24 de agosto, 2026 - 08h00Hay discusiones que no buscan descubrir la verdad, sino demostrar quién puede imponerse sobre quién. En ese terreno se mueve una de las reflexiones más provocadoras de Arthur Schopenhauer en su obra El arte de tener razón. El tratado, publicado después de su muerte, reúne 38 estrategias relacionadas con las formas en que las personas intentan prevalecer en una controversia, incluso cuando sus argumentos no son necesariamente verdaderos.La enseñanza más interesante de esta obra no consiste en aprender trucos para derrotar al adversario. Su verdadero valor está en reconocerlos. Schopenhauer observa que, en muchas disputas, el orgullo, la vanidad y el deseo de no quedar mal terminan siendo más fuertes que la voluntad de aceptar un error.En la vida cotidiana lo comprobamos con frecuencia. Una persona puede presentar datos y argumentos sólidos, sin embargo, su interlocutor, en lugar de responder cambia el tema y descalifica al contrario. Así, la discusión deja de ser un camino hacia la verdad y se transforma en una competencia por conservar una posición.Esta reflexión tiene enorme vigencia en la política, las redes sociales, los medios de comunicación e incluso en los espacios profesionales. Muchas veces confundimos seguridad con conocimiento y vehemencia con razón. La gran lección es aprender a discutir sin convertir al adversario en enemigo. Tener razón objetivamente es diferente de conseguir que los demás crean que la tenemos. La primera depende de los hechos y la calidad de los argumentos; la segunda de la habilidad retórica.Quizá la verdadera sabiduría no consiste en ganar todas las discusiones, sino en saber cuándo argumentar, cuándo escuchar y cuándo reconocer que estamos equivocados. (O)Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, El Coca