Pocos dudan de que la inteligencia artificial (IA) vaya a cambiar el mundo, pero muchos se preguntan si la euforia que ha despertado está inflando una burbuja que en algún momento va a estallar. Ambas cosas no son incompatibles. De hecho, esa es la paradoja de la que están advirtiendo inversores y economistas después de cuatro años de carrera por la próxima revolución tecnológica. La preocupación ya no es solo si Nvidia o Microsoft han subido demasiado en Bolsa. Ahora es si las empresas están gastando más dinero del que deberían para asegurarse un hueco en el futuro de la inteligencia artificial.A menudo se compara la fiebre por la inteligencia artificial con el furor que desató internet a finales de los noventa, la burbuja de las puntocom y su posterior crac bursátil que hundió a cientos de empresas y evaporó miles de millones de los inversores en Bolsa. Pero a diferencia de aquellas puntocom que llegaron a alcanzar valoraciones astronómicas sin apenas ingresos, las grandes compañías que dominan la carrera por la IA son algunas de las empresas más rentables del planeta.El caso es que una tecnología puede funcionar, contar con millones de clientes, transformar la economía y aun así terminar generando una burbuja que estalle. El riesgo ya no está solo en que los inversores estén pagando un sobreprecio por las acciones de una empresa, sino en que las propias compañías estén construyendo más centros de datos, comprando más chips y contratando más capacidad de la que podrán rentabilizar en forma de ingresos.“La burbuja viene de pagar demasiado por algo. Aunque es cierto que en anteriores burbujas, como la de las puntocom, la mayoría de empresas no generaban beneficios y en algunos casos ni ingresos, podríamos vivir una burbuja en empresas que generan grandes cantidades de caja, pero que el mercado sobrepaga por las expectativas futuras. De hecho, podemos ver empresas que están cotizando a múltiplos demasiado elevados, que pueden sufrir un desplome muy fuerte de su acción, pero que igualmente son compañías que seguirán operando en el futuro”, explica Javier Cabrera, analista de XTB.ChatGPT no tiene por qué desaparecer. Los centros de datos no tienen que quedarse vacíos de un día para otro. Puede bastar con que el precio de utilizar la capacidad informática baje, que algunos proyectos tarden más de lo previsto en ser rentables, que los chips envejezcan antes de haber recuperado su coste o que los inversores dejen de aceptar cualquier gasto con la promesa de beneficios futuros.Las fuentes especializadas en crédito corporativo consultadas no ven, por ahora, una sobreinversión generalizada. La demanda continúa creciendo con fuerza. Pero sí apuntan a que podrían empezar a aparecer excesos en determinados segmentos. Una de las primeras señales de alarma sería que la inversión continuara aumentando mientras los ingresos pierden ritmo.Lo que preocupa ahora es que nadie quiere pisar el freno del gasto. Microsoft sabe que Google seguirá invirtiendo en IA. Google sabe que Amazon hará lo mismo. Y Meta no puede quedarse atrás. Cada compañía, por separado, tiene razones para invertir miles de millones porque no puede quedarse atrás en un negocio del que podría depender buena parte de sus ingresos futuros. Pero en conjunto, todas esas inversiones pueden terminar creando demasiada capacidad. Meta prevé invertir entre 130.000 y 145.000 millones de dólares este año, prácticamente el doble de lo que desembolsó en 2025. Microsoft calcula un gasto de unos 190.000 millones en 2026 y Amazon ha elevado su previsión hasta los 220.000 millones.Un informe publicado por el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) concluye que cuando unas pocas compañías pelean por liderar un nuevo mercado, pueden destinar mucho más dinero del que sería eficiente para el conjunto de la economía. Los analistas de la firma RBC también señalan el mismo problema. En el fondo está la clásica teoría de la oferta y la demanda. Todas las empresas construyen centros de datos y compran procesadores en un momento en el que esos componentes son caros. Pero si toda la infraestructura entra en el mercado y aumenta la oferta, los precios podrían caer y también la rentabilidad de las inversiones.“Es un factor que lo complica. Los más perjudicados serían empresas como OpenAI, el segmento de IA de SpaceX y Anthropic. Son empresas que se centran únicamente en la IA y no tienen manera de integrarla en cualquier otro producto. Tienen un negocio más concentrado y muchos consumidores están compitiendo en precio. Algunas empresas han decidido usar también IA chinas para reducir la factura, con unos resultados que son también buenos. Por ello, pensamos que para los hiperescaladores la inversión en IA sea rentable es muy importante, pero para las OpenAI, xAI o Anthropic es cuestión de vida o muerte”, apunta Cabrera.Aumento de la deudaHasta hace poco, buena parte de ese esfuerzo inversor podía financiarse con la generación de dinero de las propias empresas. Pero también ahí empieza a producirse un cambio. A medida que el gasto supera los niveles normales de inversión, también ha aumentado la financiación externa. Las emisiones de deuda de los grandes hiperescaladores (las compañías capaces de desplegar infraestructura informática y centros de datos a una escala gigantesca como Amazon, Microsoft, Alphabet, Meta u Oracle) superaron los 100.000 millones de dólares en 2025 y el endeudamiento está teniendo cada vez más peso.Oracle es un ejemplo de cómo la inversión en IA está alterando las cuentas de algunas compañías. Aunque siguió generando mucho dinero con su negocio, el gasto en infraestructura fue tan elevado que terminó desembolsando 23.700 millones de dólares más de los que generó en caja. La compañía levantó además 43.000 millones de dólares mediante deuda y otros 5.000 millones en financiación.Las mismas fuentes especializadas en crédito corporativo explican que el endeudamiento funciona mientras las inversiones mantengan rentabilidades elevadas, pero puede amplificar las pérdidas si la demanda decepciona, obliga a bajar precios y reduce la rentabilidad. El riesgo sería más elevado en las partes de la industria con menor calidad crediticia o con activos difíciles de reutilizar, como los centros de datos.Eso no significa que las grandes tecnológicas tengan un problema de solvencia. Sus balances son más sólidos que los de muchas empresas tradicionales y siguen generando enormes beneficios. Pero depender cada vez más del endeudamiento aumenta el peligro de que, si la burbuja estalla, se traslade a otras industrias. A otras fuentes financieras consultadas les preocupa esa complejidad que está desarrollando el ecosistema de la IA, con inversiones cruzadas entre fabricantes de chips, grandes tecnológicas y compañías de IA. También los compromisos a largo plazo y las financiaciones de terceros. Cuantas más empresas y sectores participan en la carrera, más canales existen para que una decepción se transmita de unas a otras.De momento, la Bolsa sigue alimentando la carrera de la IA, aunque también ha habido una traslación desde las compañías que desarrollan las aplicaciones de inteligencia artificial hacia quienes venden la infraestructura necesaria para hacerlas funcionar. AMD, que fabrica microprocesadores y tarjetas gráficas, sube un 118% en Bolsa en lo que va de año y Sandisk, que produce tarjetas de memoria, cerca de un 500%, frente a revalorizaciones mucho más contenidas, como por ejemplo Alphabet, que sube un 7%.El riesgo de la concentraciónEse entusiasmo bursátil está teniendo otra consecuencia en el mercado y es que millones de inversores minoristas están concentrando cada vez más dinero en las mismas empresas sin ser del todo conscientes. El MSCI World es uno de los índices más utilizados para invertir en grandes empresas de los países desarrollados. La popularización de fondos indexados y ETF (fondos cotizados) de bajo coste ha llevado a una entrada masiva de fondos en estos productos por parte de inversores que buscan estar expuestos a las grandes compañías mundiales de una forma diversificada.El problema es que las diez mayores empresas concentran ya cerca de un 28% de ese índice frente a cerca del 9% que suponían en 2014, según los cálculos de la gestora Jupiter AM. “Los inversores que replican el índice MSCI World en la actualidad están asignando una gran parte de su capital a los grandes ganadores del momento. Que esto sea adecuado o no puede depender de los objetivos del inversor y su presupuesto de riesgo, pero debe ser una decisión consciente”, explica Amadeo Alertorn, responsable de inversiones de renta variable sistemática de esta gestora, en un reciente análisis. El Banco Central Europeo (BCE) calcula que los hogares de la zona euro mantienen alrededor de 440.000 millones de euros de exposición a las tecnológicas estadounidenses y buena parte de ese dinero no procede de compras de acciones de Nvidia, Microsoft o Amazon, sino de fondos indexados y ETF. El BCE considera que el riesgo no está solo en la pérdida que pueda asumir cada inversor. Una corrección brusca puede provocar reembolsos en los fondos y obligar a vender activos para devolver el dinero a sus clientes. Esas ventas pueden presionar todavía más las cotizaciones y provocar nuevas ventas.Esto no significa que la inteligencia artificial vaya a fracasar. Tampoco se puede saber cuándo llegará (si llega) una corrección. El propio BCE recuerda que las grandes revoluciones tecnológicas han tenido etapas de euforia y caída, aunque la tecnología haya transformado la economía. La gran incógnita con la IA no es solo si funcionará, sino si generará los beneficios suficientes para justificar los millones que se están gastando las empresas y los inversores. Porque una revolución tecnológica y una burbuja pueden existir al mismo tiempo.