A fines de 1991 la estructura de la Fuerza era, básicamente, la misma que había surgido de la última reestructuración efectuada en 1964. En consecuencia, los modelos sobre los que se había basado estaban desactualizados. La Guerra de Malvinas demostró el fracaso del entramado doctrinal y operativo vigente. Además, las políticas de reducción presupuestarias agudizaron los problemas estructurales vigentes. Un proceso de transformación se imponía en el nuevo contexto geopolítico internacional, y las ideas centrales con miras al futuro fueron: nuevo sistema educativo; nuevo despliegue de fuerzas, racionalizado y optimizado; servicio militar voluntario; incremento de la participación de la mujer; integración con otros ejércitos de la región y del mundo; activa presencia en misiones de mantenimiento de la paz y desprendimiento de inmuebles innecesarios. Para concretar lo expresado contamos con la comprensión y el apoyo del presidente Carlos S. Menem. Todo está documentado en la “Memoria del Ejército Argentino 1992-1999” y refleja lo realizado por un excelente grupo de generales, oficiales y suboficiales, que lograron un cambio de pautas culturales, que el filósofo Rocco Buttiglione define como “movimiento, transformación y porvenir”, y entre otros aspectos sintetizó el proceso de modernización y equipamiento, para cumplir con nuestra misión principal: “Disponer en el marco específico y en el de la acción militar conjunta, de una capacidad de disuasión creíble, que posibilite desalentar amenazas que afecten objetivos vitales”.