�Qui�n pudo haber escrito esto y en qu� libro publicado hace justo 250 a�os?: "El inter�s de los empresarios, en cualquier rama del comercio o de la industria, es siempre en algunos aspectos diferente, si no opuesto, al del p�blico".�Y esto?: "Cualquier propuesta de cualquier nueva ley o regulaci�n del comercio que viene de este grupo [los empresarios] debe ser siempre escuchada con gran precauci�n, y nunca deber�a ser adoptada hasta que hubiera sido examinada a fondo y cuidadosamente, con la atenci�n no solo m�s escrupulosa sino, tambi�n, m�s desconfiada". �Y, finalmente, esto?: "Nuestros comerciantes y grandes industriales se quejan mucho de los efectos negativos de los sueldos altos (...). No dicen nada de los efectos negativos de los grandes beneficios; callan en lo que ata�e a los efectos perniciosos de sus propias ganancias; solo se quejan de los de los dem�s". Las tres son de Adam Smith, com�nmente considerado el gran te�rico del libre mercado, en su obra can�nica, 'Una investigaci�n de la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones', que cumpli� el 250 aniversario de su publicaci�n el 9 de marzo pasado. El mundo habla m�s que nunca de Adam Smith mientras se mueve en la direcci�n opuesta a lo que quer�a el padre del libre mercado. Un padre del libre mercado que, por cierto, fue funcionario. Smith no solo cobraba del Estado. Su funci�n era, encima, asegurar el pago por los comerciantes de los aranceles a las importaciones, y combatir el contrabando. Y lo hizo muy bien. Seg�n la Universidad de Glasgow, "no vio [el cargo] como un t�tulo honor�fico, y se dedic� con empe�o a esa funci�n", en especial a la lucha contra el contrabando de whisky.Para Smith, ser aduanero no era ning�n problema. �l no se opon�a a los aranceles, que en el siglo XVIII eran la principal v�a de ingresos por impuestos de los Estados, ni a Gobiernos que construyeran infraestructuras, crearan un sistema educativo, o pudieran defender el territorio nacional. No era un 'libertario' o un ultraliberal, y mucho menos un 'anarcocapitalista'. Las ideas del presidente de Argentina, Javier Milei, o del 'tecnobro' de Silicon Valley, Peter Thiel - que se ha ido a vivir a ese pa�s con su marido e hijos -, le hubieran espantado. Sus enemigos eran los monopolios protegidos por los Estados. Por eso es de prever que nada le hubiera horrorizado m�s que los Foros de Davos, Sun Valley, Milken Institute...Hace 250 a�os dedic� a esos eventos pol�tico-empresariales otra joya: "Las personas del mismo sector rara vez se re�nen, aunque sea con fines de diversi�n, sin que la conversaci�n termine en una conspiraci�n contra el p�blico o en alg�n acuerdo para elevar los precios". La imagen de Donald Trump jurando el cargo el 20 de enero de 2025 con Elon Musk (700.000 millones de d�lares), Jeff Bezos (250.000 millones), y Mark Zuckerberg (209.000 millones), ocupando puestos m�s prominentes que los futuros miembros del gabinete del presidente le hubiera devuelto a la tumba. Lo mismo que el primer eslogan de Meta, la antigua Facebook: "Mu�vete deprisa y rompe cosas".Los verdaderos hallazgos de Smith, como el concepto de la especializaci�n y el rechazo a los monopolios y al proteccionismo, apenas son citados en el debate p�blico, que gira en torno a ideas que caricaturizan su pensamiento. Un ejemplo es la archifamosa 'mano invisible', que aparece solo tres veces en toda su obra, y nunca como una justificaci�n para dar libertad absoluta al mercado.Lo mismo pasa con su supuesta defensa del ego�smo como base de la sociedad. Es una caricatura que nace de la lectura parcial del c�lebre pasaje de La riqueza de las naciones seg�n el cual "no es de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero de donde esperamos nuestra cena, sino de su propio inter�s". Pero Smith hablaba de los intercambios en el mercado, no de la moralidad. De hecho, diecisiete a�os antes hab�a publicado otro libro, 'Teor�a de los sentimientos morales', dedicado a la idea de que las personas tenemos una capacidad natural para ponerse en el lugar de los dem�s —la 'sympathy', similar a la 'empat�a' del siglo XXI - que hace posible la vida en sociedad y, con ella, el mercado.Incluso a un nivel personal, el discreto, distra�do y enemigo de las pol�micas - aunque sus ideas las desataban, y bien tormentosas - Adam Smith est� en las ant�podas de los hist�ricos, broncas y ostentosos 'tecnobros' de Silicon Valley. No se conoce ninguna relaci�n sentimental seria y dej� pocas pistas sobre su vida privada. Vivi� con su madre gran parte de su vida adulta, hasta el fallecimiento de �sta, apenas seis a�os antes que el suyo.A diferencia de su gran amigo Hume, que es el pr�ximo personaje de esta serie, nunca hizo profesi�n de incredulidad, tal vez para evitar problemas profesionales y sociales. En su 'Teor�a de los sentimientos morales' hay referencias a la Providencia y a un orden moral del Universo, pero el consenso es que fue un cristiano heterodoxo o un de�sta: alguien que cre�a en un Creador que, tras haber hecho el Universo, se hab�a retirado, y con el que no existe comunicaci�n posible. Es una teor�a muy com�n entre los intelectuales de la Ilustraci�n anglosajona y francesa, que les serv�a para eludir los dogmas de las diferentes iglesias que dominaban la cultura de la �poca.Nunca sabremos las respuestas a esas preguntas. Adam Smith construy� una muralla entre su obra y su intimidad, y antes de morir orden� destruir gran parte de sus manuscritos. Sus albaceas, el qu�mico Joseph Black y el ge�logo James Hutton, obedecieron. Lo que escap� de las llamas fueron las ideas de un liberal en el sentido literal del t�rmino. Y, como tal, un humanista y un pragm�tico. Justo al contrario que muchos de los que se han autoproclamado sus disc�pulos.