Análisis Exclusivo suscriptores El Pacífico ecuatorial se calienta a una velocidad excepcional mientras distintos países enfrentan sequías, calor extremo y escasez de agua.Europa enfrenta sequías históricas, Estados Unidos registra mínimos en sus grandes embalses y Centroamérica sufre una fuerte escasez de agua. Foto: Juan Pablo Bustamante. EL TIEMPO.PERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD22.08.2026 22:01 Actualizado: 22.08.2026 22:01
El mundo ya está sintiendo los primeros efectos de un fenómeno de El Niño que todavía no termina de consolidarse y que, de acuerdo con las proyecciones y mediciones disponibles, alcanzaría sus mayores intensidades entre finales de 2026 y comienzos de 2027. LEA TAMBIÉN La preocupación no está solo en la magnitud que podría alcanzar, sino en que su presencia, combinada con otros factores, ya dejan señales de alarma en distintas partes del mundo antes de tocar fondo: sequías históricas en Europa, decenas de miles de muertes asociadas al calor, embalses en mínimos nunca vistos en Estados Unidos, territorios en alerta roja en Centroamérica y restricciones en el Canal de Panamá, una de las rutas comerciales más importantes del planeta. En el Pacífico, el escenario que describen los científicos es excepcional. Rafael Torres Parra, investigador del Departamento de Física y Geociencias de la Universidad del Norte, explica que El Niño ocurre cuando los vientos que normalmente soplan de este a oeste sobre el Pacífico —y que mantienen el agua caliente cerca de Asia y Australia— pierden fuerza. Esa agua caliente empieza entonces a moverse hacia el este, hacia las costas de Suramérica, y ese simple corrimiento reorganiza el clima de medio planeta.El fenómeno podría alcanzar su máxima intensidad a finales de 2026. Foto:FOTO: ÓSCAR BERROCAL. ARCHIVO CEETPara medir qué tan fuerte es cada episodio, los científicos hacen algo sencillo: toman la temperatura del mar en varios puntos del Pacífico y la comparan con el promedio de los últimos 30 años. Mientras más alta esté esa temperatura por encima de lo normal, más fuerte es El Niño. Ahí está la primera señal de alarma: “Frente a las costas de Ecuador y Perú ya en algunos días la anomalía de temperatura sobrepasa los cuatro grados centígrados”, cuenta Torres Parra, mientras que en el Caribe el mar está “aproximadamente un grado centígrado por encima del promedio de 30 años”.La segunda señal es todavía más contundente: comparando esos registros con la historia, hacia mayo y junio el mar ya estaba más caliente de lo que estuvo en 2015-2016, el episodio más fuerte de los últimos 50 años. Por eso, advierte el investigador, hacia “noviembre, diciembre y enero de este año” podrían presentarse “condiciones de temperatura superficial muy intensas”.Esa misma lectura la comparte Benjamín Quesada, climatólogo y decano de la Escuela de Ciencias e Ingeniería de la Universidad del Rosario, quien no duda en calificar este episodio de excepcional. “No lo digo para generar alarma sino porque los datos lo respaldan, en particular la velocidad inédita con la cual se calienta el Pacífico ecuatorial oriental”, afirma. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) le da a la temporada octubre-diciembre de 2026 casi un 70 % de probabilidad de ser el evento más fuerte desde que existen registros modernos, en 1950, y más de un 90 % de probabilidad de que se vuelva “muy fuerte” durante el otoño y el invierno del hemisferio norte de 2026-2027. LEA TAMBIÉN El planeta, mientras tanto, ya exhibe un mosaico de señales de alerta. En Reino Unido, la oficina meteorológica Met anticipó que el calentamiento del Pacífico podría superar los 3 grados centígrados en los próximos meses —“el mayor desde el siglo XIX”, según sus proyecciones— y advirtió que 2027 podría ser el año más cálido jamás registrado. Julio ya fue el mes más seco en 190 años en Inglaterra, con casi tres cuartas partes del país y la totalidad de Gales en sequía.La agricultura es uno de los sectores que más se ven afectados por El Niño. Foto:Juan Carlos EscobarEn Europa continental, la plataforma de seguimiento de la mortalidad EuroMomo y varias autoridades sanitarias nacionales estiman más de 30.000 muertes adicionales por las olas de calor entre finales de mayo y mediados de agosto, con récords en Alemania (cerca de 14.000 decesos), España (casi 4.500) y Francia (7.300, cifra que sigue subiendo). Francia acumuló, además, 52 días de ola de calor desde mediados de junio, un récord histórico, mientras Austria vive su peor año de sequía desde que existen registros, en 1850.En Estados Unidos, Miami igualó su temperatura máxima histórica, de 37,8 grados centígrados, en medio de una ola de calor que afecta al sur del país con sensaciones térmicas de hasta 46 grados. Los embalses del río Colorado —los lagos Powell y Mead, los dos más grandes del país— cayeron a mínimos de décadas, lo que obligó al gobierno a recortar el suministro de agua en California, Nevada y Arizona.Los expertos advierten que el cambio climático podría amplificar los efectos de El Niño. Foto:Fuerzas Armadas de ColombiaEn Centroamérica, Honduras declaró en alerta a casi el 80 % de su territorio, incluida la capital, por una sequía que ha secado embalses, matado ganado y arruinado cosechas; la ONU advirtió que la región podría ser la más golpeada del mundo por el aumento del hambre asociado al fenómeno. El Canal de Panamá —por donde transita el 5 % del comercio marítimo mundial— anunció que reducirá los tránsitos diarios de buques desde septiembre, tras caer las lluvias de su cuenca un 34 % por debajo del promedio histórico.¿Es todo culpa de El Niño?Pero hay una advertencia que los expertos repiten con insistencia: ninguno de estos episodios puede achacarse por completo a El Niño, aunque eso no significa que el fenómeno sea inocente. Su papel, dicen, no es tanto causar cada sequía o cada ola de calor, sino empeorarlas.Daniel Humberto Gil, ingeniero ambiental y candidato a doctor en Ingeniería de la Universidad de La Sabana, recuerda que el fenómeno todavía atraviesa una fase temprana de desarrollo. Por eso es tajante en un punto: “No podemos atribuir los recientes episodios extremos que hemos observado a lo largo de estos últimos meses al fenómeno del Niño”. Pero de inmediato matiza esa cautela: lo que sí puede establecerse, dice, es que El Niño “podrá sumarse” a los cambios que ya presenta el clima de la región y a una vulnerabilidad que la infraestructura del país ha demostrado no estar preparada para enfrentar. Es decir, el fenómeno no inventa la crisis, pero sí la agrava. LEA TAMBIÉN Los incendios forestales son uno de los riesgos asociados a El Niño. Foto:Cortesía Gobernación del TolimaQuesada llega a la misma idea desde otro ángulo. “Atribuir cada sequía o cada incendio puntual a El Niño no se puede y requiere estudios de atribución región por región, evento por evento”, advierte, y aclara que rara vez el fenómeno es la única causa de lo que ocurre. Pero enseguida ofrece la imagen que mejor resume su papel real: El Niño aumenta las probabilidades de más sequías y más olas de calor en países como Colombia. Básicamente “carga los dados”, o inclina la balanza para que los extremos sean más probables y más severos.La otra pieza del rompecabezas es el cambio climático. Quesada lo explica con una comparación sencilla: el planeta ya tiene un nivel de calor más alto que hace décadas, por el calentamiento global que generan las actividades humanas, y El Niño llega como un pico adicional sobre esa base. “El cambio climático es el nivel base, más alto y creciente. El Niño es apenas la marea: un pico natural y temporal”, resume el climatólogo. Cuando ambos se combinan, dice, los sistemas cruzan umbrales que antes no alcanzaban: “Un embalse aguanta varios años secos hasta que colapsa, un cultivo tolera cierta temperatura hasta que un solo día extremo arruina la cosecha, un ecosistema resiste hasta que un incendio lo empuja a otro estado”. LEA TAMBIÉN Gil llega a una conclusión parecida al recordar que el Centro Global de Atribución Climática determinó que fue el cambio climático, y no El Niño, el principal responsable de la sequía que en 2023 llevó al río Amazonas a mínimos históricos, con efectos que también se sintieron en Colombia. Por eso, insiste, la pregunta ya no es si habrá más fenómenos de El Niño —porque, como ciclo natural, seguirá ocurriendo—, sino “qué tan preparados estamos para enfrentar los efectos del fenómeno del Niño intensificados por el cambio climático”.El verdadero temor, entonces, no es solamente que llegue un El Niño excepcional, sino que llegue cuando los sistemas naturales y humanos ya están cerca de sus límites, en un planeta cuya temperatura no deja (ni dejará por ahora) de aumentar. Y su fase más intensa, según coinciden los tres expertos, todavía está por llegar.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud @CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.










