Un mes antes de comenzar el rodaje de El ser querido, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, la habitación de Victoria Luengo, su actriz protagonista, parecía la de una adolescente enamorada de Javier Bardem, su compañero de rodaje. "Imprimí una foto suya enorme y la pegué en la pared delante de mi cama para verla todas las noches antes de dormir y nada más levantarme", relata Luengo, en conversación con este periódico en el Espacio Movistar de Madrid. "También me puse una foto suya recogiendo el Óscar en el fondo de pantalla del móvil". ¿A qué se debía esta obsesión? Puro método: la misión de Luengo consistía en encarnar a Emilia, una hija que creció con la sombra del temprano abandono de su progenitor, Esteban, un director de cine famoso en todo el mundo. "Tenía que trabajar esa fascinación de Emilia por su padre, ya que es un padre ausente que ante todo ha tenido éxito, y por ello acaba viéndolo en todas partes menos en su propia vida. Está en la televisión, en los periódicos, hasta en la propia Wikipedia, donde descubre que aparece el nombre de su nueva mujer y sus otros dos hijos, nunca el suyo", explica la actriz, repleta de entusiasmo. "Trabajé el papel como ningún otro en mi vida. Quería tener la cara de Javier grabada en la mente para que, cuando le tuviera de frente, afloraran todas esas cosas que había escondido el personaje de Emilia a lo largo de su vida". Ahí reside la magia que despliega El ser querido y, en especial, el dúo interpretativo que conforman Luengo y Bardem, padre e hija en la ficción, que sin duda pasará a la historia del cine español. A lo largo de sus casi dos horas de metraje, asistimos a un juego de espejos y de miradas que lo dicen todo y convierten la narración en un iceberg narrativo en el que vale más lo que no se dice que lo que sí. Mucha tensión emocional e incomodidad para un nuevo ejercicio de naturalismo cinematográfico con el que Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña vuelven a demostrar que son únicos a la hora de dar a luz historias que parecen tan reales como la vida misma. Y que, por eso mismo, escuecen tanto. TE PUEDE INTERESAR A tal punto llega la catarsis colectiva de El ser querido que, como cuenta Luengo, un espectador fue incapaz de acabarla, saliéndose de la sala antes de llegar al final. "Me acerqué a preguntarle y me dijo que no la terminaría hasta que no tuviera una conversación con su hija", afirma la actriz. "Es algo que me impactó mucho, tendría unos cincuenta años". Una de las estrategias de Sorogoyen y Peña para conseguir que su narración sea incómodamente realista son los abruptos cambios de tono entre los personajes, que en apenas segundos pueden pasar de la risa al llanto. Algo que también se puede notar en Los años nuevos (2024) con el amor romántico como telón de fondo. En El ser querido hay una escena cumbre que se da en una jornada del rodaje de la película ficticia con la que el público en la sala rompió a reír para, apenas unos minutos después, guardar un silencio abrumador y contagioso que lo decía todo. Así, lo que en un principio desprende hilaridad y buen rollo, en cuestión de segundos pasa a generar pena, conflicto o violencia. Y ya deja de hacer gracia. Todo el mundo callado. "Nos gustó mucho mezclar la ficción del rodaje con la propia vida de los personajes, ya que es algo que nos pasa un poco a todos los que hacemos cine", confirma Sorogoyen, en otra entrevista para El Confidencial. "Cualquier persona que se dedique mucho a algo acaba mezclando su vida personal con la profesional, aunque creo que a los cineastas esto nos pasa más a menudo. Al final, la película trata sobre los relatos que nos hacemos, con los que convivimos y por los que seguimos adelante. Queríamos que estos dos personajes contaran una historia mientras están tratando de contarse la suya propia. Y, al hacerlo, no son capaces de ponerse de acuerdo entre ellos". "Es imposible mantener una relación con alguien con el que no compartes el mismo relato", añade Luengo. En efecto, la película arranca con una escena antológica entre Esteban (Bardem) y Emilia (Luengo), frente a frente, después de más de 15 años sin verse. Todo va bien hasta que, de pronto, Esteban hace mención a una anécdota para resultar cariñoso y acercarse a ella. Hasta ahí podemos contar, pero ya desde el principio emerge la moraleja de que aquello que nos separa o acerca a alguien no es tanto lo que haya pasado entre medias, sino la incapacidad de compartir un mismo recuerdo entre las personas implicadas. "Esto pasa en todo tipo de relaciones, en las rupturas amorosas también: si no tienes un mismo relato sobre una vivencia es muy difícil poder tener una vida en común con un ser querido", sentencia Luengo. "El dolor por el abandono es algo que nos une a todos", agrega Bardem El ser querido, es, por tanto, el ser abandonado. "Esta historia puede calar hondo porque toca asuntos medulares entre padres e hijos, independientemente de la relación más cercana o distante que haya habido entre ellos", responde Javier Bardem, por su parte, a este diario. "El dolor por el abandono nos une a todos, porque de alguna manera todos en algún momento nos hemos sentido así. El conflicto aparece en la relación de padre e hija que nunca existió, y mi personaje se esfuerza en recomponer". La culpa que siente Esteban (Bardem) es un tema recurrente en el cine de Sorogoyen desde El reino (2018), aunque de una forma muy diferente. "Tanto Isabel como yo crecimos en una sociedad judeocristiana donde ese sentimiento de culpa es muy frecuente", admite el director. "En El reino, la culpa que siente el personaje es tan grande que no se puede detener en ella porque sino se desmoronaría", añade Peña, por su parte. "Esteban es todo lo contrario a ese otro personaje. Mira a su sentimiento de culpa con un montón de herramientas a su alrededor. Intenta taparla o excusarse. Es incapaz de pedir perdón porque no puede aceptar lo que hizo". "Sostener la mirada a Javier es algo fuerte", recalca Luengo, repitiendo varias veces la palabra: "fuerte". Otra de las dimensiones del personaje de Esteban es encarnar a un hombre que carga con la fama de rudo debido a su pasado oscuro. En ese sentido, su personaje se contrapone a la persona de la vida real, pese a sus semejanzas, como es el hecho de haber triunfado con una brillante carrera cinematográfica y haber formado una familia muy vinculada al cine. "Es muy generoso, en el rodaje siempre me trató de tú a tú, con muchísimo respeto", afirma Luengo. "Victoria es una mujer extraordinaria y una actriz mayúscula, fue un lujo tenerla de compañera", corrobora él, por su parte. "Los dos hemos confiado en el proceso que nos propuso Rodrigo y hemos hecho el viaje de la mano. He aprendido mucho de ella". Pese a haber simulado una absoluta admiración hacia Javier Bardem a medio camino entre la realidad y la ficción, Luengo ahora conoce al Javier Bardem de verdad, lejos de todos los personajes que ha encarnado. "Y me encanta".
La obsesión de Victoria Luengo por Javier Bardem en 'El ser querido': "Me empapelé la habitación con su cara"
Hablamos con los dos actores de la nueva película de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña poco antes de su estreno, en la que interpretan a un padre y una hija marcados por la culpa y el abandono










