El Festival Internacional Folk de Plasencia, que ha cumplido 30 años en esta edición, ha puesto de relieve la importancia de conocer las raíces musicales de los territorios para, a su vez, conocer la diversidad cultural.

Los centenares de asistentes a los numerosos conciertos de esta edición han podido ‘viajar’ sin moverse de Plasencia a numerosos lugares a través de los sonidos más auténticos del folk, como Escocia, Cuba, Portugal y Francia. También, y algo más cercano, hasta Castilla-La Mancha, y Castilla y León.

La Torre Lucía ha vuelto a ser el escenario de unas noches en la que la música de raíz ha mostrado, una vez más, su capacidad para cruzar fronteras, dialogar con otros lenguajes y encontrar nuevas formas de expresión sin perder el vínculo con sus orígenes.

Sones sin ir muy lejos

Este festival también ha demostrado la capacidad de los artitas a la hora de fusionar estilos. A modo de ejemplo, la como la castellano-manchega Karmento (Carmen Toledo), que presentó un cóctel de coplas, seguidillas manchegas, canción de autor y ritmos tradicionales bajo una mirada muy contemporánea y profundamente emocional.