En el extremo norte de la comarca catalana de Osona, limitando con el Ripollès y la Garrotxa, los amantes de la naturaleza pueden dar con el idílico municipio de Vidrà, rincón caracterizado por sus verdes prados y que custodia uno de los senderos más bellos de la geografía de la zona. A través de una excursión circular, idónea para realizar en familia, el caminante puede sumergirse en un paraje único donde la historia, el rumor fluvial y la majestuosidad forestal se entrelazan de forma perfecta. Además y como colofón la ruta invita a descubrir el Salt del Molí, una asombrosa cascada de 20 metros de caída alimentada por el río Ges. Este hermoso paraje de montaña ofrece un deleite inigualable para grandes y pequeños.
La andadura da comienzo oficialmente en los alrededores del pabellón de Vidrà, concretamente en la pista que desciende junto a la carretera de Ciuret. Desde el primer instante, el sendero sumerge al caminante en una atmósfera rural auténtica, donde la ganadería tradicional marca el ritmo diario. El trayecto se inicia flanqueado por campos de pasto donde habitan tranquilas vacas que observan con curiosidad a los visitantes que se aventuran en su entorno. El pastoreo es una seña de identidad en Osona, por lo que el contacto cercano con los animales resulta un aliciente. Es común observar terneros pastando plácidamente en las praderas junto a sus madres, lo que regala una estampa típicamente rural.







