Educación Infantil. Varios ya ejercían como docentes en sus comunidades. Karen Tatiana Pionce Gómez, directora del programa, explica que la universidad reconoce al estudiante indígena como portador de saberes sobre crianza, familia y cultura. “La interculturalidad no debe ser vista únicamente como una característica de nuestros estudiantes indígenas”, sostiene.En Santa Marta, la Universidad del Magdalena informa que cerca de 190 estudiantes indígenas cursan más de 30 programas. Pertenecen, entre otros, a los pueblos ette ennaka, arhuaco, kogui, wiwa, wayuu y kankuamo. El avance más novedoso está en investigaciones cocreadas con las comunidades. Juan Carlos Vargas Ruiz, director del Centro de Interculturalidad, Territorio y Sostenibilidad de la institución, señala que sus integrantes participan “como coinvestigadores y coautores, y asumen el liderazgo de la investigación”.Esa lógica llega también a la inteligencia artificial y a la preservación cultural. Unimagdalena desarrolla herramientas y proyectos que articulan tecnología, memoria, salud y saberes ancestrales, mientras trabaja con mamos de la Sierra y con el pueblo ette ennaka en iniciativas ligadas a sitios sagrados, plantas medicinales y fortalecimiento lingüístico.En el Caribe, incluir saberes indígenas es llevarlos al aula y devolverlos al territorio. Foto:Cortesía uniguajira.En Cartagena, la Universidad de San Buenaventura lleva la discusión al derecho. Su rector, fray Jesús Antonio Ruiz Ramírez, O.F.M., plantea, a partir del pensamiento de Manuel Quintín Lame, herramientas para comprender la autonomía indígena y el pluralismo jurídico. De ese ejercicio surgió una propuesta académica de ley orgánica para reglamentar el artículo 329 de la Constitución y desarrollar las Entidades Territoriales Indígenas. Para el rector, el propósito es avanzar hacia “un verdadero diálogo intercultural en el ejercicio del derecho”.La coyuntura amplía el alcance. El 6 de agosto, el Gobierno reglamentó el Sistema Educativo Indígena Propio para los 115 pueblos del país. El debate ya no se limita a cuántos jóvenes indígenas llegan a la universidad: también pregunta cuánto cambia la academia cuando sus lenguas, autoridades y conocimientos participan en decidir qué se enseña, cómo se investiga y para qué sirve lo aprendido en sus propios contextos.Del cupo a la construcción conjuntaLa primera cohorte de Medicina de la Universidad de La Guajira está conformada por 50 estudiantes nacidos y egresados de colegios del departamento. De ellos, 26 son indígenas wayuu y 12 hablan wayuunaiki. El dato muestra que la apertura de cupos puede ir acompañada de una formación pensada desde las características culturales de la región. El acceso se conecta con competencias lingüísticas y culturales que resultan decisivas en la atención local. El plan de estudios incorpora el enfoque intercultural de manera transversal e incluye la lengua wayuunaiki. “No es un componente opcional, sino obligatorio”, explica Surisaday Gutiérrez, directora del programa de Medicina de la Universidad de La Guajira. La formación, agrega, busca que la medicina occidental dialogue con los saberes, la medicina tradicional y la cosmovisión wayuu.Ese cambio tiene hoy un nuevo marco nacional. El 6 de agosto fueron expedidos los decretos 0932, 0933 y 0934 de 2026. Las normas desarrollan el Decreto Ley 0481 de 2025: una regula los componentes político-organizativo, pedagógico y administrativo del Sistema Educativo Indígena Propio; otra crea el régimen especial de sus dinamizadores y la tercera define su financiación integral. El Ministerio señala que el sistema reconoce la educación propia de los 115 pueblos indígenas.Once días antes, en Chemesquemena, territorio kankuamo de Valledupar, 250 jóvenes de 35 organizaciones entregaron propuestas sobre acceso, permanencia, pertinencia, graduación y retorno de profesionales a sus comunidades. “El legado que deja este Gobierno es haber construido con ustedes, de gobierno a gobierno, el Sistema Educativo Indígena Propio y sus decretos”, dijo Daniel Rojas Medellín, ex ministro de Educación.El respaldo también se refleja en recursos. Para 2026, el Ministerio reportó $21.851 millones en fondos educativos condonables para nuevas adjudicaciones dirigidas a población indígena y $128.674 millones para renovar créditos ya otorgados. La oportunidad para las universidades del Caribe es convertir ese escenario en currículos, investigación y proyectos donde las comunidades participen en las decisiones académicas y en la definición de prioridades.La lengua también entra al aulaEn Medicina de la Universidad de La Guajira, el wayuunaiki hace parte de la formación intercultural y acerca el aprendizaje clínico a la realidad cultural del departamento.En la Universidad del Magdalena, el cruce llega a la inteligencia artificial. Según el CITS, Sayta busca facilitar la comunicación en salud entre los pueblos arhuaco y kogui y el español, con traducción en ambos sentidos. La herramienta pretende aportar a la conservación de las lenguas.Detrás aparece otra discusión: quién controla el conocimiento que alimenta la tecnología. Juan Carlos Vargas Ruiz de UniMagdalena dice que el trabajo universitario ya incluye un principio de soberanía digital para que las comunidades decidan qué información se recoge, cómo se utiliza, quién accede a ella y qué usos se autorizan. Para la Universidad, esos conocimientos pertenecen a los pueblos y forman parte de sus memorias y maneras propias de comprender el mundo.La lengua se convierte en un puente entre universidad y territorio. Foto:Cortesía Unimadgalena. Sigue toda la información de Más Contenido en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








