Mientras la Casa Rosada profundiza su alineamiento automático con Washington, el gobernador bonaerense construye, paso a paso, un vínculo estratégico con Pekín que ya no puede leerse solo en clave comercial. La foto reciente junto al embajador chino, sumada a la agenda de inversiones anunciadas en Bahía Blanca y los antecedentes de hermanamiento entre la Provincia y distintas regiones de China, delinean una decisión de largo aliento: mientras el gobierno nacional discute cláusulas anti-China en sus licitaciones, la Provincia adjudica a Huawei sistemas de almacenamiento energético y negocia financiamiento directo para infraestructura.

No es un gesto improvisado. Kicillof lleva años cultivando ese canal, incluso antes de convertirse en la principal referencia opositora a Milei. La diferencia ahora es el contexto: en un mundo donde Washington y Pekín disputan la hegemonía global, cualquier acercamiento provincial a China deja de ser un dato administrativo y pasa a ser un mensaje político. La administración libertaria ata su suerte a Estados Unidos sin matices; Kicillof, en cambio, elige diversificar, y esa elección ya generó ruido en los despachos de Washington.

El viaje oficial previsto para el segundo semestre busca consolidar inversiones en energía, tecnología y logística, pero también inscribe al gobernador bonaerense en una tradición histórica: la de gobiernos peronistas que encontraron en China un socio financiero cuando el crédito occidental se volvía esquivo. La pregunta que queda abierta es si esa apuesta puede sostenerse como política de Estado provincial o si terminará leyéndose, puertas adentro del peronismo, como una jugada más en la carrera hacia 2027.