La costa uruguaya ofrece una gran variedad de paisajes, desde playas urbanas y exclusivas hasta reservas naturales como Cabo Polonio. Un faro de 1881, una enorme colonia de lobos marinos y, especialmente, la ausencia de servicios fueron un imán para que allí se asentaran bohemios y emprendedores, quienes dieron vida a este aislado destino hasta convertirlo en un emblema del turismo agreste.

La manera más tradicional de llegar es a bordo de camiones carrozados todo terreno, que parten desde una terminal ubicada al borde de la ruta, a 7 km del pueblo (6 en waypoints), e ingresan por huellas de arena (5). No obstante, existe una forma más aventurera de acceder: mediante senderos de trekking que conectan con el balneario Barra de Valizas (1) y recorren un parque nacional costero: un itinerario que puede realizarse en cualquier época del año, a través de un camino que atraviesa playas vírgenes, dunas móviles y bosques nativos, y que permite encuentros cercanos con la fauna marina.

Camino de ida

Habíamos arribado a Valizas en mountain bike, pedaleando de norte a sur para aprovechar los habituales vientos –aunque puede fallar–. Otra posibilidad era llegar en ómnibus, mediante la empresa Rutas del Sol, o en vehículo propio. Descansamos una noche y dejamos las bicicletas en custodia para salir temprano y aprovechar el día. Llevamos casi nada en las mochilas: lo indispensable de ropa, protector solar, agua y algún alimento energético. La consigna era viajar livianos, pernoctar en un albergue y comer lo que allí ofrecieran, dispuestos a sintonizar con el lugar.