Victoria Bodean, en un hotel en Madrid. Jacobo MedranoNo ser madre representa para muchas mujeres una conquista. Esa conquista es, en cualquier caso, la capacidad de poder elegir, lo que supone contar con varias alternativas dadas por las condiciones materiales, los factores físicos o el capital cultural. A Victoria Bodean, su parálisis cerebral no le ha impedido poner en práctica esa capacidad de elección. Para sorpresa de su entorno, esta profesora de inglés moldava de 27 años se ha convertido en madre de una niña, una victoria con mayúscula que, además, ahora quiere coronar con una carrera de creadora de contenido para mostrar al mundo cómo es vivir con una discapacidad.“Mi ciudad, Străşeni, estaba en shock. Tenían curiosidad de que una persona con una discapacidad pudiera quedarse embarazada. Se preguntaban cómo iba a criar a mi hija”, cuenta en Madrid, durante una visita con su hermana para un acto de Unicef y EL PAÍS. “Sigo siendo un ser humano, y tener la movilidad reducida no limitaba mi deseo de ser madre de un bebé sano”, afirma. Tras el nacimiento de su hija, se separó del padre y la está criando con ayuda de su familia, con la que vive en la misma casa de su infancia, en Moldavia.Nos reencontramos con ella después de 17 años. Había sido entrevistada por El País Semanal en 2009 como parte del reportaje “Niños del mundo”, y contaba que lo que más ilusión le hacía era tener una muñeca gigante. Como en aquel momento, cuando tenía diez años, sigue siendo independiente y no pide asistencia a menos que sea indispensable. Camina con un andador y sube y baja escalones con una mínima ayuda. Pero Bodean vino al mundo a través de un parto complicado en el que los médicos priorizaron salvar la vida de su madre y forzaron su nacimiento con la convicción de que aquel bebé moriría en días. Sobrevivió. Y aunque comenzaba a hablar y su desarrollo intelectual avanzaba, algunos de sus movimientos básicos se demoraron. No se podía sentar, mantener la cabeza erguida ni masticar. A lo largo de su vida, se sometió a reiteradas cirugías y aprendió a convivir con el dolor.Desde el diagnóstico de parálisis cerebral a los dos años, sus padres se adaptaron para que llevara una vida normal. Su madre aprendió a dar masajes y el padre cambió el diseño de la vivienda familiar. A los cinco años, la primera cirugía con láser que recibió fue fundamental para empezar a masticar la comida, ver mejor y pasar de caminar sobre los dedos a apoyar todo el pie. “Operaron cada músculo de mi cuerpo. Era muy doloroso moverse después de eso. Y recuerdo cada tipo de dolor por el que pasé. Pero no me enfoco en ello”, dice. Aun así, y después de tantas otras intervenciones quirúrgicas, hay problemas con los que se ha acostumbrado a convivir: “Si tenía mucha agua en la boca, entraba en pánico. Todavía me sucede, pero he aprendido a controlarlo”.En Moldavia, uno de los países más pobres de Europa, las instituciones educativas no están preparadas para acoger a personas con una movilidad reducida. A los ocho años, Bodean asistió a la escuela durante una semana. No pudo continuar más tiempo porque su única preocupación era trasladarse de un sitio a otro lo más rápido posible. No la discriminaban, pero se sentía una carga para sus compañeros, que la acompañaban y ayudaban. “Fue horrible. Le dije a mi madre: ‘Esto es demasiado’. Pero luego me fui sola a Estados Unidos, y me olvidé de que tenía una discapacidad”.Tras una infancia y adolescencia que discurrió con educación a distancia, se enteró de que existía una beca para estudiantes con la que se podía vivir durante un año en aquel país. Con dudas, se aplicó, lo consiguió y viajó a Pensilvania a los 16 años. “El país está tan adaptado que te olvidas de que eres diferente. Hay rampas en todos lados, y son prácticas, algo que no ocurre en otros lugares. Las puertas son automáticas y el metro está adaptado. Si no llegaba a tomar notas en las clases, podía utilizar una grabadora. Me daban soluciones simples a los problemas diarios. Fue una experiencia diferente a la que había vivido”.Al regresar de Estados Unidos, Bodean estudió educación especial y comenzó a dar clases de inglés a niños, a lo que se dedica hoy. Como afirma el modelo social de la discapacidad, la exclusión la causan las barreras sociales —como la educación y el diseño urbano— y no las diferencias físicas y funcionales. Trabajar y tener una hija son, para ella, un empeño por romper esas barreras.
Victoria Bodean, la madre con parálisis cerebral que muestra al mundo cómo se superan las barreras de una discapacidad
Tras cumplir el deseo de tener una hija, esta moldava de 27 años y profesora de inglés aspira a mostrar en redes sociales la realidad de una vida diferente








