"No estaba mal dise�ada la comunicaci�n de los militares durante la Guerra de las Malvinas�, dice el novelista Eduardo Sacheri. �Por un lado, estaban los comunicados del Estado Mayor Conjunto, que se emit�an tres veces al d�a o cuatro. Interrump�an la emisi�n de la radio: 'Las tropas enemigas se han replegado en la cota X', cosas as�. Proyectaban una imagen de seriedad castrense y profesionalidad. Luego estaban las publicidades de televisi�n. Estaban bien hechas, con m�sica pegadiza y buenos esl�ganes�.-Estaba esa frase famosa: �Estamos ganando�. Es una frase muy potente. Ahora la usa Trump.-Pero esa frase es de un medio privado. El 8 de mayo, antes del desembarco de los ingleses, la revista Gente sac� ese titular en su tapa con una fotograf�a de unos soldados argentinos, armados, a pie de tierra. Gente vend�a much�simo pero de aquel n�mero vendi� cuatro veces m�s de lo normal. Eso indica que no s�lo los militares estaban en la guerra. Era la sociedad argentina entera la que deseaba mensajes as�, los compraba y los celebraba. Hag�monos cargo. Puede pasar, las sociedades se equivocan. Pero miremos a la cara la realidad; Argentina quiso la guerra. Le pongo otro ejemplo: cuando Ronald Reagan medi� entre Argentina y Reino Unido, los militares no negociaron porque tem�an a su pueblo. Pensaban: si nos retiramos, nos matan los argentinos.Sacheri, autor de 10 novelas, incluida la historia de El secreto de sus ojos, llena su nuevo libro, Demasiado lejos (Alfaguara), con material de ese estilo: con los anuncios en televisi�n, las portadas de las revistas y las conversaciones de bar que ocurrieron en Argentina en los meses de abril, mayo y junio de 1982. Entre el desembarco de las tropas argentinas en las islas Falkland el 2 de abril y su expulsi�n de las Malvinas el 14 de junio, tras ser derrotadas. �Las Malvinas son nuestro Moby Dick�.Para saber m�sDemasiado lejos es una novela coral construida en collage: sus personajes son los clientes de una cafeter�a, los camareros que trabajan en la Casa Rosada, una diplom�tica de carrera, un capit�n de Marina oportunista, una familia de clase media que trata de salvar a su hijo del reclutamiento, otra familia que lleva un taller de coches y que cuelga la bandera argentina de su local, una adolescente enamorada, un militar que ha hecho carrera en los a�os de las torturas y los asesinatos... Algunos de esos personajes entienden el desastre que espera pero muchos m�s participan de la euforia.�Quer�a narrar la guerra a la m�nima altura. No en el nivel de Margaret Thatcher y los generales, sino en el de una sociedad en guerra. C�mo fue para los argentinos embanderarse, involucrarse, movilizarse y conmoverse, olvidando el hecho de su Gobierno era una dictadura militar�, dice Sacheri.Y, en realidad, el gran desaf�o moral que plantea Demasiado lejos consiste en decirle a sus lectores que aquel estado de enajenaci�n colectiva, aquella manera de abrazar la guerra de los odiosos Galteri, Videla y Viola, fue bonita. �Bonito es la palabra? �S�. Fue bonito. A veces es bonito equivocarse. O, mejor dicho, entender luego la equivocaci�n no quita aquel estado de alegr�a compartida. El entusiasmo fue real. Uno mira las im�genes de Galtieri saludando a la multitud enfervorizada y, �qu� puedo decir? Son im�genes reales. Eso existi�. Es interesante lo que el concepto de naci�n aglutina y m�s en Latinoam�rica, cuando el enemigo es una potencia europea. El nacionalismo no separa sino que une. Es un puro nosotros porque el ellos es distante�, dice Sacheri.Eduardo Sacheri.Javier Barbancho�Al principio, con el desembarco, la sociedad argentina no pens� que ven�a una guerra. La frase fue: 'Se recuperaron las islas y fin. Celebremos'�, contin�a el escritor. �Entonces, transcurri� abril y se hizo evidente que los brit�nicos iban a tratar de recuperar las islas por la fuerza. La sociedad pas� de la alegr�a al compromiso nacionalista: hay que hacer la guerra, de acuerdo. Hay que ganarla. El 1 de mayo empezaron los combates y, hasta el 13 de junio, la actitud fue la misma: ganemos la guerra. Tras la derrota, las manifestaciones fueron contra la rendici�n. Y de ah� pasamos a otra frase: 'El error fue de los militares'. La sociedad se autoexculp�. �Estuvo alguien en la Plaza de Mayo aplaudiendo a Galteri? No. �Mand� alguien dinero al Fondo Patri�tico, dijo alguien algo en los bares? No.No nos acordamos�.�Y los opositores de los militares? �El peronismo est� aplaudiendo en la plaza. Tambi�n la Uni�n C�vica Radical [el partido de Ra�l Alfons�n]. La novela empieza con una gran protesta contra los militares que hubo en la Plaza de Mayo el 30 de marzo. El 2 de abril, cuando se supo que los argentinos hab�an desembarcado en las Malvinas, volvieron a la Plaza de Mayo los mismos manifestantes para celebrar la noticia. Es lo m�s incre�ble del gen nacionalista. Se enciende el nacionalismo y se pone en pausa todo lo dem�s. Los partidos, los sindicatos, la Iglesia... Sus reclamos eran fuertes pero se pusieron en pausa hasta el 14 de junio. S�lo algunas organizaciones de derechos humanos como las Madres de Mayo se mantuvieron ajenas...�, explica Sacheri.�En la novela no aparece este detalle pero la c�pula de Montoneros, exiliada en M�xico, ten�a v�nculos de comunicaci�n con la c�pula militar e hizo saber al Gobierno que, si los llamaban, sus miembros ir�an a combatir con el Ej�rcito en las islas�.-Yo le le� una entrevista a Fito P�ez en la que contaba que los rockeros argentinos de su generaci�n se dejaron utilizar, que hicieron el idiota.-Como se prohibi� la m�sica en ingl�s, el rock en castellano, que hab�a estado casi prohibido, empez� a sonar en todas partes: Charly Garc�a, Spinetta, Le�n Gieco. Hubo recitales a beneficio de las tropas y el dinero no lleg� a tiempo. Ni siquiera lo robaron, se perdi�. Los rockeros hicieron el idiota, s�... En realidad, todos hicimos el idiota.