Opinión
Editorial
EDITORIAL¿Qué necesitan los partidos políticos para demostrar contrición, renovación y coherencia?
En cuatro décadas de democracia guatemalteca se contabilizan al menos 95 partidos políticos extintos. Entre estos figuran algunos que aparentaron ser promesas renovadoras y terminaron como bisagras chirriantes, cascarones caciquistas —que los sigue habiendo—. No se puede dejar de mencionar a corros oficialistas que alguna vez presumieron de omnipresentes y terminaron repartidos entre financistas, dirigentes y arribistas.
Algunos partidos muertos reencarnaron con logos de animales, gestos de manos y símbolos que más parecen figuras de lotería, gracias a variopintas teorías de mercadotecnia política, ofertas de estrategas que ganan aunque no ganen, así como por obvia necesidad de reciclaje y mímesis. Entre los más abyectos figuran aquellos partidos, “Patriota” o “Líder”, que simulaban peleas pero eran la misma mezcla de demagogias y peroratas intrascendentes. Algunos de sus más conspicuos tránsfugas ya caminan con ínfulas del rey de la fábula en otros cuerpos partidarios. Tampoco faltan trasnochados exestrategas que se cansaron de ver ganar dinero a los candidatos en campaña y decidieron construir su propio armatoste blanco, a ver qué cae.







