Guillermo Benavides |
Pekín (EFE).- Cuando el termómetro sube en China, también lo hacen las oportunidades de negocio para quienes ofrecen una vía de escape al calor, desde un vaso de hielo hasta unas vacaciones a 20 grados, un abanico de productos y experiencias que los medios chinos agrupan en la «economía del frescor».
Bajo esa etiqueta conviven el aumento de las ventas de electrodomésticos, bebidas frías, ropa de protección solar y dispositivos portátiles, así como una demanda exterior que impulsa los pedidos de productos chinos de refrigeración en mercados como Europa.
Pero el fenómeno va mucho más allá de comprar algo que refresque: montañas, cuevas y pueblos de clima suave se promocionan como refugios estivales, mientras la estacionalidad, la repetición de modelos y la propia amplitud del concepto plantean dudas sobre hasta qué punto se trata de una nueva economía o de actividades ya existentes agrupadas bajo un mismo nombre.
El negocio de enfriarse








