La economía de España sumará este 2026 su sexto año consecutivo de expansión. Los grandes indicadores y ratios (PIB, ocupación, desempleo, deuda pública...) han mejorado notablemente. La ocupación supera los 22 millones, la tasa de paro ha caído por debajo del 10%, la deuda pública se encuentra en el 100% del PIB (un nivel elevado, pero 20 puntos por debajo de 2021) y las previsiones del FMI o Bruselas revelan que la economía seguirá presentando una mayor fuerza relativa en el corto y medio plazo. Ese crecimiento económico y la salud de la que goza el mercado laboral, aunque parezca contradictorio, está empezando a abrir pequeñas grietas en la economía que no deben pasarse inadvertidas. La fuerza de la demanda interna, la desaceleración de las exportaciones y el encarecimiento de ciertas importaciones (muchas de ellas no energéticas y procedentes de China) están elevando el déficit comercial al mismo tiempo que el endeudamiento por consumo de parte de los hogares acelera, una tendencia que a largo plazo puede ser insostenible o, como mínimo, peligrosa para la economía.Estos dos datos sobre la economía de España que por separado no dicen mucho, cuando se unen ayudan a comprender algo más lo que está sucediendo y hacia dónde puede 'desviarse' la economía nacional. Aunque la relación no es estrictamente de este modo, un incremento del crédito al consumo de los hogares que no se corresponde con un aumento de la producción y de la productividad interna, suele derivar antes o después en un déficit comercial que puede terminar convirtiéndose en un déficit por cuenta corriente (esto ya sería más grave). De forma sencilla, si la economía española no logra producir todo lo que demandan hogares, empresas, el propio Estado... esta carencia se suple importando más. Si eso sucede sin que las exportaciones crezcan al mismo ritmo, el déficit comercial está servido.