El mes de agosto es de una gran densidad crítica. Es el mes, en el hemisferio norte, en que más gente y durante más tiempo se concentra con familiares o amigos a cualquier hora para beber algo y charlar, o con los vecinos, al pie del portal, para tomar el fresco y hacer lo mismo. Hoy y aquí, nuestras charlas suelen terminar con un “en fin…”, quizás con un “qué se le va a hacer”. Pero ya no “que sea lo que Dios quiera”. Andrea MartínezLa gente se ha vuelto más crítica. En general, se sabe más de la ley y los derechos, qué hace la gente y qué pasa en el extranjero. Se tiene más idea de lo socialmente aceptado. Más de la mitad de la juventud española tiene formación universitaria, y esto se nota también en el habla. Cuando, por ejemplo, un periodista se acerca con un micrófono, por algún evento, a un desconocido, él o ella suelen contestar con un vocabulario correcto.La pregunta que está en el aire es si a pesar de este mayor nivel educativo nos hemos hecho, en el mejor sentido de la palabra, más críticos. No criticones, pues de eso, de criticar sin tino ni miramientos, andamos en nuestro medio más bien sobrados. La crítica con fundamento es esencial para la salud democrática de un país y hace que la opinión de cada ciudadano tenga valor y sea respetada.En un régimen de libertad no se trata de saber quién tiene razón, sino quién tiene más razones para hablar de lo que habla. Todos merecen respeto, pero no todas las opiniones lo merecen, y esas son las que no se basan en hechos ni razones y no muestran, pues, un sentido crítico.¿Cómo andamos de sentido crítico? El sentido crítico está hoy en estado crítico. Nuestras generaciones están más preparadas que las anteriores en educación en general, pero quizá no en juicio crítico. Si ello es así, ¿qué nos falta? No es que criticar nos haga por sí mejores, pero ayuda a que lo seamos.Enséñese a leer, memorizar, razonar, y a ser imaginativos sin usar ChatGPTEl sentido crítico no es espontáneo; se aprende y hay que ejercitarlo. Decimos a los estudiantes: “Sed críticos”. Pero eso es como decir “ama” o “gústate”. Ya se ve lo que le cuesta a la humanidad aplicar el mandamiento de “Amaos los unos a los otros”. El “sed críticos” es un imperativo incumplible si no se está preparado para hacerlo, que incluye saber y querer hacerlo. Y quizás es eso lo que nos falta.Al criticar hay que hacerlo por algo y con arreglo a algo. Hay que saber hacerlo. Y hay que estar decidido a hacerlo, y no siempre se está dispuesto a ello: por inseguridad, interés, miedo. Ser crítico requiere ser libre y razonable. Por eso la dictadura impide el juicio crítico y la democracia sabe que depende de él: no se puede permitir la lobotomía crítica. Entonces, para enseñar a ser críticos hay que enseñar a pensar y ser libre. ¿Lo hacemos con nuestros estudiantes? Nos consta que se intenta, pero un matorral espinoso se interpone en el aula y en la cabeza de jóvenes y adultos. Esa zarza con espinos son el abuso de las redes sociales y el modo cada vez más anónimo, deficiente y destemplado de comunicarnos a través de ellas.Al final se forma un bucle espinoso: más tiempo en la red me hace menos crítico, y eso me lleva a pasar más tiempo aún en la red, con su carga de fantasías y provocaciones, que al final nos atrapan con gusto. Hoy, en vacaciones, se oye decir, durante el vermut o el cremat, que la tierra es plana, que el hombre no llegó a la Luna y que hay una gran conspiración mundial en marcha: cuidado, noi. Que la democracia es dictadura y la dictadura es democracia. Se inventan hechos (supremacismo) y se cancelan otros (superioridad moral). En cambio, no se es crítico con la especulación inmobiliaria, los beneficios de la banca o las historias que nos manda Hollywood o Silicon Valley para entretener la inmadurez mental permanente. Moral de rebaño, dijo Nietzsche.La sociedad no fue en el pasado más crítica que hoy. Demasiados millones de muertos, para haberlo sido. Pero hagámonos la pregunta sobre la de hoy: ¿no nos parece que la adolescencia se alarga cada vez más, hasta la vejez? Hay, sí, lagos de lucidez, pero el océano de la memez es cada vez mayor. Si se pide sentido crítico, enséñese a leer, memorizar, razonar y a ser imaginativos sin usar ChatGPT. Enseñemos a aprender, pero aprendamos antes de enseñar. Ser crítico empieza por uno mismo y acaba por criticar al crítico.
Ser críticos, por Norbert Bilbeny
El mes de agosto es de una gran densidad crítica. Es el mes, en el hemisferio norte, en que más gente y durante más tiempo se concentra con familiares o amigos a cualquier hora para beber algo y charlar, o con los vecinos, al pie del portal, para tomar el fresco y hacer lo...










