El pensador, profesor y economista escoc�s se considera actualmente como alguien poco ordinario en sus enfoques y una persona rara en sus h�bitos.A dos siglos y medio de haber publicado La riqueza de las naciones, Adam Smith parece un extra�o Ad�n. Saludado como fundador, Smith, al rev�s que Ad�n, no fue el primero, ni en econom�a ni en liberalismo. En cambio, es sabido que era un hombre distra�do, como su tocayo, aunque no tanto como para creerle a las serpientes. E incluso en sus descuidos fue una persona extra�a.Dos nociones econ�micas sobresalen en el pensamiento smithiano. Una es la eficiencia de los mercados a la hora de satisfacer el inter�s social m�s importante: el de los consumidores. La otra es que el crecimiento econ�mico depende del marco institucional, de la productividad y de la extensi�n del mercado.Nada de esto remite a utop�as. Muchos economistas gustan de emplear la imagen de la mano invisible para representar la competencia perfecta, que no tiene nada que ver con el problema de Smith, que consist�a en explicar la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones -como reza el t�tulo de su libro sobre econom�a de 1776-.Tambi�n fue realista en su liberalismo. Como record� Francisco Cabrillo en EXPANSI�N, Smith no fue un anarquista, ni mucho menos. Le he definido en alguna ocasi�n como liberal matizado. Eso encaja con su habitual realismo, que no debe ser confundido con indefinici�n o relativismo, porque Smith era claramente un liberal en su confianza en la armon�a provechosa de personas interesadas en s� mismas, pero tambi�n en la comunidad, y en su recelo hacia los pol�ticos, los grupos de presi�n, y sus pr�dicas intervencionistas.Siendo un pensador poco ordinario en sus enfoques, tambi�n fue una persona rara en sus h�bitos. Los historiadores de la Econom�a disfrutamos con sus famosas an�cdotas que lo retratan como el t�pico sabio distra�do. En una oportunidad, paseando por el jard�n de su casa, se march� sin ser consciente de lo que hac�a, y camin� desde su Kirkcaldy natal hasta el vecino pueblo de Dunfermline, ambas poblaciones en el concejo escoc�s de Fife.Caroline Breashears, de la St. Lawrence University, apunt� enLaw & Liberty que estos episodios no retratan simplemente a un hombre despistado. Adam Smith era mucho m�s. Ya sus contempor�neos, como su disc�pulo y primer bi�grafo, Dugald Stewart, hab�an percibido que "Smith a menudo recordaba detalles de acontecimientos que se le hab�an escapado al propio Stewart: hab�a algo que permit�a a Smith concentrarse en lo que �l juzgaba importante". Este rasgo peculiar de personalidad ha motivado alguna especulaci�n sobre si el profesor escoc�s podr�a haber padecido alg�n trastorno del espectro autista, como el s�ndrome de Asperger. Sea como fuere, lo que es indudable es que Smith era una persona "sobresaliente en la observaci�n -en el sentido de examen met�dico- de asuntos relevantes para su trabajo, y los pod�a detectar en textos griegos o en los campos de Escocia. Edmund Burke se�al� este punto cuando ley� La teor�a de los sentimientos morales".Un extra�o distra�do, en efecto, debi� ser un pensador capaz de plantearse un gran plan intelectual que abarcase no solo la econom�a y la �tica -que logr� completar en sus dos �nicos libros publicados mientras vivi�- sino tambi�n la filosof�a del Derecho, la teolog�a natural, la epistemolog�a, la ret�rica, la est�tica y las bellas letras, adem�s de la historia de las instituciones y sistemas pol�ticos, como resume John Reeder en su estudio preliminar a los Ensayos Filos�ficos (Ediciones Pir�mide). A ese plan de considerable ambici�n se refiri� Smith en la advertencia que a�adi� poco antes de morir, en 1790, a la �ltima edici�n de Moral Sentiments, a�adiendo: "Creo que mi muy avanzada edad me hace abrigar pocas esperanzas de completar esa gran obra satisfactoriamente". No pudo hacerlo, en efecto.Concluye la profesora Breashears que Smith fue un profesor despistado que pod�a ver m�s que los dem�s. Por eso Dugald Stewart evoca los versos del obispo Barnard en los que elogia a Adam Smith porque "ense�a a pensar".
Adam Smith, un extra�o Ad�n
A dos siglos y medio de haber publicado La riqueza de las naciones, Adam Smith parece un extra�o Ad�n. Saludado como fundador, Smith, al rev�s que Ad�n, no fue el primero, ni...






