0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEl día 31 de julio, este diario recogió dos reportajes sobre migraciones. El primero, de Xavier Aldekoa, versaba sobre la gran migración anual de ñus en Tanzania, seguido de otro, firmado por Carlota Guidal, que relataba el gran salto que vivió Ceuta al llegar a nado a sus playas miles y más miles de jóvenes marroquíes. Ambas en suelo africano, por mucho que Ceuta sea un enclave español.Migraciones siempre ha habido, tanto de seres humanos como de animales; así se ha ido poblando hasta los rincones más remotos e inhóspitos del planeta. De la misma manera que Homo sapiens seguía las migraciones de ciertas especies de animales a fin de alimentarse con su carne, asimismo lo siguen haciendo los leones en la retaguardia de la inmensa manada de ñus —se calcula que más de dos millones— en movimiento, o bien los cocodrilos que les esperan, hambrientos, en el río Mara, que todos los años han de cruzar en masa camino de las llanuras del Serengueti y el Masai Mara, donde, con suerte, les esperan las vivificantes lluvias.via GIPHYEl año pasado por estas fechas, se formó en la orilla del río Mara una barrera formada por 150 vehículos que bloqueaba el paso de los animales. Fue un escándalo mayúsculo y, con más razón que un santo, las autoridades tanzanas pusieron el grito en el cielo. Ahora bien, puesto que el sector de turismo representa un colosal 17% del PIB, hay que mostrarse indulgentes con los turistas ávidos por avistar —¡y fotografiar!— animales salvajes en libertad.Pero lo del año pasado fue el colmo y se ha ido elaborando una serie de medidas para asegurarse de que no se repita semejante salvajada por parte de inconscientes seres humanos ataviados en trajes de safari a lo Stewart Granger. Se ha atribuido gran parte del atropello a guías con poca o nula formación, a otros directamente corruptos y a organizaciones criminales, que con sus delictivas actividades han provocado un efecto llamada.Lo de Ceuta, se mire como se mire, también es una salvajada que no debe repetirse nunca. Perecieron en el intento más de un centenar de jóvenes marroquíes llenos de ilusiones y aspiraciones. Su muerte no debe limitarse a ser considerada una tragedia tan solo por sus familiares y allegados, sino por una Europa en horas bajas, que se limita a secar sus lágrimas de cocodrilo fruto de su supina inoperancia en la crisis migratoria y en tantas otras que llaman inoportunamente a la puerta.La pirámide demográfica invertida obliga a dejar paso a un gran flujo de migrantes, ya que sin ellos nuestro futuro quedaría en entredicho. Mas se extiende entre los acomodados europeos un rechazo visceral a estos nuevo venidos, azuzado por la ultraderecha y las redes, y que ya alcanza cada vez más capas sociales.Durante miles de años, las migraciones, tanto de seres humanos como de animales, no conocían fronteras. Y las migraciones no se producían ni se producen por gusto, sino por necesidad. La vallada pero no inexpugnable ciudad de Ceuta, es como la UE en miniatura, que ahora pretende montar en países fuera de sus fronteras centros de detención tipo Guantánamo para albergar a inmigrantes ilegales o solicitantes de asilo indeseados. Son la escandalosa barrera de todoterrenos que bloquea el paso de los ñus en la orilla del río Mara.África, pese a todos sus defectos, que son muchos, es un continente joven lleno de talento y potencial. Europa, en cambio, se parece cada vez más a una residencia de lujo para quisquillosos ancianos que insisten en que los inmigrantes no salgan de la cocina. La montaña mágica con el servicio (invisible) compuesto de gente de color.El 2027 será en Europa año de elecciones decisivas, que podrían escorar la Unión peligrosamente a la derecha. Se debatirá hasta la extenuación sobre la inmigración, el tema estrella, mientras un sonriente Donald Trump juega al golf en Mar-a-Lago. Pero gane quien gane, y por muy altos que sean los muros y vallas, las migraciones masivas seguirán sin conocer fronteras y nada ni nadie las detendrá.
De migraciones masivas de humanos y de animales
Migraciones siempre ha habido, tanto de seres humanos como de animales; así se ha ido poblando hasta los rincones más remotos e inhóspitos del planeta







