La segunda década del siglo XX trajo consigo una transformación muy rápida de los contenidos en la televisión tradicional: de los tronistas a los memes, de los tuits en directo a los clips virales tras la emisión… Entre 2010 y 2019, la evolución de la convivencia entre televisión tradicional y redes sociales evolucionó tanto que la conversación digital pasó de ser complemento de los programas, a formar parte de su identidad. PublicidadFue la década en la que la televisión perdió el monopolio de la conversación y también el momento en el que se empezó a entender Internet como disciplina, más que como accesorio. Aunque la televisión seguía —y sigue— reuniendo a millones de espectadores frente a la pantalla, dejó de controlar lo que ocurría después: una frase convertida en meme, una entrevista que se viraliza, una comunidad de fans que ataca y defiende a sus ídolos o programas que hicieron del lenguaje de internet su propio idioma.Con la llegada de internet, algunos vaticinaron el "fin de la era televisiva", pero la realidad superó las expectativas y la televisión española hizo algo más interesante con la era digital: aprendió a convivir con ella. El renacer de los concursosEn 2011 se produjo un resurgir de los concursos en España, además de las marcas que ya estaban consolidadas y que seguían en emisión desde la era dorada del formato en nuestro país. A los clásicos como Pasapalabra, La Ruleta de la Suerte, ¡Allá tú! o Saber y Ganar se fueron sumando nuevas propuestas que siguen levantando las audiencias en su franja, incluso en la actualidad. Tu cara me suena o La Voz son dos ejemplos claros. El primero nació en 2011 como una apuesta de Gestmusic y Antena 3 por el entretenimiento familiar y blanco. Fue el formato que catapultó a la fama a Angy Fernández, ganadora de la primera edición y actriz en otra de las series que marcaron los 2000: Física o Química.PublicidadDurante más de una década, el concurso evolucionó consolidando a su icónico jurado —Llàcer, Latre, Lolita y Chenoa, entre otros— e introdujo el voto del público en plató. Su constante crecimiento dio lugar a versiones con niños y personas anónimas y convirtió al programa en el mayor éxito de la televisión española en el mundo, exportando su fórmula a más de 40 países.La Voz aterrizó en España en septiembre de 2012 de la mano de Telecinco y transformó los concursos de talento tradicionales gracias a su icónica mecánica de escuchar la actuación "a ciegas". Tras cinco exitosas temporadas —de adultos— en su cadena original, el programa protagonizó un histórico cambio a Antena 3 en 2019, con Eva González al frente, y ha ido renovando su formato constantemente.También ¡Ahora caigo! llegó a Antena 3 en 2011, presentado por Arturo Valls y como adaptación del formato internacional Still Standing. Con una mecánica basada en enfrentamientos de preguntas de cultura general entre un concursante central y diez rivales, su estreno fue un éxito. Con los años, terminó convirtiéndose en uno de los formatos diarios más reconocibles de la cadena y, en 2021, coincidiendo con su décimo aniversario, esta puso fin al formato.PublicidadAtrapa un millón se estrenó el mismo año y en la misma cadena, con Carlos Sobera como presentador. Era la adaptación española de The Money Drop y la mecánica era la misma: dos parejas de concursantes que comenzaban con un millón de euros en efectivo y cuya cantidad se iba reduciendo cuando fallaban. Estuvo hasta 2014 en antena y tuvo una dimensión digital bastante temprana: la web de Antena 3 ofrecía un juego online simultáneo en el que los espectadores podían jugar con un millón de euros virtuales y respondiendo a las mismas preguntas que los concursantes del programa.El impulso de la marca propiaLa década también consolidó una idea que sería cada vez más importante en televisión: algunos programas dejaron de ser simplemente espacios dentro de una parrilla para convertirse en marcas reconocibles por sí mismas. Un buen ejemplo fue Pesadilla en la cocina, la adaptación española de Kitchen Nightmares, que llegó a laSexta en el año 2012 acompañado de la inseparable figura de Alberto Chicote.El formato seguía al chef mientras recorría restaurantes al borde del cierre para intentar reflotarlos, pero la tensión entre propietarios, empleados y el propio Chicote terminó convirtiéndose en uno de sus principales reclamos. En la época, su estreno fue el mejor de entretenimiento de la historia de la cadena, al reunir a 2,8 millones de espectadores y un 13,7% de cuota. Además, el programa encontró una segunda vida en Internet: sus enfrentamientos alimentaban la conversación en Twitter (actualmente X) durante la emisión, hasta el punto de acumular varios trending topics en una misma noche.El programa sigue en activo más de diez años después, igual que MasterChef España. El formato continúa en emisión tras ver la luz en 2013 y presentar la cocina como un gran espectáculo televisivo. La 1 estrenó el formato con Eva González como presentadora y Pepe Rodríguez, Jordi Cruz y Samantha Vallejo-Nágera como jurado. El éxito quedó patente en su primer año, cuando superó la barrera de los tres millones de espectadores en varias ocasiones y permitió a RTVE ampliar la franquicia con MasterChef Junior y MasterChef Celebrity en 2016.El presentador como reclamoEse mismo año, en el que la televisión sintió que impulsar a los famosos en los realities era una buena idea, otra dinámica permanecía constante: en otro punto distinto y con la comedia como talismán, Late Motiv aterrizó en 2016 y potenció la personalidad del presentador como principal activo del programa. Andreu Buenafuente estrenó el formato, primero en Canal+ y después en #0, coincidiendo con el nacimiento del nuevo canal de Movistar+. Además de su regreso al late night, era una apuesta por recuperar el género en una televisión de pago que buscaba diferenciarse de las cadenas generalistas.Colaboradores como Berto Romero, Bob Pop o David Broncano y Joaquín Reyes mucho después ayudaron en la tarea de convertir al programa en uno de los primeros escaparates de las nuevas formas del entretenimiento en televisión: una mecánica apta para generar clips, entrevistas y momentos virales cuya identidad estaba estrechamente ligada a la figura del conductor y a la comunidad que se había construido en torno a él.PublicidadEl idioma del memeA partir de la segunda década de los 2000, la televisión empezó a incorporar el lenguaje de Internet como parte de su propio entretenimiento, también a través de la edición. ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, estrenado en Cuatro en 2012 de la mano de Luján Argüelles, fue uno de los primeros ejemplos de un formato cuya audiencia parecía disfrutar tanto de lo que ocurría en pantalla como de comentarlo en Twitter. Su estreno se convirtió en trending topic mundial y nacional y la primera temporada acabó generando decenas de tendencias alrededor de sus protagonistas y de sus expresiones. Un año después, Zapeando convirtió directamente las redes en materia prima: estrenado en laSexta en 2013, recuperaba clips, vídeos, montajes y comentarios virales como contenido de sus secciones y, en general, para construir su programa.Otro tipo de formatos como Cámbiame, estrenado en Telecinco en 2015, convirtieron a sus participantes en historias fácilmente reconocibles y compartibles. Igual que First Dates, que llegó a Cuatro en 2016 de la mano de Carlos Sobera y llevó esa lógica al dating show, hasta convertirse en uno de los programas con mayor consumo digital de la cadena, así como en un habitual de las conversaciones en redes sociales.PublicidadLos participantes empezaron a generar tanto ruido en la era digital que incluso modificaron progresivamente la naturaleza de algunos programas, como en el caso de Got Talent España. También estrenado en 2016, empezó nutriéndose de la espectacularidad de actuaciones sorprendentes de personajes singulares y momentos virales que alargaban la conversación más allá del directo.La comunidad digitalA finales de la década, la relación entre televisión e Internet dio un paso más y algunos programas ya no se limitaban a generar conversación en redes, sino que construían alrededor de lo digital una comunidad propia. El mejor ejemplo fue el regreso de Operación Triunfo a La 1 en 2017.El programa recuperó su público televisivo y encontró una generación que seguía las galas, comentaba cada actuación, convertía a sus concursantes en protagonistas e incluso participaba en las decisiones del programa. Su estreno fue trending topic mundial tres horas antes de comenzar y la primera gala llegó a acumular 153.200 comentarios en Twitter. La propia RTVE diseñó el regreso pensando en ese consumo multiplataforma: tirando de cortes de vídeo, redes sociales, un canal 24 horas en YouTube y una aplicación móvil para votar.En 2018, La Resistencia encontró en Internet una parte fundamental de su identidad, porque las entrevistas de David Broncano podían convertirse en clips independientes y circular por redes mucho después de la emisión. Y en 2019, GH Dúo llevó al extremo la idea de una tele que continuaba fuera de la pantalla: en apenas dos meses superó los 100 millones de reproducciones de vídeo, diez millones de navegadores únicos y 4,5 millones de comentarios en redes.PublicidadEsa conexión entre lo lineal y lo digital siguió creciendo a partir de 2020, hasta llegar al momento actual, en el que la frontera entre la televisión en abierto y el streaming es cada vez más difusa. La segunda década del milenio demostró que las teorías que auguraban la desaparición de la televisión estaban equivocadas: Internet no acabó con la pantalla, sino que transformó la forma de consumirla, comentarla y relacionarse con ella. Las redes sociales y las plataformas digitales dejaron de ser una amenaza para convertirse en parte del propio ecosistema televisivo, en una convivencia que ha hecho que Internet esté cada vez más presente en nuestras vidas y, también, en nuestra televisión.
La televisión que aprendió a convivir con Internet: así cambió la pantalla a partir de 2010
Los concursos, los 'realities', los memes y las redes sociales transformaron la televisión durante una década en la que Internet dejó de ser una amenaza para convertirse en parte del propio espectá...






