Juan Diego Botto (Buenos Aires, 1975) tiene escondida una máquina del tiempo en un trastero disparatado lleno de atrezzos, máscaras, candilejas y pelucas al que casi nadie se atreve a entrar. Solo así se explica que haya conseguido devolver España a aquellos tiempos en que la gente llenaba los teatros y muchos se quedaban sin entrada, un entusiasmo que la mayoría de los amantes de la escena jamás habíamos vivido antes. Cuando se le dice, es el único momento en que se le escapa un gesto casi chulesco, de guaperas autocomplacido. Pero es solo un instante. Actor, director y escritor, habla como un soldado de la cultura combativa. Con dulce violencia. En noviembre empezará a dirigir su segundo largometraje.PublicidadLa primera cuestión es inevitable en estos días. Y no se la planteo a Juan Diego Botto. Va para Federico García Lorca. Te tuviste que meter tanto en el personaje... Llevas no sé cuántas representaciones y unos 100.000 espectadores de Una noche sin luna. Así que le pregunto al Federico que llevas dentro. Las bibliotecas de Madrid lamentaron este 18 de julio tu fallecimiento, no tu asesinato. El fascismo negacionista de sus propios crímenes ha llegado hasta las bibliotecas, tus amadas bibliotecas. ¿Te provoca tristeza? ¿Lo observas con cierta ironía? ¿Con temor por esta España? ¿Cómo lo ves desde la muerte y la distancia, Federico?Me da mucho pudor responder como Federico. A pesar de tanto tiempo en su piel, no creo estar ni de lejos a la altura de su autoridad moral como para responder desde Federico. En una de sus últimas entrevistas él decía que, en la época actual, el artista no debe ser neutral, que debe abandonar el ramo de azucenas y meterse en el barro hasta la cintura para ayudar a los que buscan azucenas. Decía que si no ganaban las próximas elecciones —él apoyó al Frente Popular públicamente—, ya podían despedirse de su España; los echarían, si no los mataban. Desde la no neutralidad de Federico, desde la toma de partido de Federico, en esos testimonios está ausente el nombrar quién lo mató y por qué lo mataron. Nombrar a los verdugos es importante. Hay que decir que Lorca fue asesinado por el fascismo en España, que Queipo de Llano fue uno de los principales responsables del asesinato y no solo de Federico. Ese hombre fue un genocida que exterminó a mucha gente en Andalucía, a decenas de miles. Hay que decir que Lorca fue asesinado por sus ideas, por su vínculo con la República, por ser rojo, por ser, desde luego, también homosexual, por su cercanía, por su participación en La Barraca, que estaba financiada con dinero de la República, y por su compromiso social. Desde que tenía 17 años y empezó a escribir, ya tenían enfilado a Federico. Esa tibieza de las bibliotecas de Madrid, sus amadas bibliotecas... Federico inauguró la biblioteca de Fuente Vaqueros y tiene un texto increíble, un discurso maravilloso."Dame medio pan y un libro", creo que decía.Exacto. Ahí tiene la famosa frase: "Si yo tuviera hambre pediría medio pan y un libro". Es una conferencia en la que cita a Marx, a Lenin, a Nietzsche, a Cristo. No ahorra referencias políticas e ideológicas. No fue nunca un hombre tibio, Federico. Y creo que lamentaría mucho lo que la aparente neutralidad suele esconder: es una toma de partido por el bando de los verdugos.Oye, desde hace tiempo, siempre que hablo con gente vinculada al arte, sobre todo al arte dramático, al teatro y al cine, les pregunto si sobrevivirán a un gobierno con una mayoría aplastante de Partido Popular y Vox, como anuncian las encuestas. En cuanto Vox llegó a los gobiernos locales y autonómicos empezó una criba tremenda. Se anularon espectáculos, sobre todo teatrales, de temática feminista, LGTBI, sobre memoria histórica o los crímenes del franquismo. Esta gente son enemigos del arte y de la verdad, y nos lo van a demostrar con sus políticas. ¿Sobreviviréis los teatreros?Bueno, hay una frase de Bertolt Brecht que dice: "Se cantará también en los tiempos oscuros". El arte siempre sobrevive. Es muy difícil hacer futuribles, imaginar, especular sobre qué van a hacer o qué dejarán de hacer. Lo que sí podemos ver es lo que han hecho y quiénes son sus referentes. La extrema derecha española, encarnada en Vox y en algunos aspectos por el Partido Popular, no deja de decir que su referencia es, por ejemplo, Javier Milei. Milei ha desfinanciado el cine argentino: el INCAA, el Instituto de Cine Argentino. Han paralizado de forma casi total la producción de cine en Argentina. El teatro sobrevive porque recibía ya poca o ninguna ayuda pública, pero el ataque a la cultura ha sido atroz en Argentina.También el ataque a la ciencia. Milei está desmantelando el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas. No solo ha reducido drásticamente sueldos y financiación. Desde hace tres años, ya no se aprueban nuevos proyectos científicos.Exacto. Con lo cual, si ese es su referente, si ese es el modelo al que aspiran, un mundo sin cultura y sin ciencia, están marcando el camino. "Queremos ser como Milei". Pues Milei es un hombre que quiere vivir en un mundo sin cultura y sin ciencia. Y está bien saberlo. Por más que digas obviedades, parece que la gente no quiere ver y prefiere ir hacia adelante con voluntad de quemarlo todo. Eso es lo que hay y es posiblemente lo que nos encontraremos si se concreta ese gobierno PP/Vox.PublicidadEn los márgenes es una película que me dolió. Eres un director duro. Los malos productores dicen que hacer daño aleja al gran público, y quizá tengan razón. Pero yo creo que el arte tiene la obligación, en determinados momentos, de hacer daño. ¿Querías hacer daño?Hay sentimientos que a veces provoca el arte y a mí me gustan como espectador: son la indignación y la rabia. Grandes películas me han conmovido dejándome una sensación de indignación, porque he descubierto mundos que desconocía desde miradas que desconocía.Ponme un ejemplo de una película que te haya dolido de verdad.Ladybird, Ladybird. Es una película de Ken Loach donde a una mujer le quitan la custodia de sus hijos. Es atrozmente dura, de las cosas más violentas que he vivido en una sala de cine. Tierra y Libertad, por ponerte otro ejemplo de Ken Loach, donde la indignación, la rabia frente al abuso de lo que significó el ascenso del franquismo, también la historia del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), te generam indignación y rabia. Pero son muchas películas. Z, de Costa-Gavras, también te va generando indignación: "¿Pero cómo es posible? ¿Cómo es posible?". Missing, del propio Costa-Gavras.¿Pensabas en estas películas cuando estabas escribiendo y planificando En los márgenes?Uno no piensa concretamente en esas películas. Lo que pasa es que las lleva dentro. Yo no tenía conscientemente la voluntad de decir: "Voy a intentar hacer algo como…". El arte que a uno le gusta lo lleva dentro y quieres hacer cosas que a ti te han gustado como espectador, que tú has disfrutado como espectador. Además, el cine puede ser una incitación a la acción, una invitación a la acción, a la reflexión. Una reflexión que conlleve una movilización activa.PublicidadEsto me lo dicen muchos artistas y muchos cineastas. He entrevistado a unos cuantos en estos Errores y lo que yo noto es que sí, que vosotros os estáis moviendo, apretando. Pero, sin embargo, no veo que eso se traslade a la sociedad. ¿Llegáis o no llegáis? La gente os ve. Y también os ven los fachas. A los fachas también les gusta vuestro cine y vuestro teatro. Pero claro, salen de la sala y vuelven a ser las mismas personas intolerantes y horribles.Evidentemente, una película o una obra de teatro no van a cambiar el mundo. Pero un conjunto de obras de arte puede contribuir a generar preguntas. Recuerdo que, en un pueblo de Valladolid, hicimos una función hace años de Una noche sin luna. Era una audiencia más conservadora que la que suele acercarse a ver una obra de Juan Diego Botto. Al día siguiente, yo estaba saliendo del hostal con mi bolsita, con mi maleta, y me encuentro de frente a una mujer que llevaba un abrigo de piel: "¿Tú eres el artista?". Digo: "Sí, supongo que sí, sí". "Pues te voy a decir una cosa. Jamás en mi vida pensé que yo iba a llorar la muerte de Federico García Lorca". Me quedé con dos cosas de ese encuentro. Por un lado, la mujer tenía necesidad de decirme: "A mí Federico García Lorca y su muerte me dan absolutamente igual…, y, sin embargo, ayer lloré. Estás en las antípodas de mi ideología, pero conseguiste conmoverme". Algo se llevaría, alguna reflexión se llevaría. Evidentemente, el público no va a salir rabioso y con ganas de movilizarse. Pero es posible que se haga alguna pregunta. Ahora, esa pregunta aislada no va a ningún sitio. Lo que han sabido muy bien las derechas de toda la vida es generar esas sinergias que producen pensamiento. Ellos tienen las escuelas concertadas, las universidades, los medios de comunicación, las academias de derecho, las editoriales, los espacios donde se genera el pensamiento. Pero los que luchan contra lo establecido y contra la acumulación del dinero en pocas manos, no tienen poder económico, ni académico, ni pueden generar esas sinergias. Nunca lo hemos tenido y así nos va.Ese desprecio por la cultura refleja el deseo de someter a un pueblo inculto para manejarlo mejor.Claro. Su desprecio a la cultura es a la cultura contestataria. La cultura que a ellos les gusta, la defienden. Durante el franquismo, las loas a José María Pemán eran inagotables. No es que no les guste la literatura. De hecho, intentan rescatar y descafeinar lo que es inevitablemente bueno. Se hicieron muchos esfuerzos por destilar a Federico García Lorca de todo su posicionamiento político: "Vale, todo el mundo en su conjunto, el planeta Tierra alaba a este poeta. Es evidente que no podemos decir que es malo. Vamos a intentar destilar toda su ideología política y venderlo como algo folclórico". Y así han vendido a Lorca durante muchos años. Su problema no es con la cultura, es con la cultura contestataria. Eso es lo que molesta.Le pusiste Salma a tu hija, un nombre árabe que apela a la paz. Me da la impresión de que no es casualidad que Olga [Rodríguez, su compañera, reportera] y tú le hayáis puesto un nombre pacifista y árabe a vuestra hija, no sé por qué.Tengo la inmensa suerte de haber encontrado en mi vida a una persona excepcional y que todos los días me hace ver el mundo de manera distinta. Es enormemente lúcida, enormemente combativa y enormemente aferrada a los valores de derechos humanos y, sobre todo y por encima de todo, a la voluntad de construir un mundo en paz. Ella, que ha vivido guerras, sabe lo que producen. Así que, cuando estábamos pensando nombres, a mí se me ocurrieron algunos absolutamente peregrinos y absurdos. Y cuando apareció el de Salma, cuando Olga mencionó el nombre de Salma y lo que significaba, fue claro y contundente. No tuvimos dudas.Ponerle un nombre árabe a la niña es una provocación para los españolazos de banderita, Juan Diego.Si hay algún lugar en el mundo donde es pertinente poner un nombre árabe a un niño, es en España. La mitad de los pueblos de este país tienen nombres árabes.Madrid, aunque Ayuso no lo sepa.Empezando por Madrid. ¿Cuántos pueblos de este país tienen un nombre árabe, claramente árabe? Es un homenaje a la tierra en la que estamos. El mundo árabe es también la tierra en la que estamos.Has trabajado con muchos de los grandes directores españoles. ¿Cuál fue el que peor te lo hizo pasar? El más maniático, el más insoportable, el más cabrón.No voy a decir su nombre, pero viví una anécdota divertida. Supongo que el director tenía muchas dudas o ciertas inseguridades, no sé. Un día teníamos una secuencia, posiblemente la más complicada de la película, y estábamos otro actor y yo, y el director tenía una cámara, una minicámara. Estaba como mirando el espacio. Empezamos a ensayar. Entonces, el tipo empieza a grabarnos y a caminar un poco hacia atrás. Era un estudio cerrado. Siguió caminando hacia atrás, hacia atrás, hasta que se fue del estudio y no volvió. Ese día no volvió. Cuando pasó una hora, dos horas, dijimos "No, este señor no va a volver". Entre el ayudante de dirección, el director de fotografía y los actores, montamos la secuencia. Es una de las cosas más surrealistas que me han pasado en un rodaje: tener un director que no supo enfrentarse a una secuencia y se fue. Literalmente, desapareció.Cuando dirigiste En los márgenes, tu primer largo, ¿tenías miedo a salirte tú también del escenario con tu cámara?Sí, lo tenía. Antes de empezar un proyecto todos tenemos miedo. Justo esta mañana hablaba con un actor, un excelentísimo actor que está ensayando una obra de teatro, y hablábamos del miedo, de que da igual la cantidad de veces que lo hayas salido a escena. Me decía: "Si te llaman desde Kazajistán, cógelo, que soy yo, que he salido corriendo". Subirte a un escenario, estrenar una función, da miedo. Pero, curiosamente, el miedo es siempre previo. Uno tiene miedo el minuto antes de salir a escena, el día antes de salir a escena. Sientes ese temor, ese miedo, la semana antes de empezar a rodar. Con En los márgenes, mi primera y única película, esa semana previa tenía un montón de miedos, de temores, inseguridades. Pero una vez que empecé a rodar, todo eso desapareció. Me di cuenta de que el temor es a que te planteen preguntas para las que no tengas respuesta. Pero, cuando llegas al set de rodaje, has pasado tanto tiempo escribiendo ese guion, pensando en cómo lo vas a rodar, imaginando los personajes, ensayando con los actores, que realmente las respuestas, si realmente has trabajado mínimamente bien, salen solas. Las respuestas están dentro de ti sin que seas demasiado consciente.PublicidadHas dicho que de momento tu primera y única película con una sonrisa un poco pilla. ¿Estás preparando algo más en cine?Sí, sí. Estoy preparando mi segundo largo. Empiezo a rodar ahora en noviembre.¿Se puede adelantar algo?De momento, no. Hasta que me autoricen, no puedo decir nada. Pero bueno, estoy contento. Creo que es un buen guion. Han sido dos años más o menos de escritura y hay un bonito reparto. Evidentemente, es cine con tinte social. Tengo muchas ganas de empezar.Actuaste por primera vez en Buenos Aires en 2023, con Una noche sin luna. Fue la primera vez que te subiste a un escenario en el país donde naciste. Tuvo que ser una experiencia bastante especial. Sin duda, te tuvo que traer pensamientos sobre tu padre [secuestrado y asesinado en 1977 por el dictador fascista Jorge Rafael Videla cuando Botto tenía dos años].Sí. Era la primera vez que hacía teatro en Argentina. Yo había rodado Martín (Hache) allí, también Roma, Las viudas de los jueves. Había hecho cine, pero nunca teatro en Buenos Aires. Era uno de mis grandes sueños en la vida. Tuve la inmensa suerte de que nos invitaron al Teatro San Martín. El Teatro San Martín, aparte de ser el gran teatro de Buenos Aires, el teatro oficial, el teatro público de Buenos Aires, fue el teatro donde mis padres se hicieron novios [su madre es la actriz Cristina Rota, en cuya academia Botto estudió interpretación]. Se conocieron en una escuela de teatro. El director de aquella escuela, años después, montó Romance de lobos, de Valle-Inclán, en ese mismo Teatro San Martín, y contaba con Diego Botto y con Cristina Rota. Ahí fue donde empezaron a salir. Cuando llegué a ese teatro, era inevitable pensar: "Estoy en el teatro donde se conocieron mis padres". Donde surgió la historia que dio origen a mis hermanas y a mí. Fue muy especial. Pasó algo la última noche, en la última función. Todo ese viaje estuvo cargado de recuerdos, de memoria. Viajé con toda mi familia: mi compañera, nuestra hija, mis hermanas, sus parejas, hijos, mi madre, e hicimos un recorrido por los espacios de memoria fundamentales de la ciudad de Buenos Aires. Estuvimos en el Museo de la Memoria, estuvimos en la Escuela de Mecánica de la Armada, donde secuestraron y asesinaron a mi padre. Estuvimos con abuelas, con madres [de desaparecidos]. Y el día de la última función, está a punto de levantarse el telón, y empiezo a escuchar que el público al unísono grita algo que no consigo descifrar. Hasta que presto un poco de atención y noto que están diciendo: "Madres de la Plaza, el pueblo las abraza". Acababan de entrar Estela de Carlotto y Taty Almeida, las presidentas de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo. Me emocioné muchísimo. Empecé a llorar. La regidora me dijo: "Levantamos telón". Yo me negué: "Para, para, para, para, para". No podía dejar de llorar: "Necesito..., dame un minuto". Lloré hasta que superé la emoción y empezamos. Fue la última función en Buenos Aires, nuestra despedida, y algo que no olvidaré nunca.PublicidadMe has emocionado a mí, cabronazo, que voy de tipo duro.Fue muy emocionante, de verdad.¿Cuál fue el gran error de tu vida?Es que cometo tantos errores, tantos errores. He hecho proyectos por dinero y he hecho películas malísimas por dinero. Cuando se hacen porque lo necesitas, porque no tienes otra cosa y tienes que comer, y tienes una casa que pagar y una hija, yo no juzgo esos trabajos. Esas decisiones. Me da igual lo mala que sea la película. Nunca hay indignidad en trabajar.Venga. Algo tienes que haber hecho rematadamente mal.Vale. Me ofrecieron la posibilidad de trabajar en una de las mejores películas de la historia de este país, que fue el nacimiento de un joven director que hoy es uno de los grandes clásicos de nuestro cine. Y yo recuerdo leer ese guion y pensar: "El guion es excepcional, pero no hay ningún director en este país que lo sepa hacer bien". Ese guion era Tesis.Me lo estaba imaginando.Gran error: Alejandro Amenábar sí supo rodarlo muy bien.