Opinión
Editorial
EDITORIALSea en el oriente o en la capital, la interrupción total o parcial de tránsito impacta en todos.
Dos puentes, distantes a unos 125 kilómetros entre sí, reflejan cómo los altos costos de la vulnerabilidad vial siguen golpeando a Guatemala: uno, el Güijó, en el kilómetro 111 de la carretera al Atlántico, derrumbado tras una mortal tragedia de tránsito; el otro, en el cruce del Anillo Periférico sobre la calzada Aguilar Batres, presenta graves grietas que ameritaron un refuerzo temporal en tanto se evalúa su estatus estructural. Los dos pasos inciertos ocasionan alteración de rutas, de cálculos logísticos y gastos de transporte, personal, de pasajeros o de carga.
El sábado 22, un tráiler fuera de control colisionó contra dos vehículos; perecieron cuatro personas y derrumbó el puente Güijó, en Usumatlán. Se cortó de tajo una ruta estratégica para el comercio, el abasto de combustibles y la exportación. Pero no solo afecta el tránsito desde o hacia Puerto Barrios, Izabal, sino también desde o hacia Zacapa, Chiquimula y frontera con Honduras. Ya hay maquinaria trabajando en un paso alterno. El cauce seco puede facilitar las labores, pero cualquier lluvia podría reactivar el afluente, lo cual debe ser previsto en tal acondicionamiento. La ruta “alterna” pasa por El Rancho y El Jícaro, pero no está hecha para soportar el intenso tráfico diario. Vecinos bloquearon temporalmente la vía por temor a un deterioro que después nadie arregla: también tal extremo debe preverse y planificarse en los trabajos de recuperación.










