0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEn febrero, Charlotte Casiraghi, a quien llamamos Carlota por la discutible costumbre de traducir los nombres de los miembros de la aristocracia, publicó el libro La fêlure (Ed. Julliard). Una posible traducción del título sería La herida, pero no limitada a una lesión física, sino psicológica y existencial. .Blondet EliotA Casiraghi le pesan tanto los privilegios y las servidumbres inherentes de su origen –hija de Carolina de Mónaco, nieta de Rainiero y Grace Kelly, sobrina de Estefanía, huérfana de un padre que murió demasiado joven– como el deseo de desmarcarse para construir una biografía propia. En la introducción deja claras sus intenciones de huir de cualquier concesión a la depredación paparazzi. Lo argumenta: “Desde pequeña tengo la certeza de que la imagen que ofrecemos es este escaparate en el que cada uno cree reconocer algo evidente sin saber nunca qué se esconde detrás, en el que tenemos que parecernos a alguien sin tener derecho a ser nosotros mismos. A veces pasa que lo que se gana en visibilidad y en éxito se pierde en existencia”.Charlotte Casiraghi se reivindica distanciándose de su origen aristocráticoEl motor del libro tiene poco que ver con herencias privilegiadas y sí con el hecho de que Casiraghi es licenciada en Filosofía por la Sorbona y fundadora y presidenta de los Encuentros Filosóficos de Mónaco. Las 381 páginas lo confirman; el argumento no es la alegría de la huerta. La autora analiza la vida y la obra de escritores (Scott Fitzgerald, Colette, Pavese, Ajmátova, Duras), filósofos (Deleuze, Cioran) y músicos (J.J. Cale) atormentados. Las relaciones entre la creatividad y los abismos vitales, la capacidad de profundizar en la condición humana y la facilidad para vivir en un estado de permanente vulnerabilidad que, por vocación o fatalidad, acaba siendo autodestructivo. También nos descubre figuras como la psicóloga y filósofa Anne Dufourmantelle, autora del premonitorio Elogio del riesgo: Dufourman-telle murió intentando salvar a dos niños que se ahogaban.Casiraghi evita el exceso de erudición, a veces, con reflexiones algo obvias. Pero se agradece la falta de moralina y una pedagogía del dolor entendida como fuente de interpretación de las contradicciones humanas. Ligeramente reiterativo, el libro hace justicia al título, que remite a una herida que, según Casiraghi, arte, literatura y filosofía intentan, no siempre con éxito, cicatrizar.
Lecturas estacionales (2), por Sergi Pàmies
En febrero, Charlotte Casiraghi, a quien llamamos Carlota por la discutible costumbre de traducir los nombres de los miembros de la aristocracia, publicó el libro La fêlure (Ed. Julliard). Una posible traducción del título sería La herida, pero no limitada a una lesión física,...







