En 1995, la televisión acompañaba la rutina del espectador. Antes de ir al cole, los niños veían los dibujos. De vuelta a casa, con la merienda, los jóvenes tenían varias series con las que pasar la tarde (primero era Power Rangers o Los Simpson, luego llegó Pokémon). Y por la noche, los padres podían irse a la cama a una hora asumible tras ver su serie favori...
ta (la competición entre Los Serrano y Aquí no hay quien viva dio enormes picos de audiencia en 2005). ¿Sigue la televisión tradicional marcando hábitos? Cada vez menos. Los datos revelan que la audiencia envejece y las diferentes generaciones ya no están unidas por los horarios impuestos. Eso se nota también en una parrilla que dibuja cómo era el mundo de hace 30 años y cómo es hoy.
El streaming explotó hace 10 años con la llegada de Netflix a España, y, desde entonces, tanto el perfil del espectador de la tele de siempre como los horarios y contenidos han mutado como no lo habían hecho en las dos décadas anteriores. Nuestras mañanas son distintas, porque los niños ya no ven aquellos canales, sino YouTube, pero también han cambiado las noches. Al poner una serie en el sofá, las plataformas reinan, mientras que la televisión tradicional, la que tiene horarios, apuesta por realities o tertulias políticas. Cambian también nuestras costumbres sobre horarios. El final tan tardío de los contenidos tradicionales nocturnos ha ayudado, a riesgo de tener que trasnochar antes de ir a trabajar, a esta conversión a las plataformas. “Llamamos televisión a la lineal de siempre, pero hoy es muchas cosas, un contenido infinito de películas, series, documentales… a la carta. Y eso lo cambió todo. La pantalla más grande del mundo es YouTube, el gigante que supera a todos”, recuerda José Manuel Eleta, adjunto a la dirección de la consultora de audiencias Barlovento.






