La construcción de un enemigo interno al que se le adjudican las peores intenciones, la mayor vileza y maldad y los objetivos más oscuros es un recurso viejo para construir poder. Lo han llevado adelante todo tipo de populismos y, con mayor violencia, los totalitarismos del siglo XX. Milei, desde el comienzo de su mandato, viene insistiendo en que hay un conjunto de actores políticos y sociales que conspiran contra su Gobierno y los utiliza como la justificación de todos los dramas del país y para construir una narrativa de un gobierno resiliente que se enfrenta contra un poder muy importante que quiere que la Argentina no mejore. En la última entrevista con Luis Majul dio un paso más en ese sentido, un paso peligroso y que hay que desarmar con argumentos porque, de instalarse el discurso oficial, nuestro sistema democrático y la libertad de expresión pueden verse fuertemente restringidos. Vamos a ver un fragmento de la entrevista del presidente con Majul. Vale reclamarle a los periodistas que entrevistan al presidente que cumplan la solicitud de la Academia Nacional de Periodismo de preguntarle siempre "¿Por qué recomienda odiar más a los periodistas?" en solidaridad con el colectivo de colegas que integra. Este fragmento de la entrevista del presidente es muy peligroso porque efectivamente está diciendo que hay estudiantes, periodistas, profesores e investigadores que en realidad son infiltrados que quieren boicotear al país porque tienen intereses oscuros que no aclara.
Día 965: Para Milei el "terrorismo" es la democracia
La construcción de una conspiración criminal para justificar el fracaso y reprimir la protesta. Entre la distorsión de Gramsci, los ecos de Videla y el aumento récord de la violencia policial, el peligro de tolerar la estigmatización como norma.







