“Antes de cruzar los Andes con su ejército, San Martín montó una red de espías, agentes infiltrados y operaciones de desinformación. Uno de los casos más emblemáticos fue el de Pedro Vargas, quien asumió el papel de un supuesto espía español como parte de una operación diseñada para engañar a los realistas. Desde adentro, confundió al enemigo con información falsa sobre los planes del Ejército Libertador”. El texto pertenece a una publicación de la cuenta de X de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), que prosigue comparando la gesta de San Martín y su ejército con la misión de sus agentes que 209 años después, afirman, “tienen la responsabilidad de continuar su legado”.
Pero los agentes actuales cuentan con una ventaja. El presupuesto estatal destinado a funciones de inteligencia creció un 409% desde el inicio de la gestión de Javier Milei: muy por encima de la inflación, que según la calculadora del Indec fue del 241,8% entre diciembre de 2023 y julio de este año (último dato oficial). En ese período pasó de los $ 66 mil millones a los $ 338 mil millones, de los cuales ya se ejecutaron $ 177 mil millones.
De acuerdo con el Manual de clasificaciones presupuestarias, se consideran servicios de inteligencia a las “acciones inherentes a la obtención, reunión, sistematización y análisis de la información específica referida a los hechos, amenazas, riesgos y conflictos que afecten la seguridad exterior e interior de la Nación”.









