María Elena Montaño creció en un entorno familiar estructurado en su Venezuela natal. Era una niña inteligente, perfeccionista, sensible y con buen rendimiento escolar. Sin embargo, tras esa apariencia de éxito, se escondía una dificultad notable para conectar consigo misma: le costaba sentirse válida y merecedora de cariño. Durante la adolescencia, estas inseguridades se acentuaron. La timidez, la autoexigencia y la dificultad para relacionarse le generaron una sensación persistente de no encajar. La ansiedad, presente desde la infancia, se fue consolidando en su vida como un estado emocional normalizado.Una crisis emocional profundaEste malestar continuó durante su etapa universitaria. María Elena eligió estudiar Odontología, motivada en gran medida por las expectativas familiares. El punto de inflexión llegó en 2013, cuando una interrupción académica la obligó a reiniciar su carrera. Este hecho desencadenó una crisis emocional profunda: insomnio, pérdida de interés por la vida, pensamientos oscuros y una desvinculación progresiva de su entorno. La ansiedad se transformó en una depresión intensa que la llevó a tocar fondo. Con 28 años, María Elena tomó una decisión extrema: se arrojó al metro en Caracas. Contra todo pronóstico, sobrevivió.El documental ha sido una oportunidad para mirar mi vida con perspectiva y entender todo lo que he sido capaz de recorrer. No es solo una historia sobre la discapacidad, sino sobre cómo uno aprende a vivir, a adaptarse y a seguir adelante, incluso cuando las cosas no salen como esperabasAlfredo Guerrero, protagonista de 'Cómo habitar un cuerpo'Asiduo al quirófanoAlfredo Guerrero nació en Cádiz en 1981. Una luxación congénita de cadera marcó su infancia y adolescencia y lo obligó a afrontar, desde muy pequeño, una relación compleja con su cuerpo. Durante sus primeros años, Alfredo pasó por numerosas intervenciones quirúrgicas y largos procesos médicos que limitaron su movilidad y condicionaron su desarrollo. Hubo momentos en los que no podía caminar o participar en actividades cotidianas; ello generó una vivencia de diferencia que fue tanto física como emocional.A esta realidad se sumó un entorno familiar complicado: Alfredo perdió a su padre con tan solo cuatro años y creció en una familia numerosa, con una madre afectada por una enfermedad degenerativa y varios hermanos con discapacidad. Durante la etapa escolar, su discapacidad lo situó en ocasiones en el centro de las burlas y la estigmatización al diferente. El verdadero impacto de una compañía se mide en su capacidad de mejorar la vida de las personas y de impulsar un progreso colectivo más humano y sostenibleLaura González Molero, presidenta de DKVMaría Elena y Alfredo son los protagonistas de Cómo habitar un cuerpo, un documental disponible en Amazon Prime Video producido por Documentales en Canarias y Zebra Producciones, y apoyado por la Fundación Integralia DKV. El largometraje refleja su transformación íntima y profunda, que responde al deseo de vivir con más libertad dentro de sus propios cuerpos.Recuperar una relación más libre“Me interesaba alejarme de cualquier relato ejemplarizante y acercarme a algo mucho más difícil de filmar: la intimidad de quienes intentan recuperar una relación más libre consigo mismos”, aclara el director del documental, Cristóbal Osete. “La cámara no busca explicar a Elena y Alfredo, sino acompañarlos. Permanecer cerca de ellos el tiempo suficiente como para que aparezca algo verdadero”.La película habla del miedo, de la mirada ajena, de la fragilidad y del deseo. Pero, sobre todo, de la posibilidad de seguir construyendo una vida propia sin tener que justificarse constantemente ante el mundoCristóbal Osete, director de 'Cómo habitar un cuerpo'María Elena perdió las dos piernas y vive con prótesis. En la película atraviesa un momento de reapropiación: dejar progresivamente la silla de ruedas y volver a confiar en su capacidad de caminar, de moverse, de lanzarse al mundo. “Durante muchos años me costó hablar de lo que viví, pero hoy siento que compartirlo puede ayudar a otras personas. Mi historia no habla solo del dolor, habla sobre todo de la reconstrucción, de aprender a quererse, de aceptar lo que uno es y de descubrir que siempre hay una segunda oportunidad”, explica María Elena, que ha vivido la película como “un acto de valentía y también de reconciliación conmigo misma”. El temor a recaerAlfredo convive con su dolencia en la cadera, que ha condicionado su forma de moverse y de relacionarse con el propio cuerpo. Tras siete operaciones, su situación física ha mejorado, pero ha abierto otra dimensión: el miedo. El temor a recaer, a lesionarse de nuevo, a perder lo ganado. Allí donde antes había intensidad y libertad, aparece ahora una contención que lo atraviesa todo.Creemos que la inclusión real empieza cuando dejamos de mirar la discapacidad y empezamos a confiar en las capacidadesJavier Vega de Seoane, presidente de la Fundación Integralia DKV “El documental ha sido una oportunidad para mirar mi vida con perspectiva y entender todo lo que he sido capaz de recorrer. No es solo una historia sobre la discapacidad, sino sobre cómo uno aprende a vivir, a adaptarse y a seguir adelante, incluso cuando las cosas no salen como esperabas”, expone Alfredo. “Significa dar visibilidad a muchas realidades como la mía y demostrar que, con todas las dificultades, es posible construir una vida plena”.María Elena vive ahora en Madrid. Alfredo, en El Prat de Llobregat (Barcelona). Aunque no se conocen, ambos trabajan en la Fundación Integralia de DKV, entidad referente en inclusión y comprometida con la causa de la discapacidad. La fundación cuenta con 660 empleados, de los cuales el 98 % tiene discapacidad, con un promedio del 43%. Unas 10.000 personas con discapacidad se han beneficiado a lo largo de 25 años de los programas de formación y acompañamiento al empleo de la Fundación Integralia DKV en España, Polonia, Portugal, Colombia, Perú, Chile y la India.Barreras invisibles en las empresas“Con El cuerpo que habito queremos acercarnos a la vida tal y como es y lanzar un mensaje claro: todavía existen barreras invisibles en nuestras empresas que impiden ver el talento que hay en cada persona", detalla Javier Vega de Seoane, presidente de la Fundación Integralia DKV. “Creemos que la inclusión real empieza cuando dejamos de mirar la discapacidad y empezamos a confiar en las capacidades”.Laura González Molero, presidenta de DKV, comparte el mismo concepto de empresa: “Creemos que el verdadero impacto de una compañía se mide en su capacidad de mejorar la vida de las personas y de impulsar un progreso colectivo más humano y sostenible”.La exclusión, una anomalía del entornoEl documental, que sigue a los protagonistas en diversas facetas de sus vidas, presenta el empleo inclusivo como motor de la soberanía personal. La exclusión es una anomalía del entorno y de las empresas, no una incapacidad del cuerpo. La discapacidad aparece como una circunstancia vital, jamás como la identidad de la persona. No es la condición física de Elena y Alfredo la que limita sus vidas, sino la falta de accesibilidad y las barreras sociales que están a su alrededor. Al final de la película, Alfredo aparece con una tabla de surf. Elena se lanza a una atracción de feria. Después del miedo, todavía hay espacio para el disfrute, como señala Cristóbal Osete: “La película habla del miedo, de la mirada ajena, de la fragilidad y del deseo. Pero, sobre todo, de la posibilidad de seguir construyendo una vida propia sin tener que justificarse constantemente ante el mundo”.