Europa es el continente que se calienta más rápidamente en el mundo y este verano ha descubierto trágicamente la imperiosa y urgente necesidad de adaptarse a las implacables olas de calor que, en lo que llevamos de estío, han causado ya más de 25.000 muertes. Todo ello, mientras el aumento de las temperaturas afecta, además de a la salud, a la economía y pone en riesgo el suministro de materias primas, las infraestructuras críticas y la seguridad energética.Los veranos europeos ya van, e irán en el futuro, irremediablemente ligados a olas de calor marinas más extremas (el mar Mediterráneo se calienta al doble de velocidad que el promedio de los océanos del mundo), pero es que, además, el calentamiento rápido también comienza antes y dura más tiempo, lo que intensifica los episodios extremos y altera los ecosistemas marinos, la pesca y la actividad de las comunidades costeras. Para los territorios mediterráneos, con una fuerte dependencia económica del litoral, los cambios tienen además una dimensión social y económica. Pesca, acuicultura, turismo y actividades recreativas están estrechamente vinculados al estado de los ecosistemas marinos.A su vez, los incendios han quemado hasta mediados de agosto 576.000 hectáreas en Europa. Y la superficie continental afectada por incendios forestales podría casi triplicarse antes del año 2100 si siguen las emisiones elevadas de gases de efecto invernadero y la progresión del cambio climático. Un estudio del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático alerta de un fuerte aumento del riesgo de áreas quemadas en el sur, el centro y el oeste de Europa. El Mediterráneo seguirá siendo una de las zonas más expuestas, pero partes de Alemania occidental, Bélgica y los Países Bajos podrían experimentar episodios de fuego recurrentes. Los Pirineos, los Alpes, los Cárpatos y otras zonas montañosas aparecen asimismo entre los puntos con probables mayores aumentos.Calor, incendios, sequía, inundaciones son ya una amenaza real para el futuro del continenteEuropa se está calentando a un ritmo aproximadamente dos veces superior al promedio mundial, lo que provoca un incremento de fenómenos extremos como olas de calor, sequías prolongadas, incendios forestales, lluvias torrenciales e inundaciones. La Agencia Europea de Medio Ambiente destaca que muchos países tienen ya planes de adaptación, pero existe una brecha importante entre los planes aprobados y las actuaciones realmente ejecutadas sobre el terreno.Urge pasar de una lógica reactiva a una preventiva. Tradicionalmente, muchas actuaciones se han centrado en responder a desastres una vez producidos. Pero la adaptación eficaz requiere anticiparse, incorporando el riesgo climático a la planificación urbana, la gestión del agua, la agricultura, la protección de infraestructuras críticas y las políticas de salud pública. Europa tiene hoy más conocimiento científico, más planificación y más herramientas que nunca para adaptarse al cambio climático. Sin embargo, los impactos están creciendo más rápido que la capacidad de respuesta.Muchos países europeos han descubierto este verano que sus infraestructuras, sus edificios, su transporte público, sus hospitales, no están preparados para combatir las oleadas de calor extremo y que carecen de los medios para afrontar incendios de sexta generación. Y cuando los principales ríos europeos se secan y más de media docena de reactores nucleares tienen que detener o reducir su producción por dificultades relacionadas con la refrigeración, las consecuencias económicas se disparan exponencialmente.La factura afecta a la salud, la economía, la energía, el comercio y las infraestructuras europeasEuropa, ya fragilizada por sus crisis políticas y económicas y por su declive demográfico, ha visto estos meses como la emergencia climática la vuelve a colocar ante una terrible realidad para la que no estaba preparada. Además, los daños climáticos impactan cada vez más sobre las cuentas públicas, precisamente cuando los gobiernos afrontan simultáneamente mayores necesidades de gasto en defensa, pensiones, sanidad e infraestructuras. El coste económico del clima extremo empieza a sumarse a debates sobre déficit, inversión pública, seguros, infraestructuras y prioridades presupuestarias.Mientras, Europa intenta decidir cuánto está dispuesta a gastar para evitar que la siguiente emergencia sea aún más cara. Y de momento no parece que sea mucho. La Comisión Europea ha optado por frenar políticas verdes y dar marcha atrás en sus ambiciones climáticas por las fuertes presiones de algunos países y de la industria. La ultraderecha va más allá e incluso defiende “desmantelar la agenda verde”, y la mayoría conservadora europea se inclina por flexibilizar los objetivos climáticos. Decisiones que pueden acabar pasando una factura muy cara a Europa.
La emergencia climática de Europa, por Editorial
Europa es el continente que se calienta más rápidamente en el mundo y este verano ha descubierto trágicamente la imperiosa y urgente necesidad de adaptarse a las implacables olas de calor que, en lo que llevamos de estío, han causado ya más de 25.000 muertes. Todo ello, mientras...








