En una sala llena de máquinas enormes y cables, alguien decidió que programar podía hacerse con palabras. Esa idea llevó a Grace Hopper, matemática y almirante de la Marina de Estados Unidos, a cambiar la forma en que se interactúa con los ordenadores, ya que convirtió instrucciones complejas en algo que podía escribirse y entenderse con mayor facilidad dentro de entornos empresariales.

COBOL llevó los ordenadores a tareas administrativas

La carrera de Hopper abrió el camino para que la programación dejara de depender de códigos complejos y se acercara a quienes no tenían formación técnica. Esa transformación se hizo evidente cuando participó en la creación y expansión de COBOL, un lenguaje que permitió gestionar datos en empresas y administraciones, y que surgió tras un proceso de estandarización impulsado en la Conference on Data Systems Languages, donde se buscaba un sistema común que pudiera usarse en distintos sectores.

Esa tarea ayudó a que, ya en la década de 1960, muchas empresas adoptaran este sistema y se amplió el uso de ordenadores en actividades como la contabilidad o la gestión de nóminas, ámbitos donde antes resultaban difíciles de integrar.

Antes de ese salto, Hopper había trabajado en la Universidad de Harvard dentro del proyecto Mark I, un calculador automático de gran escala que se utilizó para cálculos militares durante la Segunda Guerra Mundial.