NoticiaEl fuego puede matar, asfixiar y deshidratar a la fauna, pero también destruir sus refugios, fuentes de alimento y sitios de reproducción.La destrucción de hábitats, la contaminación de fuentes de agua y la ruptura de corredores ecológicos amenazan la supervivencia de especies que logran escapar de las llamas. Foto: Redes socialesPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD24.08.2026 16:56 Actualizado: 24.08.2026 16:56
Dos crías de yaguarundí deshidratadas y con los bigotes chamuscados en Neiva. Un ocelote, una zarigüeya con crías y una guagua a la espera de tratamiento en un centro de valoración en Tolima. Un venado cola blanca y un armadillo que no lograron escapar a tiempo. Detrás de cada cifra del balance oficial de incendios forestales hay un animal —o una población entera— que perdió su refugio, su alimento o su vida. Y según los expertos consultados, lo que se ve en los reportes de rescate es apenas la superficie de un daño mucho más profundo y duradero. LEA TAMBIÉN De acuerdo con el balance más actualizado de la UNGRD, a este 24 de agosto, Colombia hace seguimiento a 15 incendios forestales: 12 activos y 3 controlados, concentrados en Tolima, Huila y Caldas. En los últimos siete días se liquidaron 84 incendios y el fuego ya ha afectado 276 hectáreas entre eventos activos y controlados. Tolima concentra la mayoría de los focos activos —en Suárez, San Luis, Armero, Coello, Guamo, Ambalema, Ataco y Líbano—, mientras Huila y Caldas registran un incendio activo cada uno.Expertos advierten que las consecuencias ecológicas de la emergencia apenas comienzan a verse. Foto:Redes socialesEn paralelo, las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) han reportado al menos 71 animales silvestres afectados en las últimas semanas: 32 llegaron con vida a centros de atención, 15 murieron y 9 pudieron ser liberados de nuevo a su hábitat tras superar el episodio. Cortolima, en Tolima, concentra el mayor número de casos, con 28 ejemplares entre vivos y muertos, entre ellos un ocelote, cinco zarigüeyas lanudas, un borugo, un venado cola blanca y dos armadillos.‘El impacto va mucho más allá de la mortalidad directa’Para Juanita Aldana, bióloga con maestría en Geografía y doctorado en Ecología, e investigadora del Departamento de Ciencias Naturales y Exactas de la Universidad del Norte, reducir el efecto de los incendios a los animales que mueren quemados es apenas una parte del problema. La magnitud del daño, explica, depende de qué tan intenso, frecuente y extenso sea el fuego: entre más grande el área afectada, más lejos deben desplazarse los animales para encontrar refugio, y menores son sus probabilidades de sobrevivir.También depende de las características de cada especie. Aves y murciélagos, con mayor capacidad de vuelo, suelen verse menos afectados que mamíferos de baja movilidad, anfibios o reptiles. Pero incluso dentro de un mismo grupo hay excepciones: mientras algunas aves paseriformes pueden volar largas distancias para huir, otras —como ciertos hormigueros asociados estrechamente al bosque— simplemente no se alejan de su territorio, aunque eso signifique quedar atrapadas. LEA TAMBIÉN Juanita Aldana investigadora del Departamento de Ciencias Naturales de la Universidad del Norte. Foto:UninorteA esto se suma un factor menos visible: el humo. Aldana cita estudios recientes en Estados Unidos que han encontrado que el humo de los incendios forestales reduce la actividad vocal de las aves en época reproductiva, lo que puede traducirse en menor éxito reproductivo y mayores dificultades para defender su territorio. Y cuando los animales logran escapar y llegar a otras zonas, deben competir por recursos con las especies que ya viven allí.“Los incendios pueden afectar cada especie de manera aislada, pero también modifican todas las interacciones ecológicas entre las especies”, señala Aldana, quien recuerda que muy pocas plantas —como el ocobo, cuyo tronco corchoso lo hace resistente al fuego— han desarrollado adaptaciones para sobrevivir a las llamas. “La gran mayoría de las especies de nuestros ecosistemas se ven afectadas negativamente por este gran problema”.Las especies y los grupos más vulnerablesDiego Becerra, profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de La Sabana, coincide en que los más golpeados son los mamíferos pequeños, las crías, los reptiles, los anfibios, las aves, los insectos y otros invertebrados, en particular aquellos que habitan en el suelo, la hojarasca o la vegetación baja, con pocas posibilidades reales de escapar.Becerra explica que el fuego no solo mata por quemaduras: el choque térmico, la asfixia por inhalación de humo y el estrés respiratorio también cobran vidas. Además, el humo puede provocar irritaciones sensoriales que alteran la vista y el olfato de los animales, afectando su capacidad para detectar presas o depredadores. A esto se suma la destrucción instantánea de madrigueras y nidos, que elimina de un momento a otro los refugios y las fuentes de alimento de los sobrevivientes.Centros de atención y valoración reciben ocelotes, zarigüeyas, armadillos y otras especies afectadas Foto:Asocars / Archivo particularA mediano y largo plazo, el panorama no mejora: la fragmentación del hábitat rompe los corredores biológicos, aísla poblaciones, reduce la diversidad genética y desaparece polinizadores y dispersores de semillas clave para la cadena trófica. “Esto puede aumentar la competencia entre especies por el alimento, la exposición a depredadores y enfermedades, obligar a los animales a desplazarse hacia otras zonas urbanas o agrícolas y reducir la capacidad de recuperación de las poblaciones”, advierte Becerra.Un daño que no se queda en la tierraMagnolia Constanza Longo-Sánchez, profesora de la Facultad de Ciencias Naturales e Ingenierías de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y especialista en ecología de ecosistemas acuáticos, pone el foco en un impacto del que se habla menos: el de los incendios sobre quebradas, ríos, lagunas y humedales.Cuando arde la vegetación ribereña, explica Longo-Sánchez, las cenizas y los sedimentos terminan en el agua y la acidifican, lo que provoca la muerte de peces, microalgas, insectos acuáticos, camarones y cangrejos. Los organismos que intentan recolonizar esas fuentes de agua después del incendio tampoco lo logran fácilmente, porque las condiciones químicas ya son distintas a las que existían antes del fuego.La recuperación, advierte, puede tomar años. Longo-Sánchez cita el caso de una quebrada en Honda, Tolima, que su equipo monitorea desde hace tiempo y que sufrió un incendio en su bosque ribereño en 2019: tras el fuego, no volvieron a encontrar insectos ni peces en el cuerpo de agua, y solo empezaron a reaparecer ejemplares pequeños de peces y algunos grupos de insectos colonizadores hasta 2025, seis años después. Ese mismo bosque volvió a arder en 2026. LEA TAMBIÉN Al menos 71 animales silvestres han sido afectados en las últimas semanas. Foto:Redes socialesPor debajo del agua y del suelo, el daño también alcanza a los microorganismos. Según Longo-Sánchez, los incendios eliminan hongos y bacterias esenciales para ciclos naturales como los del nitrógeno y el fósforo, mientras las cenizas forman capas gruesas sobre la tierra que impiden que el suelo recupere su estructura original, lo que a su vez altera la biodiversidad y la calidad del terreno para futuras generaciones de plantas y animales.Longo-Sánchez también destaca un actor que rara vez aparece en los balances oficiales: los campesinos. En las zonas rurales, cuenta, es común que animales que logran escapar del fuego —sobre todo mamíferos y aves, pero también venados, armadillos, serpientes y borugos— busquen refugio en las fincas, donde son recibidos por sus habitantes mientras llegan las unidades de rescate especializadas. “La gente, los campesinos, tienen una labor muy importante en la protección de la fauna, porque ellos también saben atenderlos”, explica, en referencia a la experiencia que estas comunidades ya tienen cuidando ganado y animales de finca.Qué recomiendan los expertosBecerra es enfático en que, durante un incendio activo, la prioridad de las autoridades debe ser el control total del fuego y la seguridad de las personas; solo después se pueden activar los protocolos de búsqueda, rescate, estabilización y rehabilitación de fauna, en coordinación con las CAR, veterinarios, centros de atención y la Policía Ambiental. Aunque el país cuenta con estos mecanismos, advierte, incendios simultáneos y de gran magnitud —como los que hoy afectan a Tolima, Huila y Caldas— pueden superar la capacidad operativa disponible para rescate, transporte y atención veterinaria.Por eso, dice, el rol de la ciudadanía es clave, aunque limitado a lo que puede hacer con seguridad. Durante un incendio, lo más importante es no ingresar a las zonas afectadas ni intentar rescatar animales sin entrenamiento, y en cambio reportar su ubicación a las autoridades ambientales o a los organismos de emergencia. Después del incendio, la ayuda puede tomar otras formas: donaciones a centros de fauna y organizaciones reconocidas, voluntariado autorizado, suministro de recursos solicitados por las instituciones responsables e, incluso, la instalación de puntos de hidratación en las zonas afectadas. LEA TAMBIÉN Incendios en el Tolima Foto:Cortesía Gobernación del TolimaA largo plazo, coinciden los expertos, el aporte más valioso de la ciudadanía está en la restauración ecológica: participar en procesos de recuperación de fuentes de agua, reforestación con especies nativas y protección de corredores de conectividad entre ecosistemas. Y, como insiste Becerra, evitar siempre alimentar o llevarse animales silvestres a la casa, porque eso puede dificultar su recuperación y su regreso al medio natural.Mientras los equipos de emergencia siguen concentrados en apagar los focos activos, los tres expertos coinciden en un punto: el verdadero costo de esta temporada de incendios para la fauna silvestre del país se medirá no en los próximos días, sino en los próximos años.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud @CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.






