La Ruta Vicentina, o Rota Vicentina en portugués, es uno de esos planes que permiten descubrir una cara muy distinta del país vecino. Recorre la costa suroeste portuguesa entre Sines y el Cabo de San Vicente, atravesando algunos de los paisajes más llamativos del litoral atlántico. A lo largo del camino aparecen playas tranquilas, acantilados, pequeños pueblos pesqueros y grandes espacios naturales donde el mar sigue marcando el ritmo de la vida cotidiana.

Mucha gente la conoce por sus senderos. Y no es para menos. La Ruta Vicentina se ha convertido en uno de los grandes destinos europeos para caminar junto al mar. Pero limitarla al senderismo sería quedarse corto. También puede recorrerse en coche, enlazando pueblos, miradores, playas y faros a través de carreteras que avanzan muy cerca de la costa. Es una propuesta que lo mismo cautiva a quienes quieren completar etapas a pie como a quienes prefieren viajar tras el volante y detenerse donde les apetezca.

Además, el recorrido permite conocer dos regiones muy diferentes entre sí, pero igual de interesantes: el Alentejo y el Algarve. En pocos kilómetros se pasa de amplios arenales casi vacíos a localidades encaramadas sobre los acantilados, siempre con el Atlántico como telón de fondo. Y entre parada y parada tampoco faltan buenos motivos para sentarse a la mesa: pescado fresco, marisco, recetas tradicionales y platos con intenso sabor a mar.