El último informe de Compassion in World Farming (CIWF), publicado el 25 de agosto y cuya autora es la dra. Elena Lara, asesora sénior de investigación y políticas de CIWF, ha dado la voz de alarma. La organización internacional denuncia que las macrogranjas donde son criados, tras haber capturado masivamente a poblaciones salvajes enteras, amenazan con volver a poner en peligro a los atunes rojos. El porvenir de la especie podría verse amenazado.
La rápida expansión de la pesca y cría en cautividad de este gigante del Atlántico, cuya naturaleza no está hecha para vivir –ni morir– confinado, podría estar en el origen de este temido escenario. Además de favorecer una posible extinción, la industria provoca sufrimiento animal y la pérdida de biodiversidad marina, debilitando también el sistema alimentario global.
Cristina Rodrigo Ruiz, responsable global de campañas de Compassion in World Farming, advierte de que “la cría intensiva de atún no es un problema lejano ni abstracto. Está sucediendo en nuestras propias aguas y frente a nuestras costas. Y la industria está creciendo a un ritmo vertiginoso: ha pasado de 13 granjas autorizadas en 2006, a 123 en 2026”.
Atunes capturados vivos y encerrados en un momento crucial para su reproducción







